Engañar al mundo. La historia oral de una banda llamada Pixies, Josh Frank y Caryn Ganz (Liburuak, 2023)

Justo en los estertores de 2023, Liburuak publicaba Engaña al mundo. La historia oral de una banda llamada Pixies, de Josh Frank y Caryn Ganz. Y, pese a la alevosía de las fechas, que aparezca un libro sobre uno de los popes del rock alternativo en nuestro país es un acontecimiento que no podía soslayarse. La banda de Boston, en sus propias palabras, acompañadas de las de quienes conformaron —o conforman— su entorno y las de una pléyade de ilustres admiradores.
Antes de entrar en materia, vale la pena detenerse brevemente en la biografía de sus autores. Josh Frank es un escritor, productor y dramaturgo tejano que, a comienzos de 2000 estaba detrás de Teenage of the Year, un musical sobre las canciones de Frank Black–Pixies. El proyecto se quedó sólo en eso, pero la investigación previa y los contactos realizados fueron el germen de este libro, escrito junto a Caryn Ganz, articulista en GQ, Entertainment Weekly o el New York Post, y que actualmente ejerce de redactora asociada de Spin.
Publicado originalmente en 2007, Engañar al mundo va muy al grano y, tras solo un capítulo introductorio, nos sitúa en el Boston de mediados de los 80 en los que los cuatro Pixies van a encontrarse y, de manera harto casual, poner en marcha una carrera meteórica e imparable. Apenas pasa un año desde que Black Francis —cuesta acostumbrarse al Charles Thompson del texto, su nombre real— regresa de Puerto Rico y, junto al guitarrista Joey Santiago, empiezan las audiciones para completar el combo, al lanzamiento de Come on Pilgrim en 1987.
A partir de ahí, tenemos el implacable ascenso y breve reinado de los Pixies en poco más de cinco años. Cuatro discos eternos, múltiples giras, la unanimidad de crítica y público —ambos crecientes—, una pausa digamos forzada a causa de las crecientes tiranteces entre Francis y Kim Deal… Hasta el abrupto, faxeadamente seco final en 1993. Afortunadamente, Frank y Ganz tienen espacio para relatar, someramente, las carreras y vidas del cuarteto tras la ruptura. Exitosas en los casos de Deal con The Breeders —siempre a reivindicar— y el rebautizado Frank Black. Azarosas y complicadas para el mago David Lovering y Joey Santiago. También para relatar el inicio de la segunda etapa Pixies, cerrando la obra en 2004.
Sinceramente, Engañar al mundo tiene un barniz, lógico por otro lado —las opiniones de sus miembros son el meollo de la obra— de historia autorizada que resta interés a sus «zonas grises». Dando la sensación que la tensiones en el seno de la banda se tratan con notable cautela, resultando más sustancioso lo que se puede leer entre líneas que lo que encontramos escrito. Como ejemplos, se pasa de puntillas por los «incidentes» de Stuttgart y Frankfurt o la posterior «ley del silencio» entre sus dos compositores principales. Tan solo se insinúan los motivos —pecuniarios, claro— relativos a la reunión de 2003. O las sombras que impedirían un nuevo disco de los Pixies hasta la nueva formación del grupo, ya sin Deal, en 2013.
Pese al párrafo anterior, Engañar al mundo tiene abundantes focos de atracción. La feliz simbiosis con Throwing Muses —otras a vindicar— o el papel capital de Kristin Hersh y las suyas para que los Pixies fichasen por 4AD. La figura, esquiva a la par que absorbente, del jefe de tan insigne discográfica, Ivo Watts-Russell. Su inesperado triunfo en Europa, incluso por encima del patrio. La unanimidad de músicos tan dispares como Ian McKaye, Bono, Beck, PJ Harvey o Billy Corgan, entre varios otros, en las loas a las canciones y el legado del grupo —Steve Albini come aparte—. Y los apuntes que emanan del libro acerca de las singulares personalidades del cuarteto —atención al señor Thompson hablando de SU banda—.
Porque, lo más importante en realidad, es lo bien que refleja este dinámico libro —pulcramente traducido por Eva Borrallo y Lucía Rodríguez— la extraña adicción —nunca repetida, diría—, que generó, y aún genera, la música de los Pixies, al menos las del grupo primigenio. ¿Cómo pudo funcionar la combinación de gritos ancestrales, disonancias y requiebros sónicos por doquier, letras crípticas y vídeos absurdos? ¿Por qué aguantan tan bien sus canciones el paso del tiempo? No le encuentro explicación. Quizás ahí radique buena parte de su «gigantesca» magia. Más que engañar al mundo, sacudieron sus capas tectónicas y lo tomaron por asalto…
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