Finales y principios

En la estupenda Els Encantats, la protagonista se enfrenta a esa situación antinatural de las parejas, con hijos, que se rompen: sus miembros se convierten en padres, y en solteros, a medio tiempo. Irene -una fantástica Laia Costa– afronta la primera separación temporal de su hija, que va a pasar unos días con su padre. Sin las responsabilidades de la maternidad y sin pareja, descubre que la recién adquirida ‘libertad’ no es precisamente sinónimo de felicidad. Comienza entonces un doble viaje. Irene se traslada al pueblo de su familia, en la montaña -escapa de lo urbano hacia lo rural- y, al mismo tiempo, debe explorar dentro de ella para reencontrarse, para afrontar un nuevo comienzo.

La película de Elena Trapé me parece un certero estudio psicológico de una mujer que se siente culpable por el fracaso de su relación sentimental, que no se encuentra a sí misma cuando no ejerce de madre, y que culpa a todo el mundo de sus problemas: las continuas recriminaciones a su expareja, el sentirse agobiada por la preocupación sobreprotectora de su madre. Irene buscará respuestas recuperando su pasado, refugiándose en la paz de lo rural, intentando recuperar viejas amistades, persiguiendo la ilusión de un nuevo compañero, tratando de recuperar el deseo sexual. Trapé ofrece, como contrapunto al conflicto de Irene, a un par de personajes que, de diferentes maneras, se enfrentan a un tránsito todavía más complejo que el de ella, el de la muerte. Personajes que imprimen en Irene una sensación de urgencia y le muestran que los caminos para salir de la crisis son diversos. 

Els Encantats es una película naturalista, incluso costumbrista, pero también mágica, en la que asistimos al renacimiento de una mujer, que necesita un segundo ‘bautizo’ para comenzar de nuevo.