“El último dinosaurio”, Hunter S. Thompson (Gallo Nero, 2013)

H.S.Thompson
Fort Gonzo
Avenida de los escritores suicidas s/n
Más Allá, 00001

Nunca debiste dejarnos Hunter, maldito bastardo. Entiendo que estuvieras cansado, harto, o que pensarás que llevabas demasiado “tiempo extra” jugado cuando éste partido ya no te resultaba nada divertido. Pero menuda putada nos hiciste. Has dejado un vacío enorme en el periodismo, una profesión moribunda, envilecida, sin pelotas para morder la mano que le da de comer. Y lo que es peor, sin sentido del humor. Otrora un noble arte, ahora campan a sus anchas esas aves de rapiña profesionales llamadas tertulianos, junto a los perversamente llamados líderes de opinión, conchavados con el conglomerado empresarial de turno y el poder político. La casa se derrumba, Doc, y no parece haber nadie suficientemente gonzo —es decir, zumbado— para plantarles cara a la generación de la especie porcina que ahora ocupa el trono y sus estúpidos hijos, demasiado preocupados por su teléfono móvil. Nos has dejado huérfanos.

Pero bueno, dejaré la bilis para otra ocasión. Te escribo porque la editorial Gallo Nero ha recopilado en un libro algunas de tus entrevistas y charlas más significativas en revistas como Playboy, Rolling Stone, Esquire o The Paris Review, Doc. Sé que la obra te hubiera gustado. A ti te encantaba recopilar todos tus escritos —así lo atestigua tu imprescindible correspondencia, por ejemplo— y además, lo han hecho con cariño y esmero. Por si fuera poco, el prologuista Chus Neira te llama escritor-macho-USA-enloquecido-y-orgulloso, que estoy seguro es una definición que te encantará. Sí, sin duda El último dinosaurio, que así se titula el libro, alimentaría tu ego. Pero no te emociones demasiado Doc. También enseña una parte tuya que quizá no te guste tanto. Te enseña a ti, Hunter Stockton Thompson. Al tipo enfebrecido que creó El derby de Kentucky es depravado y deprimente de la nada. Al periodista kamikaze que se convirtió en Ángel del Infierno hasta que lo molieron a palos. Al freak de la política que casi ganó unas elecciones municipales con el programa más surrealista jamás presentado. Pero también al hombre apasionado que copió palabra por palabra El Gran Gatsby para sentir su grandeza. Un macho enloquecido y orgulloso, pero también vulnerable. Por eso te aviso.

Y es que el efecto de acumulación de tus entrevistas recopiladas nos muestra al periodista yonqui de la adrenalina y las fechas límites, atolondrado, alucinado, espídico, mordaz, suicida que conocemos y veneramos. El autor que tras horas sentado siempre frente a una máquina de escribir acaba diciendo “está correcto” pero sobre todo, “nunca des marcha atrás”. Y nos revela que había un método en el caos, donde el periodista era también el protagonista. Pero aquí hay mucho más que la teoría detrás del Gonzo, si es que alguna vez hubo algo de eso, Doc.

Para empezar, en una entrevista del año 2000 nos dices “Siempre pensé que el periodismo es como un pasaporte y que yo pretendía hacer cosas más elevadas. Novelas” y que aspirabas a “llegar a ser un escritor de verdad”. ¿Crees que lo conseguiste? Yo no tengo ni un atisbo de duda: no dejaste títere con cabeza ni a nadie indiferente y describiste la realidad como ningún otro escritor. Porque la realidad da miedo y asco… pero aún así vale la pena vivirla. Le pusiste un espejo deforme y grotesco al Sueño Americano y resulta… que la realidad superó a la más alucinada de tus ficciones. Solo dos palabras (y un estúpido número): George Bush II. ¿Eras perverso, retorcido, cruel e impúdico? Claro que sí. Pero es mejor llamar piara de cerdos a quienes lo son mientras nos mangonean sin rubor alguno que bajarse los pantalones y loar a un banquero muerto que hizo su fortuna a costa de favores políticos y paraísos fiscales.

Y sin embargo, en las últimas entrevistas te noto melancólico y sombrío. Quizá tenías la sensación de ser un cazador cazado -siento el tonto juego de palabras, lo tenía demasiado fácil-. Fuiste el más irreverente y audaz. Reventaste las campañas políticas de los 70s. Pero mataron a los Kennedy, Carter se estrelló el sólito y Reagan enterró cualquier esperanza —al otro lado del “charco” damos la misma pena—. Pero lo que es peor, en la campaña electoral de 1972 llamaste “a los guardias nazis chupapollas o algo así, y para conseguir entrar en la Casa Blanca tuve que prometer que no llamaría a nadie nazi chupapollas”. Forzaste las puertas sin preguntar, pero desde entonces te invitaban a entrar. Lograste desenmascarar a un sistema político, económico y social no solo vil y agotado, sino dispuesto a hacer cualquier cosa para resistirse a morir. Pero luego esperaron que siguieras jugando en él. Con ellos.

Una de tus respuestas es dolorosamente reveladora, Doc. Cuando Paul Kaihla te cita como el último superviviente del underground le sueltas “Coño. Yo, ¿el último dinosaurio superviviente? ¡Es horrible! Si eso es verdad, pronto me atraparán”. Veo una terrible verdad y una aún peor consecuencia en tu respuesta. Efectivamente, el panorama periodístico y literario es un absoluto páramo. No hay nadie dispuesto a reírse en la cara del sistema mientras le escupe y acusa. Eras el último dinosaurio. Y creo que en cuanto te sentiste aburrido, viejo, pero sobre todo, cerca de verte atrapado, te quitaste de en medio. “La libertad es un reto” decías. Te echamos de menos, pero cumpliste tu palabra.“Tú decides qué eres según lo que haces”. Hasta el final.

Échale un vistazo al libro Doc, seguro que te gustará.
Cuídate mucho. Y saluda a Ernest y, sobre todo, a Scotty de nuestra parte. Lo que daría por seguir por vuestras conversaciones…

Raül Jiménez, Indienauta
Barcelona