Una cosa tras otra

El cine fantástico suele ofrecer un reflejo certero de los miedos y las preocupaciones de una determinada época. Quizás más que cualquier otro género, y de forma más efectiva que esas películas ‘necesarias’ que intentan retratar la realidad del momento, la fantasía, la ciencia ficción o el terror pueden expresar, intencionadamente o no, el espíritu de cada época. Si ahora mismo tuviéramos que describir lo que hemos sentido tras la llegada del covid-19 a nuestras vidas, tendríamos que hablar de desorientación, de incertidumbre, de miedo, de claustrofobia, de la sensación de que nos falta el aire, de que cada poco tiempo nos enfrentamos a un nuevo problema y que, cada vez que parece que vamos a poder escapar, nuestras esperanzas se ven truncadas por un nuevo obstáculo. Eso por no hablar de la culpa y la pérdida. No creo que sea casualidad que todas esas emociones estén en El tubo, una película que de ninguna manera se refiere a la pandemia, y cuya aspiración principal es entretener, cosa que consigue sobradamente.

Escrita y dirigida por el francés Mathieu Turi, la historia plantea a una mujer, interpretada por Gaia Weiss -Porunn en la serie Vikingos– que tras ser recogida en la carretera por un desconocido, se despierta dentro del extraño ‘tubo’ del título (el original, en francés, Meandro, resulta más poético). Desde el primer momento, el argumento plantea un enigma tras otro, sin dejar respiro al espectador: ¿Quién es la protagonista? ¿Quién es el hombre que la recoge en su coche? ¿Qué es el extraño lugar en el que despierta ella? Cada pregunta se resuelve con una nueva interrogante y el film presenta giros constantes, de una forma explícita, cada 10 minutos aproximadamente. Dentro del tubo, del que conviene no revelar demasiado, la protagonista contagiará al espectador sus sensaciones de agobio, terror y sobre todo, claustrofobia.

En la línea de films como Cube (1997) y The Descent (2005), El tubo propone el entretenimiento puro: el espectador solo necesita saber el peligro inmediato al que se enfrenta la protagonista y que una vez superado, vendrá una nueva sorpresa. Una idea que se traslada al mensaje de la película, algo así como ‘pasa página y vive el momento’, porque no sabemos qué nos depara el futuro.

Presentada en el Festival de Sitges y en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donostia, El tubo ganó el premio al mejor largometraje en el Festival de Cine Fantástico de Bilbao, y al mejor director y a la mejor actriz en el Festival Sombra de Murcia.