La banda como cierre triangular perfecto

La escena musical española nos ha regalado en este siglo XXI un amplio abanico de riqueza en propuestas y en lenguas. Un caso de ejemplaridad y de excelencia es, sin ningún género de duda, el de la banda El Petit de Cal Eril. El proyecto liderado por Joan Pons asume desde ‘La figura del buit’ (Bankrobber, 2013) forma de colectivo magnífico y extraordinario, donde el todo converge en grandeza y unidad, porque sin las otras piezas de la banda nada sería igual. Jordi Matas hace las veces de productor, arreglista, teclista y guitarrista, como un mago de los sonidos; Artur Tort, envuelve y evoca con las melodías y los sonidos que disparan sus teclados; Ildefons Alonso, marca con sus baquetas el tempo, los espacios, los cambios, demostrando con soltura su formación jazzística; Dani Comas, matiza magistralmente con su bajo. El Petit de Cal Eril es una de las mejores bandas en directo de este país. Y esto hay que decirlo alto y claro. Porque si sus discos en estudio enganchan, evolucionan, se mueven en registros conceptuales, en directo la banda atrapa por su conexión grupal, porque su magma musical alcanza lugares lejanos para oídos ávidos de sonidos personales.

Por eso es una pena que el concierto que organizó Gures y que les trajo a Madrid para cerrar este 2021 tuviera un tercio de aforo. Ómicron y la sexta ola no ayudaron, desde luego. Pero los acólitos de El Petit aunque sean menos de los deberían en la capital, son acérrimos defensores de una propuesta que gana en texturas, ambientes, melodías y hasta en lenguas. En su último disco, ‘N.S.C.A.L.H’ (Bankrobber, 2021) que viene a decir No sabrès com acabarà la historia, se atreven con el italiano en “Non Tornerei” y con el castellano en “Las cosas que creo”, ampliando universos, ganando en alcance y en preciosismo.

El pop y la psicodelia son géneros de base que ilustran a El Petit de Cal Eril pero se mueven también ese pop de sintes tan efervescente que han explotado tan bien bandas foráneas como Tame Impala. Ahora exploran el sentido de las voces sin llegar al paroxismo del uso que hace el trap con el autotune. En este fin de gira en Madrid pudimos ver su músculo musical bien ejercitado. Aunque estos últimos conciertos que han ofrecido suponen un parón temporal de medio plazo para la banda que desde 2017 está a tope. Pero hablemos de esa conexión entre el quinteto es fluida, como de una jam sesión en la que todas las partes se respetan, se funden y suenan rotundos.

El poderío de El Petit de Cal Eril es manifiesto, con un setlist centrado en las 9 canciones de ‘N.S.C.A.L.H’ pero con paradas en dos joyas de relumbrón y preciosas como “Sento” y “Pols” del disco ‘Energia Fosca’ (Bankrobber, 2019), o “Les lletres no fan paraules”, “Jo crec en tu” y la superlativa “Som transparents” del disco triangular, Δ (Bankrobber, 2018). Joan y sus secuaces discurren vivos en esos universos donde el pop, la psicodelia gravita también con un punto kraut rock e incluso en un concepto etéreo. También hubo concesión a su single “Com quan dormin” publicado en vinilo de 7 pulgadas en 2020 junto a la excelente versión del “Close to me” de The Cure en catalán. La única concesión a un pasado más lejano fue una deconstrucción genial de “Amb tot” respetando toda la esencia y trascendencia espiritual (de conexión con la vida, con el ser y con el universo) que desprende. Sus canciones sorprenden porque transitan por experiencias sonoras diversas. Un concierto gozoso como suele ser habitual con El Petit de Cal Eril.