Infancia y nostalgia

En 1959, el guionista René Goscinny -creador de Asterix- y el dibujante Jean-Jacques Sempé trajeron al mundo al pequeño Nicolás, entrañable personaje de la literatura infantil, muy popular en Francia, que ha traspasado fronteras y generaciones. Protagonista de 5 libros -y varios más tras la muerte de Goscinny- el personaje salta de nuevo a la pantalla grande -hay un par de películas de acción real y una serie animada- en una preciosa adaptación que no solo nos cuenta las deliciosas aventuras del pequeño, su familia y sus amigos, sino que narra también quiénes son Goscinny y Sempé y nos muestra cómo crearon al personaje.

La película, dirigida por Amadine Fredon y Benjamin Massoubre, es una obra luminosa que produce un agradable calorcillo en el corazón. Os reto a verla sin una sonrisa en la cara. Por un lado, se nos cuenta la historia de los dos artistas, que es la de una hermosa amistad y la de dos tipos apasionados por su trabajo, y que también es el retrato nostálgico de una época, la de esos años sesenta en el París pop de la Nouvelle Vague. Y de la mente y la pluma de los dos autores van saliendo breves estampas de vida cotidiana, la del pequeño Nicolás al que veremos con su familia, con su pandilla en el colegio y hasta con alguna niña, e incluso en una escapada veraniega. Todo con un tono de humor costumbrista que se vale de la perspectiva infantil para hacernos reír sin remedio. También soltaremos alguna lagrimilla, cuando la película afronta el siempre difícil tema de la muerte, mostrándonos cómo, necesariamente, todo tiene un final, aunque los amigos vivan siempre en el recuerdo y las grandes obras, como El pequeño Nicolás no envejezcan.