Un plan sencillo

El método Williams cumple con la cuota de nominadas a los Óscar -tiene seis, incluyendo a mejor película- que están basadas en una ‘historia real’ y que tras su desenlace se completan con una serie de informaciones sobre lo que pasó después con los protagonistas y con imágenes de los personajes de la vida real para que certifiquemos el cuidado con el que han sido recreados. En este caso, se nos recuerda el tremendo éxito de las hermanas Williams, Venus y Serena, como jugadoras de tenis. 

La película, dirigida por Reinaldo Marcus Green y escrita por Zach Baylin -este último nominado al Óscar por su trabajo- es un vehículo para el lucimiento personal del actor Will Smith, que aparece acreditado como productor de la cinta y que interpreta al personaje principal, Richard Williams, padre de las mencionadas deportistas. Smith aparece en pantalla prácticamente en cada fotograma de la película -de 2 horas y 24 minutos de duración- y sin embargo no puedo decir que la historia esté contada desde su punto de vista -aunque el relato se inicie con la voz en off de su personaje-. 

Richard Williams, tan elocuente cuando repite las consignas de su ‘plan’ a sus hijas, como callado cuando se trata de expresar sentimientos o motivaciones, permanece relativamente en el misterio: ¿A qué se debe su obsesión por conseguir el éxito de sus hijas? La respuesta parece estar en el contexto social que expone la película: la discriminación que sufren los afroamericanos en Estados Unidos. Esa rabia hacia la opresión de la mayoría blanca recorre el relato, aunque nunca acaba de tomar el protagonismo absoluto. La película es muy clara en este sentido de denuncia, pero resulta más contradictoria si analizamos la validez ética de los métodos del protagonista para conseguir que sus hijas lleguen al olimpo del tenis (como de hecho consiguió). Richard Williams es un personaje excéntrico y sus excesos disciplinarios solo se justifican por su tremendo éxito. 

El método Williams puede parecer la típica historia de superación que tantas veces hemos visto en el cine, sobre todo en películas de temática deportiva. Pero lo interesante es que el protagonista encarnado por Smith es un personaje autoritario, obsesivo, que se enfrenta a todos para conseguir sus objetivos, y que puede resultar incómodo a pesar de la simpatía con la que se le retrata y del carisma de Will Smith, nominado al Óscar por este papel. El guión no evita destapar los aspectos más oscuros del personaje, pero prefiere dejar esas imperfecciones en los márgenes del relato, para que su argumento pueda avanzar sin desvíos hacia el desenlace que ya conocemos todos -y en el que Arantxa Sánchez Vicario es la última villana a batir-.