Cuando la música es un ‘canteo’

La penúltima fecha del Tomavistas Extra aglutinó dos bandas de
contrastes pero de pegada singular. Un cartel que pese a sus diferencias
encajaba a la perfección en calidad y en contrastes. Fue pura conexión entre
el hardcore melódico del dúo catalán Cala Vento y el indie descolocado de
La Plata de El Mató. Y es que en ambas bandas reina un mundo en
descomposición. Algo a punto de estallar. Y consiguen que la audiencia
coree esas letras como si fuesen suyas. Como si la vida se desintegrase tras esas canciones.

Con Cala Vento, dúo de batería y guitarra de lo más solvente, los
coros reinan la ecuación. Y es que el público tararea sus letras como si
fueran santo y seña. Empezaron con sardanas y acabaron por todo lo alto.
Un buen año” arrancó un repertorio en el que las melodías, los riffs,
enganchan por doquier. Todo brilla en una banda que gana enteros en
directo, “Gente como tú”, “Isabella Cantó”, “Isla Desierta” o “Remedio
contra la soledad
”. Por momentos me recuerdan a Nueva Vulcano pero con
una urgencia y una celeridad mayor. Y es que los del Empordá seducen con
melodías pegadizas y letras que se ajustan a la memoria más inmediata. Es
una lección de tonadillas de las que calan hondo. Hasta su versión de Sr.Chinarro de “Del Montón” tiene la urgencia de música que representa la
deriva. Pero una deriva enderezada. Menuda pepinazo de banda. Mención
especial para Diego Castro, su técnico de sonido que hace magia ya sea con
Triángulo de Amor Bizarro, Cariño, Ginebras u otras bandas.

Lo de El Mató A Un Policía Motorizado es como una pasión fatal.
Santi Motorizado cautiva con canciones que hablan de desamor y otras
jodiendas. El público que lo vive y lo canta como si fuera
su propia vida a punto de derrumbarse. Hay mucho de obsesión y de tirar la
pelota hacia fuera. Arrancaron con “El Magnetismo” y casi acaban con “La
Noche Eterna
”. “Dame algo esta noche”. Ellos lo dan y el público cae
rendido. A base de autoflagelarnos, de salir de lo maldito, encontramos esa
sanación en melodías que crecen, que cautivan por la épica, donde los
teclados envuelven y el todo arde en una quema sanadora. Un concierto de
El Mató tiene algo de curativo como si fuera la noche de San Juan. Todos
coreamos esas letras de autocompasión como si no hubiera un mañana, ya
sea con “Yoni”, “Mujeres Bellas y Fuertes”, “El Tesoro”. Y es que hay
algo que nos arrolla. Como si fuera una totalidad. Consiguen crear un
sentimiento de pertenencia, o reina ese nihilismo que consigue que nos la
sople caer derrotados. Pero porqué no soñar que “Todo lo que ves será
nuestro nena”
.

Hay algo liberador en la banda argentina que nos engancha.
Los bises fueron puro arrebato entre “Ahora Imagino Cosas”, el “Fuego
que nos dice que “ahora soy mejor / te juro soy mejor” y esa “Chica de
Oro
” que nos colma. Como colofón Santi invitó a cantar a Jota Planetas
Mi próximo movimiento” y todos nos fuimos tan felices, y eso que cantan
“Ahora estoy arriba de mi casa con un rifle”. La sublimación que nos
solivianta. La música aparece como un canteo que nos une en una liturgia
indie. Y es que El Mató son un buen revulsivo frente a la decadencia.

Foto: Adrian YR