El mar alrededor, Keri Hulme (Automática, 2019)

Elmaralrededor

Aviso a navegantes. Esta no es una novela ligera, o el típico mamotreto veraniego —mucho papel, escasa enjundia— que cierto tipo de lector se reserva para la temporada de asueto. Lo que nos he preparado la indispensable Automática es un reto literario de envergadura. Con vosotros, El mar alrededor de Keri Hulme, considerada una de las obras fundamentales de la narrativa neozelandesa contemporánea. Aotearoa, expuesta en toda su fascinante complejidad y misterio a través de una historia poliédrica, de ambicioso simbolismo, un uso del lenguaje extraordinario y un trío de personajes principales inolvidables. Tan lejos, tan cerca… 

Nacida en Christchurch en 1947 aunque residente en Okarito —remota localidad costera de la isla Sur—, Keri Hulme es una escritora, poeta, pintora y pescadora por cuyas venas circula sangre europea y maorí. Pese a que algunas de sus primeras obras aparecieron en los setenta bajo el pseudónimo Kai Tainui y su primer poemario fue publicado en 1982, la fama —y la leyenda asociada a su particular opción de vida— le llegó con este El mar alrededorThe Bone People—, su primera y única novela, que vio la luz en 1984, tras muchos rechazos previos y más de una década de labor, gracias a la editorial/colectivo feminista Spiral. Best-seller con más de un millón de copias vendidas, el libro obtuvo el Premio Nacional de Literatura ese mismo año y, en 1985, convirtió a su autora en la primera neozelandesa en ser galardonada con el Man Booker Prize. Hulme ha publicado varias colecciones de relatos y poemarios a posteriori, pero su poco prolífica carrera y sus escasisimas apariciones públicas, han creado una mitología —algo exagerada— de huraña ermitaña alrededor de ella… dando pábulo, además, a la idea que El mar alrededor tiene un claro trasfondo autobiográfico.  

Y es que, precisamente, una torre solitaria en el distante y ficcional pueblo costero de Whangaroa —buscad Whataroa en Google Maps y comenzaréis a entender el final del párrafo anterior— es el punto de partida de El mar alrededor, inusual construcción —con reminiscencias Tolkienianas— en la que habita Kerewin Holmes, artista transfigurada en torva eremita, mitad maorí, mitad europea. Su aislada existencia se ve trastocada decisivamente una noche de tormenta a causa de un intruso, el pequeño Simon/Haimona, mudo, asilvestrado y áureo. Un niñosol inextricable, cuyo adictivo secreto aumenta a la mañana siguiente, cuando su padrastro Joe, vehemente y afectuoso operario de fábrica maorí, pasa a recogerlo. El vínculo emocional que se desarrollará entre este triángulo protagonista, sobre el que se cimenta y gravita la novela, está servido… Pero, en manos de Keri Hulme, los parámetros y arquetipos literarios habituales resultan inservibles.  

Porque El mar alrededor es una obra que se mueve en múltiples planos. El primero, el más llamativo inicialmente, desconcertante y provocador de sonrisas por igual, es el exuberante,  libérrimo, uso del lenguaje. Juegos de palabras; trasvases constantes entre maorí —se incluye glosario al final— e inglés/castellano; nuevos términos —pon colores como el verdeazul o el rojotierra en tu vida—; niveles y registros de lectura que se encadenan, del realismo descarnado al mágico, del monólogo interior a la visión o lo alegórico; la completa sublimación entre la prosa y la poesía… Una verbigracia simpar que, además, sintoniza con la complejidad de las emociones descritas. En ese sentido, no hay forma de elogiar lo suficiente la mastodóntica —casi setecientas profusas páginas, ahí es nada— tarea de Enrique Maldonado Roldán en la soberbia traducción al castellano. A labour of love, sin duda… 

El segundo plano, la trama propiamente dicha, se divide en dos partes. Una primera en la que asistimos a la progresiva interacción/dependencia del trío protagonista, la gestación de una imposible familia, mientras la amenaza —atentos a esas memorables vacaciones— de la revelación del abuso infantil se cierne sobre ellos. Y una segunda, tras el brutal detonante, en el que los vemos lidiando con sus demonios por separado, la posibilidad del reencuentro antojándose milagrosa. En ambos casos, el desarrollo de la novela también nos muestra a una autora tremendamente osada, capaz de flirtear con géneros como el misterio —en torno a la existencia del traumatizado Simon o el irreconciliable pasado de Kerewin—, las novelas de autodescubrimiento con una ingente carga espiritual —no confundir con la bazofia de ese «infragénero» denominado «desarrollo personal», sino algo más en la línea de, por ejemplo, Herman Hesse— y una avanzadísima visión sobre cuestiones como la (ausencia) de identidad de género o la (a)sexualidad —que personaje más rico es Kerewin— en lo que es una celebración de la singularidad humana. Todo ello junto a la que, posiblemente, sea la historia de amor más inusual y desapegada de la literatura moderna, sólo comparable en desasosiego a La noche del cazador de Davis Grubb —esos aterradores puños de Joe parecen los de Harry Powell— o a la imprescindible Flannery O’Connor, autores que, al igual que Keri Hulme, fueron capaces de trasladar al papel esa escalofriante dicotomía entre incomunicación y reconciliación, entre ternura y violencia, entre dolor —físico y existencial— y belleza. Las aguas de El mar alrededor son siempre procelosas. Y poderosamente alegóricas.

Porque, en el tercer plano de lectura, puede decirse que, en realidad, Keri Hulme está usando a sus personajes, tres islas desoladas, a la deriva, regidas por lo que no puede contarse, el peso de sus pasados mortificantes y sus terribles actos presentes, destinadas a encontrarse en el atolón más aislado del mundo civilizado conocido, para adentrarse sin corsés en un terreno tan metafórico como espinoso: la relación, entre la convivencia y el conflicto, de «lo pakeha» —europeo— y «lo maorí». Ya sea a través de pequeños, o no tanto, choques culturales —de nuevo el lenguaje, la comida, las canciones, o de forma no tan agradable, determinadas situaciones en bares— o, en el tramo previo al desenlace del libro, una inmersión con tintes alucinatorios en la mitología ancestral —amuletos, canoas— de la etnia polinésica, Hulme fabula y filosofa sobre agresores y agredidos así como sobre el vínculo fundamental, corrompido por la hegemonía eurocéntrica, de los maoríes con la naturaleza. 

Sin embargo, diría que la autora no pretende simplemente lamerse las heridas, sino proponer una especie de sincretismo entre ambas tradiciones. En ese sentido, hay en El mar alrededor una asunción del cambio, una visión de transformación para su país y sus gentes que tiene algo de utópica y, de forma imprevista, mucho de vigente en esta época de banderas, discursos sobre supuestas «purezas» y «auténticos» patriotas. Simon, Joe y Kerewin, acaso intrépida revisión de una trinidad católica harto familiar, podrían representar al hijo «enviado» de la cultura europea, llegada de allende los mares, el padre adoptivo maorí —corrompido por el alcoholismo, incapaz de educar al niño sin accesos de furia—, y la (no)madre «virgen», desafiante e híbrida, síntesis de ambos mundos. Los tres, obligados a pasar por una espiral de soledad, enfermedad y desesperación, en la que, empero, todavía existe lugar para la esperanza y el resurgimiento —¿la resurrección?—. Los errores, las contradicciones y las dificultades, siempre presentes, pueden sobrellevarse estando todos juntos, parece sugerirnos Keri Hulme, convencida de la posibilidad de la segunda, redentora, oportunidad. 

¿Puede funcionar una novela tan ambiciosa, con tantos niveles de lectura? Es evidente que El mar alrededor es una novela exigente, incluso no del todo aprehensible en algunos pasajes que, en su defecto, requieren de un conocimiento notable sobre espiritualidad y mitología maoríes. De hecho, me atrevería a decir que el lector tendrá que hacer alguna que otra concesión para transigir con un tramo final de la obra en el que, quizás, lo espiritual fagocita la resolución realista de la misma. No obstante, para entonces uno estará completamente atrapado por el libro, ya sea por la tensión e incertidumbre de su historia, la potencia de sus tres protagonistas —especialmente Kerewin—, su trasfondo sociocultural e inmaterial, o ese pletórico despliegue lingüístico. O, mejor aún, por la suma de todos sus abrumadores factores. El mar alrededor es desbordante. Must-read desde las antípodas.