El Grinch: nostalgia de Tim Burton

El Grinch estira el clásico cuento de 64 páginas del Dr. Seuss en un film de 86 minutos. Para conseguirlo, la pequeña Cindy Lou Quien, que originalmente tenía un par de frases en el libro, ahora comparte protagonismo con el amargado ser verde y tiene su propio recorrido que entronca con el del personaje que da título a la historia -en la versión original con la voz de Benedict Cumberbatch-. Hay, además, nuevos personajes que se añaden al relato para engordarlo, como Fred, el reno con sobrepeso. Si en el relato original todo era sencillez y elipsis, aquí vemos detalladamente lo que antes era solo sugerido: el Grinch busca un reno, confecciona su traje de Papá Noel o volvemos a su infancia -algo que también hizo la versión de Ron Howard con Jim Carrey-. Todos estos añadidos conforman un relato salpicado con el humor que IlluminationGru, mi villano favorito (2010), Mascotas (2016)- utiliza para entretener a su verdadero público, el que paga las entradas, esos padres que se pasean aburridos por los centros comerciales. Pero nada de esto ayuda a mejorar la historia. Los momentos emocionantes siguen siendo los del original. La película busca lo aparatoso en la forma: está llena de planos secuencia, cámaras subjetivas y movimientos vertiginosos -sobre todo cuando se desplaza la pequeña Cindy Lou- que narrativamente no aportan nada. Técnicamente, eso sí, la animación es sobresaliente, detallada y luminosa en esos recargados decorados navideños repletos de lucecitas, adornos y texturas.

El Grinch es un caramelo visual, un regalo con envoltorio brillante que contiene un juguete algo decepcionante. La película infantil navideña para padres que huyen de lo ñoño sigue siendo Pesadilla antes de Navidad (1993). Este nuevo El Grinch -como el de Howard- no saben escapar del imaginario estético de Tim Burton: esta versión lleva música de Danny Elfman.