El diablo a todas horas

El origen del mal


El diablo a todas horas
, disponible en Netflix, es una historia río que dibuja como escenario unos Estados Unidos de América marcados por la violencia y la fe. Las guerras en las que se implica el país, desde la Segunda Guerra Mundial a Vietnam, marcan a los personajes de diferentes generaciones y estos acaban resolviendo sus conflictos cotidianos, siempre, por la vía violenta. Por otro lado, el fervor religioso, el fanatismo, aportan miedo y culpa, en lugar de esperanza.

Estas ideas están encarnadas en personajes que parecen estar de paso por la existencia y que no pueden escapar del mal que, aunque el diablo aparezca mentado en el título, anida en el interior de todos los seres humanos, casi sin excepción.

El neoyorkino Antonio Campos, adapta la novela de Donald Ray Pollock, que nos muestra una sociedad, más bien, una humanidad, compuesta en su mayoría por seres oscuros y despreciables -abusones, predicadores dementes, acosadores sexuales, pervertidos, asesinos en serie, policías corruptos- que piden ayuda a Dios a gritos… y no son escuchados.

La historia comienza con el regreso de Willard Russel -inquietante y perturbador Bill Skarsgard– de la guerra a su pueblo natal, que enseguida cede el protagonismo a otros personajes, igualmente conflictivos. Ni siquiera Tom Holland y su cara de ‘niño bueno’ puede escapar de la violencia en una tierra marcada por el derramamiento de sangre.

Completan el reparto de personajes perturbados Robert Pattinson, Sebastian Stan, Harry Melling y Jason Clarke, porque los hombres, aquí, son principalmente los que ejercen el mal. Las mujeres, de una forma u otra, acaban siendo víctimas: madres, abuelas, hermanas y novias, a las que dan vida Haley Bennett, Mia Wasikowska y Eliza Scanlen

El diablo a todas horas es un film recomendable, pero, avisamos, sórdido y truculento, que parece adscribirse a una versión oscura y maligna del género Americana.