Alain Guiraudie construye una fábula sobre los límites del deseo. Una inquietante película, misteriosa, explicita, desnuda. Un impresionante thriller ambientado en el ambiente “cruising” en las inmediaciones de un silencioso lago en un cálido y angustioso verano.

Con un manejo del tiempo y una puesta en escena envidiable realiza una autopsia fílmica a la sociedad actual, escarbando en la naturaleza humana y destapando con naturalismo ciertos tabúes, logrando una atmósfera de tensión in crescendo digna de las más altas cotas del cine francés de los últimos tiempos.

El complejo trabajo actoral de Pierre Deladonchamps y Christophe Paou es destacable en una película en la que se muestran ante cámara desnudos literalmente y con secuencias explícitas que complican aún más la interpretación.

Impregnada de ese ambiente obsceno e inquietante tan característico de realizadores  contemporáneos como François Ozon no hay que negar la influencia o deuda que la cinta tiene con el cine de Louis Malle e incluso con el de Éric Rohmer en cuanto a la creación de ambientes se refiere.

Una profundísima película cargada de sexualidad que inquieta desde el primer momento, que indaga sobre temas como son el deseo, la amistad o incluso el amor como pocas veces se ha visto en el cine transportando al espectador a un estado hipnótico y confuso.

Una maravilla de esas que nos hacen ver que el cine de nuestro país vecino está años luz por delante del nuestro aún es nuestros días.

Carnal, seductora y luminosamente oscura. Atrévanse a disfrutarla.