Afortunadamente, libros musicales he reseñado unos cuantos. ¿Pero que se parezcan a este El chicle de Nina Simone que nos trae Alpha Decay? Absolutamente ninguno. Porque el debut en la escritura de Warren Ellis, líder de los Dirty Three y lugarteniente de Nick Cave en los Bad Seeds y Grinderman, es incomparable. Una especie de sucinta autobiografía, homenaje a una artista inmortal, y ensayo sin ínfulas sobre el poder de los objetos, la devoción —¿obsesiva?— del fan o la naturaleza de la creación… Y todo a partir de una simple goma de mascar.

Aunque, tras sumergirse en estas páginas, si algo queda claro es que no hablamos de un masticable cualquiera. Sino la reliquia, «verdadero objeto religioso» en palabras de Cave —firmante del prólogo—, rescatada por Ellis del piano al que quedó pegado cuando Nina Simone arrancó el que sería su último concierto en Reino Unido, cerrando el Meltdown Festival de 1999 en Londres. Sin duda, un improbable personaje central para un libro. No obstante, su custodia y periplo —de más de dos décadas— hasta formar parte de la exposición de Cave Stranger than kindness da para mucho.  

El chicle en su altar. Foto: Anders Sune Berg / Royal Danish Library

Porque El chicle de Nina Simone en realidad es una exploración sobre qué convierte a ese pequeño cuerpo —extensible a cualquier otro— en algo tan poderoso, con propiedades mágicas. Capaz de enajenar a un músico reputado en pos de su rescate inicial, posterior vigilancia y conservación. Conector con otro puñado de objetos Ellisianos, de importancia vital y arcana para el artista, desde el proverbial primer violín a una casete, canica, o fundamental maleta. Y lo que a uno le resulta aún más fascinante, inspirar tanto al australiano a su colaboración con otros —maravilloso leer como ningún involucrado duda de la singular «empresa chiclosa»—. En definitiva, provocar un extraño y fascinante viaje… 

… Que, a su vez, se configura en parte importante de la propia biografía de Warren Ellis. Y es que El chicle de Nina Simone nos habla de esos objetos que hacen acopio de nuestra memoria. Sin embargo, Ellis no lo hace con la habitual voluntad del género. No hay ego en el libro. Éste nace de la fervorosa admiración y respeto a la idolatrada leyenda, epitomizado en un encuentro —el concierto— fugaz, pero de tanta intensidad, que merece ser conservado por el seguidor irredento. Y evoluciona, mientras por el camino nos habla de la vocación artística, a través de la colaboración con otras personas que entienden ese valor, esa trascendencia, y desean formar parte del proceso. Hasta ser compartido, finalmente, con el público. 

Huelga decir que El chicle de Nina Simone es un libro del todo inusual. Hay poco texto, ya que Warren Ellis lo presenta como una obra documental, añadiendo numerosas y sorprendentes fotografías de este trayecto tan singular. No obstante, sus palabras, ligeras y sentidas —su esencia captada por la traducción de Núria Molines— condensan la especial sensibilidad del músico inquieto con, bendita coincidencia, la autenticidad, a veces irracional, del fan. Y es que si, como su autor, atesoras algún tesoro —en mi caso, cuerda de guitarra de Mike Mills, más el setlist concedido por el mismísimo Michael Stipe de R.E.M., mucho más sano que lo suyo, ¿verdad?—, esta lectura te va a resultar extrañamente familiar, acogedora. Vivificante.