Estreno inmejorable para nuestra primera reseña de un libro publicado por Destino, otra editorial mítica de nuestro país. Hablamos de Hilary Mantel, una de las escritoras más premiadas —ganadora del premio Man Booker en dos ocasiones, todo un hito, igual que un literato sea seleccionado como una de las cien personas más influyentes del planeta según la revista Time— y reputadas, a nivel de éxito comercial y de crítica, de la actual literatura británica. Un peso pesado de las letras contemporáneas.

Sin embargo, lo hacemos alejándonos del hábitat natural de la autora, la novela histórica, para adentrarnos en una colección de once relatos —uno más en esta edición española— estilísticamente diversos pero extrañamente reconocibles entre sí, impregnados todos ellos de una sagacidad en la observación de los comportamientos humanos junto a una sutil, afilada ironía no exenta de dureza —cuando no brutalidad—, con la que Mantel sintetiza una realidad contemporánea frágil y, con frecuencia, tan cruda como absurda.

No son relatos fáciles y, en varias ocasiones lo conciso de su estilo y el reducido mundo narrativo en el que la escritora enmarca algunas de sus historias puede dejar en fuera de juego al lector. Es el caso de uno de los escritos más breves, Terminal, una extraña reflexión metafísica sobre la pérdida de un ser querido con una estación de tren como paisaje de fondo. O los dos con la infidelidad como tema, El QT, que condensa toda su fuerza en su desconcertante final, y Delitos contra las personas, donde Mantel lanza una tremenda estocada a esos animales, únicos, capaces de topar dos veces con la misma piedra, llamados humanos.

Luego hay dos relatos donde el humor afilado de la escritora británica gana la partida. Primero con Vacaciones de invierno, donde una pareja se embarca en un largo trayecto en coche hacia su lugar de asueto, pero ni el destino ni, sobre todo, su singular taxista van a permitirles disfrutar del viaje. Y, en segundo lugar, con La calle Harley, donde asistimos al devenir de una clínica muy especial donde las relaciones entre mujeres giran en torno a la fascinación que provoca la misteriosa Señora Bathurst.

Pero donde Mantel sobresale como cuentista es en la plasmación de atmósferas desasosegantes, angustiosas, en las que el lector no sabe si realmente quiere resolver los cabos sueltos, por temor a que la revelación sea demasiado espeluznante. El drama es sólo latente en ¿Cómo la conoceré?, en la que una escritora es invitada a dar una charla en un pueblo alejado de Londres, viéndose obligada a pasar un par de noches en un hotel desvencijado y sombrío, donde una triste muchacha es su desesperada ama de llaves. Tampoco el conflicto llega a estallar en Perdone la molestia, relato encargado de abrir el libro, y en que de manera magistral Mantel expone como un traslado a Arabia Saudí por motivos laborales lleva a la mujer protagonista —evidente trasunto de la propia autora— a conocer, por absoluta casualidad, a un enigmático paquistaní, que entra en su vida sin pedir permiso —nótese la ironía del título del relato—. La sensación de amenaza y debilidad de la mujer, persona segura, independiente y resuelta en Inglaterra, ante un entorno y una situación cultural totalmente diferente, están magníficamente construidas.

Pero Mantel va aún más lejos. En El corazón falla sin avisar describe la terrible degradación física de una joven que padece anorexia en un entorno familiar absolutamente incapacitado —y por ello aún más terrorífico que la propia enfermedad— para ayudarla. En La coma, la infancia se tiñe de violencia en un relato que parece sacado de la tradición gótico-sureña norteamericana, pero poniendo el énfasis en el insensible recuerdo, veinticinco, treinta años después, de la propia narradora al reencontrarse con su antigua amiga y autora del “incidente” del cual fue cómplice. Y, finalmente, en La escuela de inglés, la agresión se torna puro y grotesco nihilismo, en una historia hiriente donde Mantel habla de clase social, inmigración, falta de humanidad, pero también de oportunidades, desamparo y esperanza. Una condensada mezcla entre La naranja mecánica y Perros de paja. Escalofriante.

Y luego está el relato que da título al volumen, encargado también de cerrarlo por todo lo alto. El asesinato de Margaret Thatcher es la lacónica descripción de un sueño que no fue posible —Al estilo Morrissey, Mantel ha declarado públicamente su odio visceral a la ya fallecida “dama de hierro”, como cualquier persona de bien haría, por otra parte—. Un intento, fallido claro, de atentar contra la primera ministra en 1983 por parte de un francotirador del IRA que, haciéndose pasar por fontanero, logra rápidamente la complicidad de la dueña del piso desde el que podrá disparar a Thatcher, entablando una inconcebible relación a través de la cual Mantel radiografía no sólo a dos personas abocadas a una cuenta atrás de imprevisibles consecuencias, sino a toda una sociedad contemporánea caótica, insensible, ridícula. Menuda escritora más poderosa es Hilary Mantel.