Las cosas humanas

La imposibilidad de establecer la verdad sobre determinados asuntos es probablemente el gran conflicto social actual. El exceso de información, la subjetividad y el sesgo político provocan que, en la mayoría de los casos, ante un cualquier asunto en discusión, solo consigamos definir dos posturas enfrentadas y radicales. Si a esto añadimos un asunto tan complejo y ambiguo como la sexualidad humana, estamos ante un problema mayúsculo. De esto se ocupa el argumento de la estupenda El acusado, título en español algo tendencioso, ya que el original francés es Les choses humaines, título de la novela de Karine Tuil que inspira el film, refleja mejor la ambigüedad de esta obra y probablemente las intenciones de sus autores.

Dirigida por el también actor Yvan Attal, el argumento de El acusado nos presenta a dos personajes protagonistas, Alexandre (Ben Attal) y Mila (Suzanne Jouanet), que dividen el argumento y se reparten el punto de vista narrativo. Ella lo acusa a él de violación y él lo niega todo. El desarrollo argumental elude casi hasta el final el momento crucial de la supuesta agresión sexual y de los hechos no hay ninguna prueba definitiva. La primera parte de la película se ocupa del entorno de los dos jóvenes y presenta a los personajes que los rodean: los padres de él, interpretados por Charlotte Gainsbourg y Pierre Arditi, y los de ella, asumidos por Mathieu Kassovitz y Audrey Dana. Una vez colocadas las piezas sobre el tablero, asistimos a un film judicial, en el que hablan los testigos, se presentan las pruebas y escuchamos los alegatos de los letrados. Porque nosotros somos el jurado. Durante la película iremos conociendo hechos que parecen apuntar hacia una dirección, que más tarde serán matizados o incluso rebatidos. La gran pregunta a responder es si él es culpable o si ella ha decidido mentir. El guión, muy divertido y juguetón, nos mantiene en esa duda hasta un desenlace que, obviamente, no voy a desvelar, aunque sí puedo decir que se parece mucho a la realidad.

Sin embargo, conviene preguntarnos si El acusado habla realmente de la violencia machista, o si esto es una excusa para una despiadada disección de la sociedad (francesa), ya que refleja su tendencia al odio y a la venganza en sus diferentes caras: el filo fascista con poder que abusa de él, la feminista que acaba atrapada en la contradicción. La película habla también de clasismo, de antisemitismo, de sexismo y tabúes. De cosas humanas. Y nos dice que, quizás, poco importa la justicia, poco importa si un hombre es un violador o si una mujer miente, cuando, como sociedad, ya estamos convencidos de la culpabilidad de unos y otros según el bando que hayamos elegido.