América

Zack Snyder vuelve al cine con Ejército de los muertos, un film en el que el director de Sucker Punch (2011) hace una suerte de resumen de su filmografía anterior. Así, Snyder vuelve a la temática de su debut, Amanecer de los muertos (2004), pero también incluye guiños a sus obras más conocidas, como 300 (2007) o La Liga de la Justicia (2020). El argumento plantea una epidemia zombie en Estados Unidos, que ha sido contenida en la ciudad de Las Vegas. Un grupo de exmilitares aceptará la misión de regresar allí para recuperar 200 millones de dólares, pero, claro, tendrá que enfrentarse a los muertos vivientes. Un planteamiento sencillo, que curiosamente es idéntico al de la película surcoreana Península (2020), estrenada recientemente -y comentada en Indienauta-.

A estas alturas, ya sabemos qué esperar de Zack SnyderEjército de los muertos brilla en su planteamiento visual, con secuencias de acción trepidantes y espectaculares de videojuego. Volvemos a comprobar la capacidad de Snyder para fabricar imágenes potentes, de mucha violencia y ‘más grandes que la vida’. Pero además, aquí el director parece relajarse en una cinta divertida, muy colorida gracias a lo hortera de su escenario y con un sentido del humor que se agradece -aunque no funcione del todo-. Snyder divierte cuando se pone ‘videoclipero’, en la mezcla de imágenes espectaculares y temas pop que usa como contrapunto, que se ha convertido en una de sus señas de estilo. Pero quizás, solo quizás, Snyder se cree un mejor ‘Dj’ de lo que es, y se pueden cuestionar temas musicales tan obvios como Viva las Vegas o el Zombie, de Cranberries. Donde creo que falla claramente Snyder es en el desarrollo dramático de las situaciones y sobre todo de sus personajes -el ya manido grupo de expertos en diferentes especialidades, con atributos y estéticas que los distinguen a unos de otros-. El metraje de los films de Snyder suele ser abultado por su estilo de puesta en escena, en la que se recrea sobre todo en la acción física, con un uso tan virtuoso como excesivo del ralentizado. Pero aquí no ocurre exactamente eso: si Ejército de los muertos dura dos horas y cuarenta y ocho minutos es por un torpe desarrollo de los personajes, en un claro esfuerzo por insuflar sentimientos y emociones a una trama que no los requiere. Hay largas escenas en las que la acción se detiene completamente para que el protagonista, el mercenario Scott Ward (Dave Bautista) exprese sus sentimientos hacia su hija Kate (Ella Purnell) o hacia su compañera María Cruz (Ana de la Reguera). Hay en esta cinta secuencias demasiado largas, predecibles y torpes, como las que componen la subtrama protagonizada por el guardia de seguridad abusivo Burt Cummings (Theo Rossi).


A pesar de estos defectos, en Ejército de los muertos se nota el esfuerzo de Snyder por dotar a su película de temas de mayor calado en lo que es un puro divertimento, aunque sea de forma superficial. Hay un claro comentario sobre la realidad política de su país. El grupo de excombatientes que salvaron el mundo -Estados Unidos- han sido abandonados por las autoridades y forman parte de una precaria clase obrera que verá una oportunidad para saldar cuentas en la recuperación del sustancioso botín. No puede haber una ciudad en el mundo que represente mejor el capitalismo y la falsa felicidad que promete, que Las Vegas. Los villanos de la función no son precisamente los zombies, sino millonarios globales -como Bly Tanaka (Hiroyuki Sanada)-, el ejército y los políticos: se nota la sombra de Donald Trump, en ese presidente sin identificar que piensa que lanzar una bomba nuclear sobre Las Vegas un 4 de julio es lo más patriótico que puede haber. Snyder también convierte a los refugiados alrededor de la ciudad infestada en sinónimo de los inmigrantes mexicanos y hasta de los contagiados por el covid: a los que unas décimas de fiebre les puede costar la libertad.

Por último, Snyder refleja en su film la posible lectura que debe haber hecho de la obra del conocido mitógrafo Joseph Campbell al que cita textualmente, por no hablar de que los protagonistas deben infiltrarse en un lujoso hotel llamado Olimpo. Igualmente, el reducido grupo de (anti)héroes puede recordar a los espartanos enfrentados a un inmenso ejército de la mencionada 300. Snyder propone además ideas muy divertidas sobre sus zombies -siguiendo un poco la estela de George A. Romero, cuyos muertos vivientes iban evolucionando en inteligencia- y propone un auténtico -cuidado spoiler– súper zombie, con capa y máscara, en un claro guiño a sus experiencias con Watchmen (2009) o los personajes de DC Comics. ¿Y qué son los superhéroes sino mitos modernos equiparables a los héroes y dioses griegos antiguos? En esta película Snyder embarca a sus personajes en el clásico viaje del héroe propuesto por Campbell y los hace salir de su entorno cotidiano a un lugar fantástico en el que se enfrentarán a obstáculos y tendrán que sacrificarse para conseguir una suerte de resurrección, en más de un sentido.