Ed Harcourt llegó tocando a las puertas del cielo con “Be Here Monsters” (2001), un debut superlativo que le reveló como un compositor capaz de tejer melodías de aroma clásico al estilo de Neil Finn o McCartney con atmósferas instrumentales inquietantes dignas de un Tom Waits o un Nick Cave. Una nominación al Mercury Prize y el grueso de crítica a sus pies hizo esperar lo mejor para este británico, si bien los años subsiguientes se han ido saldando con trabajos de fogonazos de inspiración pero que nunca llegaban a conectar con el gran público.

Furnaces(2016) parecía destinado a cambiar las tornas, al ser la primera vez que Harcourt se ponía enteramente en las manos de un productor, y nada menos que Flood, responsable de infinidad de discos de éxito dentro del rock alternativo (Depeche Mode, U2, The Killers, Foals…). Aquel disco fue prácticamente enterrado por la multinacional que lo publicó, lo cual dejó a Harcourt absolutamente devastado y desencantado.

Sin ánimo para lanzarse a componer otra colección de canciones que le llevara a lugares inciertos, pero al mismo tiempo incapaz de dejar de crear, Harcourt pasó horas y horas sentado en un piano Hopkinson del 1910, idéntico al de su abuela en el que aprendió a tocar de niño. Así se reencontró con su más ancestral conexión con la música, y así nació este “Beyond The End, su séptimo disco y el primero instrumental de su carrera. El piano lidera todas las piezas, acompañado de pequeños añadidos de teclado o de una sección mínima de cuerda en la que figura su propia esposa. Casi se diría que es una respuesta minimalista y melancólica al tono bombástico y sobrecargado de su ignorada obra anterior.

Entre las influencias, Harcourt cita a clásicos como Mozart, pero también a impresionistas como Debussy o Satie (evocados con fuerzas en piezas como Wolves Change Rivers), pero también compositores clásicos modernos como Max Richter o Philip Glass, sin olvidar el trabajo que Warren Ellis y Nick Cave están realizando para bandas sonoras. Y es que ciertamente, la carrera de Harcourt abre aquí una tangente muy interesante para la creación de acompañamientos a piezas audiovisuales, lo cual se uniría a su lucrativa y menos conocida faceta como compositor para otras estrellas (la última de ellas, Marianne Faithfull, en su espléndido último disco). Esperemos que todos esos caminos le den una vida próspera, lo suficiente como para que luego siga regalándonos discos de pop tal y como él lo entiende. No podemos permitirnos perderle en esa senda.