7.9
Score

Final Verdict

El debut de Drug Store Romeos nos presenta a una banda que, a pesar de su juventud, consigue dar con un sonido propio. Un disco lleno de pequeñas y acogedoras píldoras de pop ensoñador, con las que, casi sin que te des cuenta, te atrapan.

Drug Store Romeos se han convertido en una de las sensaciones de la temporada en Reino Unido. Y no es para menos, porque este jovencísimo trío de Hampshire tiene algo que engancha. Quizá sea esa manera tan despreocupada, pero a la vez tan arty, que tienen de ver la música. O quizá solo sea que estamos ante un grupo que sabe hacer buenas canciones pop. El caso es que ahí están, con un álbum de debut recién publicado, y con buena parte de la prensa de su país rendida a sus pies. 

Las canciones de Drug Store Romeos tienen a Stereolab o Broadcast como máximos referentes. Pero ojo, que no estamos ante una copia de esas bandas. Todo lo contrario, con esas referencias, han conseguido dar con un sonido propio. Buena parte de este ‘The World Within Our Bedrooms’ tira hacia un pop ensoñador, el cual, por momentos, es casi narcoléptico. Pero en el buen sentido de la palabra, ya que son canciones que te arropan y te dan una sensación de paz. De hecho, está creado, y pensado, para disfrutar en esos dormitorios que aluden en el título. 

A pesar de que por aquí hay un bajo, una batería, y alguna guitarra, lo que hace realmente interesante sus canciones, son los Casio de segunda mano que compraron por eBay, y que planean a lo largo de todo el álbum. Esto, junto a las extrañas letras, que están sacadas de viejas revistas femeninas, de publicaciones tecnológicas de antes del 2000, y de alguna novela Pulp, hacen de su propuesta algo de lo más personal. Y eso se refleja en temas como “Secret Plan”, “Elevator”, “Electric Silence” o “Kites”, que juegan con esos viejos teclados, dando a su música un toque casi amateur, pero realmente hipnotizante. 

Estamos ante un álbum bastante extenso, por lo que hay muchas muestras diferentes de hasta dónde pueden llegar sus canciones. Hay temas que se podrían meter dentro de un dream-pop más típico, como la preciosa “Building Song”, o esa joya llamada “What’s On Your Mind”, la cual se va acelerando a medida que van pasando los minutos. Pero también momentos más lo-fi, como el de “Walking Talking Marathon”, o el de esas dos nanas llamadas “Put Me On The Finish Line” y “Cycle of Life”, con las que casi cierran el disco. 

El gran problema de este disco, por llamarlo de alguna forma, atiende al nombre de “Frame Of Reference”. El que fue el segundo single de su carrera, y su mayor éxito hasta la fecha, es tan bueno, que termina eclipsando un poco al resto del álbum. Y es que, su toque bailongo, su monótona línea de bajo, y esos teclados relucientes que cubren la canción, son absolutamente irresistibles. Un diez de diez. Pero ojo, no es el único tema en el que se aceleran. Ahí está la también estupenda “No Placing”, que empieza con lo que casi parece un homenaje al “Wicked Game” de Chris Isaak, y acaba convirtiéndose en la canción más juguetona de todo el álbum.