Arrancamos el nuevo año con un cómic, Doble sentido, que además supone nuestra primera reseña de la joven pero más que prometedora editorial Sapristi. Y lo hacemos de la mano del sueco Niklas Asker, que con esta obra, su alabado debut en la novela gráfica —tras haber ilustrado para IKEA, Microsoft, Dazed & Confused o EMI Music, entre otros—, se ha convertido en la cara más reconocible de la llamada Swedish Invasion, una generación de autores de cómic llegados del frío… y parece que para quedarse.

Bienvenida sea dicha invasión nórdica si tiene el nivel de Asker, porque Doble sentido es uno de esos relatos, potente, incisivo y doloroso, que se lee y disfruta con fruición, dándole una segunda y tercera relectura, al igual que uno le da vueltas a las películas de Charlie Kaufman, a la genial Her de Spike Jonze o a Wonderland de Michael Winterbottom, por citar tres cineastas que a servidor le han venido a la cabeza al afrontar este cómic.

Apoyado en un dibujo aparentemente sencillo —pero mucho ojo con las expresiones faciales de los personajes y la oscuridad que asola determinadas viñetas, el blanco y negro y la claridad del trazo le sientan como un guante al relato, sin artificios, florituras ni distracciones fútiles—, Asker nos adentra en dos historias entrecruzadas, la de Jess y Chloe, por un lado, y John y Sofía, por el otro, sobre las relaciones de pareja y sus dificultades, así como la infidelidad y la desconfianza, las segundas oportunidades y los nuevos comienzos que surgen como desafío al acomodamiento y a la rutina. También del peso de los encuentros casuales, fugaces, y de cómo las pequeñas cosas, en principio intrascendentes —ese aeropuerto, obvio lugar de tránsito, convertido en símbolo tanto de los destinos a alcanzar y, a la vez, de finales y principios— pueden marcar nuestros actos.

Doble sentido no es una lectura sencilla, debido a su estructura narrativa esquiva, con fragmentación, saltos temporales y giros —¿realidad o ficción?—, y también a una historia de marcado acento cinematográfico, donde el dibujo está por delante del guión, del texto. Jess y John, los protagonistas y sufridores principales de la obra, con frecuencia dicen más con una mirada perdida o un objeto apresado en sus manos que con las palabras reunidas en sus bocadillos, mención aparte para los demoledores silencios al teléfono. Pero es más que comprensible. Es necesario. Lógico, Las relaciones sentimentales, las de verdad, no suman 2+2, no siguen un camino lineal y, por supuesto, no tienen un final de “cuento de hadas” o simplemente una resolución plenamente satisfactoria, por mucho que Hollywood se empeñe. Bravo por Asker y su ambición en trasladar dicha complejidad al papel sin infravalorar al lector, transmitiendo multitud de sentimientos, perfectamente verosímiles y reconocibles en apenas 80 páginas. Viñetas para retratar la vida… y cómo la interpretamos. Muy recomendable.