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Gary Olson, ‘Gary Olson’ (Tapete Records, 2020)

Gary Olson es uno de esos viejos conocidos para los amantes del buen pop. Durante casi dos décadas, el norteamericano ha formado parte de The Ladybug Transistor, el que podríamos calificar como el grupo más británico de Brooklyn. Una banda que pasaba totalmente de las modas, y se dedicaba a hacer lo que mejor sabía: canciones bonitas y elegantes. Ahora, Olson, debuta en solitario sin perder ni un ápice de ese buen hacer y esa elegancia que ha caracterizado toda su carrera.

bdrmm, ‘Bedroom’ (Sonic Cathedral, 2020)

No creo que ningún grupo pionero del shoegaze llegará pensar en algún momento que este sonido iba a durar tanto. Y es que, 30 años después de que se publicaran alguno de los clásicos del género, seguimos encontrándonos con discos que nos trasladan directamente a ese sonido. Uno de ellos es el debut de bdrmm, una banda británica que no tiene ningún problema en beber de grupos como My Bloody Valentine o Slowdive, pero que también recurre a sonidos más actuales.

Perapertú, ‘Experto en Caribes’ (El Genio Equivocado, 2020)

Perapertú se han especializado en un pop sin complejos al que no le falta de nada. Y la verdad es que cada vez lo hacen mejor. Sobre todo, porque no tienen ningún problema en salirse del típico sonido de las bandas independientes nacionales, e irse hacia otro tipo estilos más globales. El trío madrileño le da a cada una de sus canciones lo que necesita, dejando que sea la propia canción la que decida su rumbo. De ahí que sus trabajos sean bastante eclécticos y que en ellos te puedas encontrar casi de todo.

Jehnny Beth, ‘To Love Is To Live’ (Caroline/Music As Usual, 2020)

Jehnny Beth es una de las cantantes más potentes y con más carisma de la actualidad. La vocalista francesa ha demostrado su poderío al frente de Savages, tanto con sus discos, con dos trabajos que forman parte de lo mejor del rock femenino de la década pasada, como con sus directos, que son como una apisonadora. Pero ahora, con la banda prácticamente parada desde 2016, ha tenido la necesidad de comenzar con una carrera en solitario. Y lo hace con un disco arisco y poco complaciente, que tiene sus más y sus menos.

The 1975, ‘Notes On A Conditional Form’ (Dirty Hit, 2020)

Para bien o para mal, The 1975 se han convertido en una de las bandas más importantes de la actualidad. Ya no solo a nivel popularidad, también entre los críticos, que han comprado su propuesta con los ojos cerrados. Y claro, ellos se lo han creído. Solo así se explica que hayan editado un disco que se va más allá de los ochenta minutos, y al que le terminan sobrando la mitad de las canciones.

Phoebe Bridgers, ‘Punisher’ (Dead Oceans, 2020)

Que Phoebe Bridgers se haya convertido en la musa de una generación solo puede suponer una cosa: el mundo está muy jodido. La artista norteamericana no tiene ningún problema en desplegar sus miserias en unas canciones que se mueven en terrenos reposados, melancólicos y tristes. Algo que no ha servido de impedimento para que cada vez tenga más seguidores. Lo que demuestra que, cuando haces las cosas bien, y con sinceridad, se es capaz de conectar con mucha gente. Aunque sea para compartir penas.

Jessie Ware, ‘What’s Your Pleasure?’ (Universal, 2020)

Siempre es una alegría que una artista se lance a la pista de baile sin ningún tipo de complejos. Sobre todo si cuenta con la elegancia y la clase de Jessie Ware. La británica nos ha deleitado durante estos últimos años con su soul y r&b, pero ahora ha decidido que ya es hora de empezar a bailar. Además, su carrera necesitaba un cambio drástico tras su tercer trabajo, el cual no ha fue recibido con mucho entusiasmo.

Haim, ‘Women In Music Pt. III’ (Universal, 2020)

Haim han pasado unos últimos años un tanto chungos. Dos de ellas han tenido que lidiar con las depresiones -una de ellas, la de Daniel, propiciada por el cáncer que le diagnosticaron a Ariel Rechtshaid, su pareja y uno de los productores del disco-, y la más pequeña con la pérdida de su mejor amiga en un accidente de coche. Con estos antecedentes, sería fácil que hubieran publicado el disco más triste de su carrera, pero, sorprendentemente, es todo lo contrario. Estamos ante su trabajo más directo, en el que las canciones, que sí tocan estos temas, suenan más esperanzadoras que nunca. Quizá, porque, el mismo hecho de componerlas, les ha servido de terapia.

Devon Williams, “A Tear In The Fabric” (Slumberland Records, 2020)

Devon Williams ha vivido dos momentos cruciales en su vida en los últimos seis años, que son los que han pasado desde la edición de su anterior trabajo. Por un lado, está la buena noticia del nacimiento de su hija. Sin embargo, por el otro, tenemos el fallecimiento de su padre. Son dos circunstancias que han servido de influencia a la hora de componer las canciones de este cuarto álbum. Aunque, eso sí, se ha decantado por sacar a la luz el lado positivo de la vida y crear una estupenda colección de canciones pop.

Jetstream Pony, “Jetstream Pony” (712550 Records, 2020)

El Indie-pop -el que dio nombre al género, no eso que se han inventado ahora- siempre ha sido una música que ha estado luchando para sobrevivir. Bandas míticas de la escena, hoy veneradas por muchos y muchas, se tuvieron que buscar la vida autoeditándose sus discos, publicando fanzines y compaginando trabajos con su carrera artística. Y eso no ha cambiado en cuatro décadas. Si parecía que, a principio de este siglo, con el revival que vivió el género, por fin se iba a hacer justicia, pero fue un espejismo. En 2020 seguimos con un buen montón de buenas bandas que tienen que luchar para conseguir un hueco en grandes festivales, y hacer miles de números para conseguir salir de gira. Y ya no te digo vender discos o rascar unas cuantas reproducciones en las plataformas de streaming. Algo que ocurre con Jetstream Pony.

Westerman, “Your Hero Is Not Dead” (PIAS, 2020)

Según el propio Westerman, ese héroe al que alude el título de su álbum de debut, no es otro el recientemente fallecido Mark Hollis. Con esa afirmación, ya nos da una pista de por donde van los tiros en su en este trabajo. Pero la cosa no es tan evidente. Sí, hay pequeños retazos de los últimos Talk Talk, esos que prácticamente inventaron la etiqueta post-rock, pero no es ni de largo la influencia principal. Aunque sí es cierto que nos quedamos en esos ochenta sofisticados, algo sintéticos, y bastante reposados.

Muzz, “Muzz” (Matador, 2020)

Muzz han sido bastante inteligentes con su propuesta. La banda formada por Paul Banks (cantante de Interpol), Josh Kaufman (reconocido productor/multi-instrumentalista y un tercio de Bonny Light Horseman), y Matt Barrick (batería de Jonathan Fire*Eater, The Walkmen y del grupo de gira de Fleet Foxes), ha fusionado muy bien el estilo musical de todos sus miembros, pero ha dado protagonismo a la voz de Banks. Y es que, si cuentas con una de las voces más reconocibles del rock de los últimos 20 años, sería absurdo desaprovecharla. Y ellos no se lo han pensado ni un minuto.

Woods, “Strange to Explain” (Woodsist, 2020)

Puede parecer que Woods hacen el mismo disco una y otra vez, pero no creo que eso sea cierto. Sí puede que la banda norteamericana siga las mismas directrices desde el principio de su carrera, pero su sonido se ha ido puliendo con cada disco hasta crear uno propio. Porque, no hay que olvidar que, en sus primeros trabajos, disfrutaban bastante de los sonidos más lo-fi. Algo que ahora brilla por su ausencia.

Joel Sarakula, “Companionship” (Légère Recordings, 2020)

Con estos tiempos terribles que nos está tocando vivir, casi sería comprensible que la música marcada por las tendencias del momento pierda fuelle, que el oyente opte por escapismo hacia estilos y músicas que nos lleven a otro momento y a otro lugar. Está claro que donde sea que habita la música de Joel Sarakula no hay pandemia que valga y nadie piensa en el distanciamiento social. Como mucho, la mayor preocupación de la sociedad que habita en esa música ha de ser que el hielo de su Martini se haya derretido en el tiempo en que se han dado un chapuzón en la piscina.

I Break Horses, “Warnings” (Bella Union, 2020)

I Break Horses han tardado seis años en editar su tercer trabajo. Quizá, por eso, muchos de los que disfrutamos de sus dos primeros álbumes, nos habíamos olvidado un poco de ellos. Pero una sola escucha a este nuevo disco, ya vale para recordar lo bien que han llevado el shoegaze y el dream-pop al Siglo XXI

Hinds, “The Prettiest Curse” (Lucky Number, 2020)

Si sois de los que os tiraba para atrás la música de Hinds por su producción algo lo-fi y su rollo amateur, ya no tenéis excusa. La banda madrileña ha cambiado las tornas en su tercer trabajo, llevando su sonido a mundos más pop, y expandiendo su propuesta mucho más allá del garage-rock.

Rolling Blackouts Coastal Fever, “Sideways To New Italy” (Sub Pop, 2020)

Una de las cosas que siempre se le ha criticado a los grupos que debutan con un álbum recibido con alabanzas y entusiasmo, es el hecho de repetir fórmula. Pero si hacemos un repaso a la historia de la música, nos encontramos con segundos trabajos que siguen este patrón, y que son sobresalientes. Pongamos por ejemplo el “Room On Fire” de The Strokes, un disco que contiene varios clásicos de la banda. Además, ya hemos podido ver cómo ha sido su evolución en discos posteriores. Todo esto es algo que se le puede aplicar al segundo largo de Rolling Blackouts Coastal Fever, que suena igual de bien que su primer álbum, y que contiene otro buen puñado de canciones notables.

Nation of Language, “Introduction, Presence” (Self-Released, 2020)

A lo largo de las últimas tres décadas, se han publicado tantos discos que beben del synth-pop de los ochenta, que muchas veces da un poco de pereza enfrentarse a un nuevo trabajo de estas características. Pero también es cierto que a veces te puedes llevar una gran sorpresa. Es el caso de “Introduction, Presence”, el debut de Nation of Language, un grupo de Brooklyn que está recibiendo unas críticas de lo más entusiastas con este disco. Y no es para menos, porque recuperan ese sonido de una forma extraordinaria, y le dan un toque actual que hace que no estemos ante el enésimo refrito.

Perfume Genius, “Set My Heart on Fire Immediately” (Matador, 2020)

No es fácil llevar una carrera en continuo ascenso y seguir creciendo artísticamente con cada nuevo trabajo, pero Mike Hadreas lo está consiguiendo. Es innegable que Perfume Genius se ha convertido en uno de los proyectos musicales más interesantes de la actualidad. Y lo ha hecho por la perseverancia del propio Hadreas, que, en cada nueva etapa, decide hacer algo diferente. Y es que, hay una diferencia abismal entre el Hadreas etéreo que hacia delicadas baladas al piano hace diez años, y el de ahora. Poco a poco, sus discos, se han ido convirtiendo en obras más complejas (musicalmente hablando), las cuales, sorprendentemente, funcionan cada vez mejor. Y el mejor ejemplo es su último álbum.

Car Seat Headrest, “Making a Door Less Open” (Matador, 2020)

Lo de que el rock se fije en la electrónica no es nada nuevo. A lo largo de las últimas décadas, una buena cantidad de artistas se han visto seducidos por el mundo sintético, y algunos han conseguido resultados más que interesantes, pero la mayoría se ha quedado a medias. Porque una cosa está clara: o te lanzas a la piscina, o te quedas donde estas. Will Toledo, líder de Car Seat Headrest, ha optado por fusionar, literalmente, su faceta rock de siempre, con otra más electrónica. Algo que, de todas formas, no es algo nuevo para él, porque ya contaba con un proyecto llamado 1Trait Danger, en el que exploraba estos sonidos. Pero sí es cierto que es la primera vez que lo hace con su banda principal.

Confeti de Odio, “Tragedia Española” (Snap! Clap! Club!, 2020)

No es un secreto que el álbum de debut de Confeti de Odio es uno de los discos nacionales más esperados del año. El artista madrileño se ha ganado a pulso la expectación que ha levantado. Ya sea por su Ep previo, el estupendo “Llorando de fiesta”, o por los singles con los que nos ha deleitado en los últimos dos años. Incluso hasta ha escrito un libro.