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The Chemical Brothers, “No Geography” (Universal, 2019)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Si hace más de veinte años, cuando bailaba ‘Leave Home’ o ‘Block Rockin’ Beats’ en el Festival de Benicàssim, me hubieran dicho que en 2019 iba a seguir disfrutando de lo lindo con The Chemical Brothers, no me lo hubiera creído. Pero aquí estamos, dos décadas después, y delante de otro gran disco del dúo de Manchester. Y es que, Tom Rowlands y Ed Simons han sabido cómo llevar su carrera a la actualidad sin perder su esencia. Algo que resulta más que evidente en “No Geography”, su disco más fiestero desde aquél “Surrender” de 1999.

El noveno disco de The Chemical Brothers es un trabajo incombustible, en el que se acercan a lo que, más o menos, ofrecen en directo. De hecho, hay pocos espacios en blanco, y buena parte de las canciones están enlazadas entre sí. Esto hace que también sea de lo más coherente. Y eso que, dentro de lo que es la música electrónica, es de lo más variado. Porque estamos ante una especia de enciclopedia musical en la que entran sonidos acid-house, música disco, trance, retazos de hip-hop, e incluso synth-pop. Todo ello fusionado con estilo y soltura, y llevado a su terreno.

No estamos ante un disco de canciones como otros de sus trabajos. Aquí no hay colaboraciones estrella, como las de Beck, Noel Gallagher o St. Vincent y, entre una multitud de samplers, tan solo aparece la voz de la cantante noruega AURORA. Eso sí, no puede ser más entretenido. Y es que, a ver quién se resiste a ese dúo inicial formado por ‘Eve Of Destruction’ y ‘Bango’, que haría mover los pies hasta a un muerto. O a esos Chemical que se dejan llevar por el mal rollo en ‘Free Yourself’ y ‘MAH’, que son dos auténticos pelotazos. Por cierto, que en la segunda casi se hacen un homenaje a ellos mismos acercándose a su ‘Out Of Control’.

No Geography” también trae unas cuantas sorpresas de lo más agradables. Empezando por el tema que da título al disco, que nos muestra su lado más amable y melancólico. Todo gracias a una estupenda línea de sintetizador, y a unas bases que están más cerca de los ochenta, que de los noventa. Además de ese sampler de Michael Brownstein, que le viene como anillo al dedo. Tampoco resulta difícil enamorarse al instante de los sonidos disco de ‘Got To Keep On’, que contiene unas campanas de lo más irresistibles. Aunque, para irresistible, la contenida, pero realmente brillante, ‘We’ve Got To Try’, donde aparece su lado más soul y espiritual. Algo de lo que también dan buena cuenta en ‘Catch Me I’m Falling’, el precioso corte que cierra el álbum.

Casi treinta años después de su formación, The Chemical Brothers demuestran que siguen en plena forma, y nos dejan uno de los mejores discos de su carrera.

Valoración: 8,1

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