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Soleá Morente, “Ole Lorelai” (Sony 2018)

Autor: | @sergiomiro

Antes de fallecer el gran Enrique, la carrera artística de su hija Estrella Morente ya estaba más que encaminada hacia la posición de estandarte femenino del cante flamenco. De la hija más pequeña, apropiadamente bautizada como Soleá, estaba todo por conocer, aunque ya sabíamos que también le corría la inquietud artística por las venas y que sus inclinaciones eran más atípicas, más cercana a ese mundo indie que tanto aplaudió las incursiones más atrevidas de su padre, desde Omega hasta las colaboraciones con Sonic Youth.

Justamente la necesidad de valerse de la música para asumir la tremenda pérdida de Enrique fue el punto de ignición de la carrera de Soleá, con aquel EP llamado Encuentro (2013) firmado junto a Los Evangelistas. Contando con la complicidad de Los Planetas, Lagartija Nick y demás mitos de la historia del indie patrio -consolidada con el consiguiente debut de larga duración Tendrá que haber un camino (2015)-, Soleá fue cogiendo posiciones como estrella del pop en ciernes, aunque sin llegar abandonar el respeto al flamenco que corre por sus venas.

Ahora que ya podemos disfrutar de la esperada continuación a esos trabajos, podemos decir que ya estamos ante una artista formada y con un discurso muy definido a pesar de la variedad de palos que incluye en su fórmula. Influye, además de la experiencia adquirida, que en esta ocasión se aparca la idea de disco creado a base de acumular colaboraciones, y se apuesta por una visión de conjunto en la que sobre todo tiene peso la figura de Alonso Díaz (de los todavía infravalorados Napoleón Solo) como productor y la participación de Lorena Álvarez en coros, composiciones e ideas varias.

Parece ser que fue justamente una canción que Alonso hizo con Soleá en mente, Ya no sólo te veo a ti, la que indicó las jugosas posibilidades que ofrecía este equipo artístico. Curiosamente, la canción tiene una melodía y una estructura que podría encajar en cualquier disco de Napoleón Solo, pero pasada por el filtro de Morente se convirtió en algo diferente, en una sugerente pieza en la que tanto se identifican rastros del pop susurrado de Jeanette (en un registro de voz inédito en Soleá) y toques del flamenco-pop de Las Grecas. El resultado, con su letra de empoderamiento sentimental, es una pieza potentísima, actual y original, una justificada piedra angular sobre la que hacer gravitar el resto de las composiciones hasta completar el disco.

Pero Ole Lorelei es mucho más, y nos deja otras caras de Morente, todas ellas compatibles con la mencionada Ya no sólo te veo a ti. El atrevimiento con el pop más descarnado es llevado hasta unas consecuencias inimaginables con la contagiosa Baila conmigo, donde una Soleá “con el guapo subido” se apunta a combinar las enseñanzas de Fangoria y las de Camela. Es una canción que se le puede atragantar a los que tengan según qué prejuicios, pero que tiene costuras de futuro clásico en el repertorio de Morente y de himno en verbenas del moderneo.

Otro desafío a puristas, en este caso del mundo flamenco, es La misa que voy yo, una soleá cantada con auto-tune cuya relevancia cultural (ya se verá) podría acabar comparándose a la que generaron Camarón y sus compañeros de generación al electrificar el cante. Podría habérsele ocurrido a cualquiera, pero quien lo ha llevado a cabo es Soleá, y en un disco con el grado de proyección que ofrece una multinacional. Es una pieza muy cortita, como otras dos que abordan (ahora sin inventos tecnológicos) los palos más tradicionales del flamenco, desde las alegrías (Grandes locuras) al fandango (Por tu querer como un niño). Soleá los ha bautizado, por su brevedad, como “micro-cantes”, y son otro de los puntos que equilibran un disco en el que caben otras piezas notorias como la peculiar apropiación aflamencada de un tema de Sinead O´Connor (La alondra), la valiente visita al legado de su padre (Amores), o la canción española pasada por el filtro del R´n´B contemporáneo (Anoche me preguntabas).

Valoración: 8

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