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Robyn, “Honey” (Konichiwa Records/ Universal, 2018)

Autor:  | Google+ | @curtillo

El otro día, en un tuit, un chico comentaba que Robyn había pasado de hacer un disco para llorar en la pista de baile, a uno para follar. Quizá, es una afirmación un poco bestia, pero la verdad es que no deja de ser algo cierta. El primer trabajo en ocho años (en solitario) de la cantante sueca destila sensualidad por todos los lados, desde las letras, hasta los sugerentes beats, los cuales, ha rebajado de velocidad. Pero ojo, que sigue contando con alguno de esos temas que te hacen bailar con la lagrima cayéndote del ojo.

Si algo ha caracterizado la carrera de Robyn en todos estos años, es su afán por no encasillarse. Lo que empezó siendo como una respuesta europea al R&B norteamericano de los noventa, se ha convertido en uno de los proyectos de música electrónica y dance más personales del viejo continente. Y es que, la de Estocolmo, podría haber optado por repetir la jugada de temas como ‘Dancing on My Own’ o ‘Call Your Girlfriend’, pero, en lugar de irse al hit más fácil, se ha dejado llevar por ritmos más sugerentes y ensoñadores, con los que ha terminado haciendo un disco que crece con las sucesivas escuchas.

Junto a su inseparable Klas Frans Åhlund, y a Joseph Mount de Metronomy, Robyn ha hecho de “Honey” una de las colecciones de canciones de este 2018. Es un trabajo de lo más completo, en el que hay hits incontestables, como esa ‘Missing U’ que lo abre a ritmo de electropop, o esa ‘Ever Again’ tan sumamente pop que lo cierra. Además del tema titular, en el que fusiona esa sensualidad de la que tanto disfruta en la actualidad, con su faceta más tristona. Toda una delicia de canción que va directa a lo mejor del año. Y luego tenemos ‘Because It’s In The Music’, donde también se saca de la manga otro hit de lo más sintético. Las sorpresas llegan en un tema como ‘Human Being’, en la cual se pone de lo más sugerente, y nos deja una canción con unos ritmos secos, y algo extraños, que te atrapan desde el primer momento. Pero si hablamos de sugerencia y sensualidad, es el dúo formado por ‘Baby Forgive Me’ y ‘Send To Robin Immediately’, el que se lleva la palma. Estos dos temas, reposados y ensoñadores, que se fusionan para crear los diez minutos más cálidos del disco, son una auténtica joya. Además, en la segunda, se atreve con un sampler del ‘French Kiss’ de Lil Louse, aquél clásico del house de finales de los ochenta que acababa con un orgasmo femenino. Por cierto, que la idea de meterlo ha sido de Adam Bainbridge, más conocido como Kindness. Y como Robyn no tiene ningún problema en confesar sus influencias, en ‘Between The Lines’ se va de lleno a principio de los noventa, y se fija en el ‘Gypsy Woman’ de Crystal Waters, creando un corte que se aleja del resto del álbum y se acerca a sonidos más R&B.

No es ninguna novedad si decimos que Robyn se ha convertido en una de las artistas más influyentes de la actualidad, resulta evidente haciendo un pequeño repaso a muchos de los últimos éxitos del pop femenino, pero aquí da un paso más allá, y nos deja un trabajo que, a buen seguro, servirá de influencia a las estrellas del futuro.

Valoración: 8,2

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