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Molly Nilsson, “Twenty Twenty” (Night School Records, 2018)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Con la independencia como bandera, y la autosuficiencia como modelo de trabajo, Molly Nilsson se ha hecho un hueco en la escena europea, que ha acogido su synth-pop melancólico y lo-fi con los brazos abiertos. Y no es para menos, la artista sueca, residente en Berlín, ha mostrado con creces que sabe lo que es actualizar los sonidos de los ochenta y darles una personalidad propia. Además, en sus últimos trabajos, ha optado por dejar de lado su faceta más experimental, e irse de lleno al pop sin complejos. Algo que eleva su música a un nivel mucho más alto.

Twenty Twenty” nace de una experiencia en el aeropuerto de Tokio, en la cual, Nilsson, medio dormida, y cansada por la espera, vio un cartel de las Olimpiadas de 2020. A raíz de eso, le vino a la cabeza, que era un año que parecía muy lejano, pero que, a su vez, estaba lo suficientemente cerca como para poder hablar de él. Pero vamos, todo esto es casi anecdótico, porque, al final, estamos ante otro trabajo en el que la sueca critica capitalismo de esta sociedad, y algún problema más, como el de las armas y lo fácil que es obtenerlas.

Musicalmente, estamos ante un disco más reposado que el anterior, en el que las baladas sintéticas están a la orden del día, y en el que los sueños eléctricos cobran protagonismo. Canciones como ‘Every Night Is New’, ‘A Slice of Lemon’ o ‘Your Shyness’, van hacia ese sonido tan característico suyo, en el que, con una producción un tanto casera (no hay que olvidar que ella hace absolutamente todo lo relacionado con su música), y unos teclados rebosantes de épica, se saca de la manga unas composiciones que funcionan a la perfección. Incluso, cuando se pone más minimalista, como es el caso de ‘Serious Flowers’, en la que ni siquiera hay una caja de ritmos, también le sale bien. Pero ojo, que no todo el álbum se va hacia ese camino, porque hay par de temas en los que deja un poco de lado ese tipo de sonido. Se trata de ‘Gun Control’, una canción mucho más pop y más estándar, que es una delicia, y de ‘Days of Dust’, el gran hit del disco, en el que, incluso, mete una guitarra un tanto sucia.

Nos da mucha pena que Molly Nilsson no sea una artista mucho más conocida, porque tiene canciones de sobra para serlo, pero si es cierto que, ni ella misma, tiene ganas de meterse en esos berenjenales. De hecho, ni siquiera sube sus discos a Spotify, así que, si ella está contenta así, nosotros también.

Valoración: 8

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