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Mac DeMarco, “Here Comes the Cowboy” (Caroline, 2019)

Autor: | @sergiomiro

El cuarto larga duración oficial de Mac DeMarco (obviando sus muchos EP´s y trabajos satélite, que también tienen bastante significado en el conjunto de su carrera) sirve también para inaugurar su propio sello, al que ha bautizado con el explícito y cachondo nombre Mac´s Record Label. Así es DeMarco: no para de trabajar e incluso da pasos importantes que conllevan cierta responsabilidad, como instalarse en la bulliciosa Los Angeles o sostener su propio sello, pero no puede evitar quitarle solemnidad a la cosa poniéndole un nombre tonto o ilustrando su disco con una cutre pero entrañable chapa que le compró a un hombre en la montañas de Chattanooga, Tennessee.

La duda era si su música mantendría parte de ese espíritu desenfadado y bufonesco que le hizo célebre, o si cavaría más hondo en la senda intimista y reflexiva que abrió con su anterior trabajo, “This Old Dog(2017). Al final podemos decir que DeMarco se ha quedado confortablemente en la mitad del camino, publicando el que probablemente sea su trabajo más austero y parsimonioso, pero al mismo tiempo dejando la puerta siempre abierta a cualquier chorradilla que aligere el ambiente y que no nos haga preocuparnos demasiado por su estado de ánimo.

Ya desde el comienzo vemos a dónde puede llevarle su lado más ligero, en este caso con un número experimental con la frase que da título al disco repetida una y otra vez con cierto tono burlesco. “Aquí viene el cowboy”, nos canta DeMarco, sin intención alguna de abrazar el misticismo que la cultura norteamericana le ha otorgado a esa figura a lo largo de la historia.

Los guiños country de la guitarra y la percusión de esa pieza (tocados, como prácticamente todos los instrumentos del disco, por el propio De Marco) son las únicas concesiones a ese estilo que vamos a escuchar. No en vano, enseguida la cosa ya coge otro nivel con la ya conocida y celebrada ‘Nobody’, un ejercicio de concisión y encanto que marca el tono y el nivel para otra canciones similares que irán apareciendo más adelante: ‘Finaly Alone’ (la más cercana al soft-rock que tanto ama nuestro hombre y que tan bien ha evocado en previos discos), ‘Little Dogs March, Preoccupied’ (con un exquisito arreglo de guitarra solista), ‘Heart to Heart’ (dominada, para variar, por un piano eléctrico), ‘Hey Cowgirl, On The Square’ (con costuras, casi, de balada convencional), All ‘Of Our Yesterdays’ y ‘Baby Bye Bye’, que cierra el disco con una encantadora coda cantada a coro.

La cosa es que después de ese buen sabor de boca, DeMarco no puede resistirse a despedirse con un pasaje instrumental a modo de hidden track que mezcla un groove funky semi-improvisado y coronado por gritos, risas maniacas y demás desvaríos. Un poco antes en el disco, el ritmo también cambiaba repentinamente con otro tema de tono funk y cuyo ‘Choo Choo’ del título no engaña: todo se limita a onomatopeyas ferroviarias y a un gran golpe de gong por la cara. Son los pocos momentos en los que DeMarco se niega a dejar que le veamos madurar del todo, en los que intenta ocultar lo que, ya de forma descarada, desvelan piezas como ‘K’ o ‘Skyless Moon’, las más desnudas y sinceramente bellas del lote. Podríamos frustrarnos mucho con esta indefinición, pero al mismo tiempo, si movemos demasiado las piezas y las ordenamos, podríamos estarnos cargando la esencia de DeMarco. Y lo que de momento tenemos claro es no andamos sobrados de artistas como él.

Valoración: 7

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