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Jade Bird, “Jade Bird” (Glassnote, 2019)

Autor: | @sergiomiro

El EP de debut de Jade Bird llevaba por título “Something American, un indicativo precoz de que la carrera de esta jovencísima británica (21 años) iba a tener su desarrollo y su mayor público potencial en los Estados Unidos. Eso no ha hecho más que amplificarse con su primer larga duración, una sólida obra que se vale de elementos de folk, pop, rock y country para encaminar a Jade Bird hacia un inquebrantable ascenso al estrellato. Sin llegar a entregarse del todo al brillo comercial de, digamos, una Taylor Swift, lo cierto es que Bird sabe bien hacia dónde llevar sus canciones para conectar con el gran público, ya sea con unos estribillos explosivos, o bien a partir de unas letras que sacan partido de temas recurrentes como las dudas juveniles o el desamor (atención a ‘Good at It’, una perfecta mezcla entre el despecho de Alanis Morisette en ‘You Oughta Know’ y los agobios celosos de Perales en ‘Y cómo es él’).

El ingrediente esencial es, sin embargo, la voz. Algo tan sencillo y efectivo como eso, pero que no siempre lo tenemos en cuenta a la hora de celebrar a un nuevo artista. Y es que la garganta de Bird no nos deja mirar a otro lado. Casi cada uno de los temas aquí contenidos nos podrían hacer pensar en que estamos ante una dulce cantante más, dispuesta a mecernos con suaves tonadas sustentadas en el rasgueo acústico. Cuando estamos a punto de relajarnos, es cuando Bird pone la quinta marcha y saca, cual arma secreta un rasposo chorro rockero de armas tomar. Así, una canción como ‘I Get No Joy’ es capaz de elevar el vuelo sin más elementos que una eficiente banda moviéndose educadamente entre los acordes marcados. Y en temas como ‘Uh Huh’ o ‘Going Gone’, donde la energía ya reina desde el principio, la cosa es abrumadora. Bird es la reina de la fiesta y nada puede quitarle el protagonismo.

Por eso, la producción destaca por la poca atención que reclama. Como pasa en los buenos discos de música americana, si las canciones y la voz están en su sitio, tan sólo hace falta una banda solvente para subrayar lo ya evidente. En el caso de este disco, el mérito está en haberlo sabido ver, y ahí hay que agradecer que la labor recayera sobre el gran Simone Felice, un cantautor de sobrado prestigio que dobla a Bird en edad pero que aquí ha sabido hablar el idioma que ella demandaba.

Y es que la figura de Felice es de las pocas influencias externas que ha permitido Bird, quien ya dejó claro que quiere hacer sus canciones solita, declarando que no necesita la ayuda de “cuarentones blancos” para componerle temas de éxito. ¡Como para llevarle la contraria!

Valoración: 7

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