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Hot Chip, “A Bath Full of Ecstasy” (Domino, 2019)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Tras su, un tanto irregular, anterior trabajo, Hot Chip necesitaban un pequeño cambio de aires. Un cambio que ha llegado con Philippe Zdar y Rodaidh McDonald, los dos productores externos que se han encargado de aconsejar a la banda inglesa en su séptimo trabajo. Por cierto, que Zdar, también miembro de Cassius, y productor de bandas como Phoenix, Cut Copy o Franz Ferdinand, falleció repentinamente la semana pasada, cuando se cayó desde un piso 19 en París. Zdar era un experto en llevar el pop a la electrónica, y eso es lo que ha hecho en buena parte del nuevo trabajo de Hot Chip, el cual, es su álbum más reposado y maduro hasta la fecha.

En “A Bath Full of Ecstasy”, Hot Chip han apostado por explotar su faceta más emotiva. Algo que llevan intentando, con resultados dispares, desde unos cuantos álbumes. Lo bueno es que, aquí, sí que consiguen dar con los temas adecuados. Y es que, si empiezas un disco con un corte como ‘Melody of Love’, ya tienes buena parte del trabajo hecho. Estamos ante una de esas canciones donde la banda londinense tira hacia su lado más épico y emocionante. Además, han dado en el clavo metiendo ese sampler de la banda de góspel The Mighty Clouds of Joy, que, tras la inevitable parada, lleva a la canción a eso que ellos mismos han calificado como “explosión de pop technicolor”. Una explosión que también aparece en ese hiper-pegadizo estribillo con el que cuenta ‘Positive’, otro de los grandes momentos del disco. Pero también en cortes algo más reposados, como ese baladón llamado ‘Why Does My Mind’, en el que casi se acercan a OMD, o en la curiosa, y absolutamente luminosa, ‘No God’, que cierra el disco de la mejor forma posible.

Hot Chip no han dejado de hacer música para bailar, pero sí que han decido utilizar otro tipo fórmulas para hacerlo. Así, salvo esa excepción en clave de house llamada ‘Hungry Child’, que es puro Hot Chip, el resto de los temas más bailables, se van hacia otros caminos. Así, nos encontramos con ‘Spell’, un tema con el que nos dejan claro que son más seguidores del synth-pop ochentero de lo que nos pensábamos. Pero mejor es ‘Echo’, donde tiran de sonidos muchos más cálidos y se dejan la frialdad para otra ocasión.

Quizá, hay algún tema en el que se han pasado de vueltas, como el corte que da título al álbum, que es una cosa extraña con bien de vocoder y un solo de guitarra, pero el resultado no puede ser más positivo. Eso sí, la portada es un espanto.

Valoración: 7,8

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