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Benjamin Francis Leftwich, “Gratitude” (Dirty Hit, 2019)

Autor: | @sergiomiro

No parece que Benjamin Francis Leftwich quiera hacer demasiado para quitarse la etiqueta del “Bon Iver británico” que le cuelga desde que apareció en la escena. Tras unos primeros trabajos que pulían un poco el subgénero de “música que podría haber sido gestada en una cabaña”, Leftwich parece haber continuado con el manual no oficial del proyecto de Justin Vernon y ha sofisticado enormemente su sonido, apoyándose con fuerza en la manipulación de sonidos orgánicos y en efectos de voz que, como no, incluyen el autotune/vocoder /Antares Harmony Evo, o similares.

Aunque ni mucho menos podríamos tacharle de inmovilista, Leftwich es mucho más conservador y accesible que Vernon, por lo que este “Gratituderesulta una experiencia auditiva mucho más inmediata y placentera que “22, a Million. También, todo sea dicho, es menos excitante. Por cierto, que las impecables atmósferas del disco no son una casualidad, ya que han contado con la producción y las mezclas de Beatriz Artola, responsable del sonido de incontables exitazos, desde Adele hasta Nelly Furtado.

Comparaciones aparte, Benjamin tiene una voz lo suficientemente agradable como para servir de perfecta banda sonora en cafeterías modernas, pero al mismo tiempo ese fondo rasposo puede remitirnos a figuras respetables del pop adulto como Peter Gabriel. Tan sólo hay que escucharle en el contexto adecuado, con lo que, si decide ofrecernos una balada tirando a convencional como ‘Luzern’, probablemente derrita muchos corazones, pero a nosotros nos dejará tirando a fríos; sin embargo, si le da por forzar un poco la máquina y combinar ritmos tribales con algún sample de aires tibetanos, como en ‘Look Ma!’, la cosa puede ponerse interesante.

Para el joven de York, ha sido un periodo muy extraño y complicado en el que se juntó la muerte de su padre con la llegada de una fama más repentina y desmedida de lo que fue capaz de asimilar. Ahora siente que está dejando atrás toda la oscuridad y toxicidad que esa etapa trajo consigo, y de ahí el tono íntimo y relajado, así como esa “gratitud” que da título al disco, un agradecimiento sincero al hecho de poder componer y cantar en medio de la tormenta, y un intento de encauzar todo ese talento innato hacia una estabilidad emocional más sostenible.

Valoración: 6,5

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