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Bailen, “Thrilled To Be Here” (Caroline, 2019)

Autor: | @sergiomiro

Un sencillo buceo en la red proporciona la posibilidad de degustar unas cuantas actuaciones en directo de Bailen, casi todas ellas centradas en la desnudez y el sonido acústico del trío. Escúchese, por ejemplo, su interpretación del single (y tema de apertura de su debut discográfico) ‘Something Tells Me’ desde los estudios NunOise de su Nueva York natal. Ahí encontramos todo lo que hace falta para descubrir que tienen algo especial. Basta ver a los dos gemelos Bailen y a su hermana ocupándose solitos de sus instrumentos (guitarra, bajo, teclados y batería) y, sobre todo, la imponente forma en la que los tres unen sus voces en unas armonías que ponen los pelos de punta y que, sí, poseen algo de ese “toque Fleetwood” que tanto bueno hizo por las también hermanas Haim.

Contando también con impecables canciones (de hecho, entraron a grabar este trabajo con casi un centenar de opciones bajo el brazo, y sudaron para elegir las 11 sólidas propuestas que ahora nos llegan), sólo necesitaban ser cuidadosos con la forma en que quedaban registradas. La tentación para revestir el evidente potencial comercial de su sonido con artificiosas capas del sonido pop de Nashville podría haberlo arruinado todo. No en vano, Bailen se mueven en una delicada frontera, y no cuesta imaginar a fans de las Dixie Chicks o de LeAnn Rimes disfrutando con este “Thrilled To Be Here. Pero es que en el ADN musical de este trío se incluyen muchos más factores, que van desde su formación clásica, hasta la impronta que les dejaron sus padres (ella flautista, él compositor), o una ecléctica colección de discos donde pesan nombres canónicos como los Beatles, Joni Mitchell o, por supuesto, Fleetwood Mac. De ahí que fuera una bendición que la responsabilidad final del sonido y el tono de su disco quedara en manos de alguien como John Congleton, uno de los productores de moda de la última década, tan fogueado con el indie contemporáneo (Future Islands, The War on Drugs, Cymbals Eat Guitars), como con viejas glorias que no quieren perder el tren (Blondie) o con visionarios pop de ayer y hoy (David Byrne, St. Vincent).

El resultado es un disco que respeta la esencia de los hermanos tal y como la dejan sentir cuando están a solas en un pequeño escenario, pero con una sana dosis de vitaminas que a veces nos regala auténticas explosiones de energía eléctrica (no hay más que escuchar el puente de la excelente ‘I Was Wrong’, a partir del minuto 2:20, para alucinar con cómo son capaces de rockear estos hermanos), y que hacen que piezas aparentemente inofensivas como ‘Eyelashes’ sean capaces de romper su preciosismo con un contundente crescendo final. Un primer gran paso.

Valoración: 7,8

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