El poder de una guitarra cristalina

Tiene narices que DIIV lleven más de una década de carrera y que la de ayer fuera su primera cita en una sala de Madrid. Aunque también es cierto que el grupo de Brooklyn se ha pasado la mitad de esa década lidiando con descansos intermitentes por alguna adicción que otra. Pero bueno, el caso es que, por fin, y de la mano de SON Estrella Galicia, los pudimos ver en una sala madrileña y comprobar como se las gastan en directo. Y ahí que decir que su público, que estaba bastante entregado desde el principio, no salió decepcionado del Independance. Aunque sí es cierto que fueron un poco ratas y tocaron poco más de una hora.

Abrió la noche Strorefront Church, el proyecto del musico de Los Ángeles Lukas Frank. Una elección bastante curiosa, ya que, la suya, es una propuesta bastante tranquila y algo cinematográfica. Y claro, tener a un artista tocando lentas canciones al teclado frente al publico de DIIV, no deja de ser algo arriesgado. De hecho, salvo las primeras filas, el resto de la sala estaba de chachara y pidiendo en las barras. Pero lo cierto es que supo trasladar muy bien todo ese poso ambiental que tienen sus canciones al escenario. En parte, porque también cuenta con una voz potente y envolvente. Algo que pudimos comprobar en la sentida interpretación de “The Gift”, el que su mayor éxito. Además, en su tramo final, sorprendió levantándose de su silla y dejándonos cinco minutos de locura sonora. La cual, por cierto, dedicó a su novia, que estaba presente.

DIIV es una de esas bandas que cuenta con dos facetas muy claras. La primera, que es con la que se dieron a conocer, nos lleva hasta sonidos más dream-pop y luminosos. Y la segunda, que es la encontramos en su último trabajo, endurece su sonido, e incluso se acerca a la pesadez de algunas bandas grunge de los noventa. Evidentemente, cayeron las dos, pero sí hay que decir que los mejores momentos del concierto llegaron de la mano de su sonido más ensoñador. Con él, y con temas como “(Druun)” y “Past Lives”, abrieron el concierto. Y ya al tercer tema, que no fue otro que “Under The Sun”, se desató la locura. Y no es para menos, porque es alucinante como suenan esas escalas luminosas de Andrew Bailey. Algo de lo que también dieron buena cuenta en “Doused”, que desató la euforia en las primeras filas.

No es que su faceta más densa y sucia sea inferior, pero sí es cierto que no lograron que sonara tan bien como cuando tiran de limpieza sonora. Y es que, en muchos casos, su distorsión se comía parte de su sección rítmica, y sus voces, las cuales se van turnando Zachary Cole Smith y Colin Caulfield, apenas lograban distinguirse. Así que lo mejor de esta faceta llegó cuando bajaron el ritmo y entregaron semi baladas como “Between Tides” y “Like Before You Were Born”. Además de en esa densa “Horsehead” con la que cerraron la primera parte del concierto. Eso sí, para el bis se dejaron “Bent (Roi’s Song)” y “Blankenship”, dos de las mejores canciones de su discografía. Además de dos temas que representan muy bien sus dos mundos sonoros.