De Red Bull podría decirse básicamente que se ha convertido en la familia Medici del siglo XXI: a través de una excepcional y archiconocida estrategia de marketing, especializada en los deportes de riesgo por un lado, y en la creación, promoción y difusión de eventos culturales de todo tipo por otro –entre los que destacan aquellos que giran en torno a la creación artística de vanguardia-, la bebida austriaca se ha erigido como el principal impulsor de nuevos talentos musicales, así como de eventos centrados en la exhibición de los mismos. Y todo esto sin caer en el habitual bombardeo y saturación de producto que suelen incorporar este tipo de mecenazgos.

En este marco y desde la posición que justamente se han ganado, la bebida energética, a través de su Red Bull Music Academy, presentó el pasado lunes de forma simultánea en varias ciudades, el documental What difference does it make?, un espectacular recorrido por la experiencia que supone ser seleccionado para participar en este exclusivo centro de alto rendimiento  que cada año y desde una base distinta –este año le toca a Tokio- se encarga  de seleccionar a 60 artistas, cada uno de su padre y de su madre, para desarrollar y facilitar su prometedora carrera musical.

En el documental apenas hay concesiones a la riqueza, la fama, el reconocimiento profesional u otros elementos que puedan componer la parte más atractiva –para muchos- de este proceso. Profesores de la talla de Philip Glass, Todd Edwards o Erykah Badu se acercan a sus alumnos para hablarles del mundo de la música huyendo de consejos tajantes e invasivos –y en muchos casos desafortunados-, como los que solemos ver entre, por ejemplo, los coaches de programas de televisión cuyo objetivo, a priori, pueda ser el mismo (ejem.) que el de estos mentores.

Se percibe en todos ellos una humildad no impostada y una predisposición constante al aprendizaje y a la adopción de nuevos sonidos. Un  necesario abandono de las adulaciones y la mitificación de los artistas en aras de una búsqueda del bienestar y satisfacción comunes a través de la música. La importancia del ser uno mismo como leit motiv, que no por manida, deja de ser menos cierta.

Todo esto, intercalado con las reflexiones de músicos afines a la filosofía de la academia y las demostraciones del enorme partido que han sacado los participantes a sus clases, convierten este documental en una pieza indispensable, no sólo para los amantes de la música, sino para todos los interesados en cualquier tipo de expresión artística. La película está disponible de forma gratuita y la puedes ver más abajo.

Foto: Gianfranco Tripodo