Puede que recuerdes a Diesel Park West. No sería raro que guardaras en tu colección un ejemplar de su celebrado debut, Shakespeare Alabama (1989), que puso a esta banda de Leicester en el disparadero de la gloria rockera, con gran éxito de crítica y público. Más difícil será que les hayas seguido la pista a lo largo de los siguientes 30 años y ocho discos, en los que tuvieron tiempo para perder el tren de la gloria masiva y labrarse un pequeño mito como auténticos supervivientes del oficio musical.

Todo esto podría dar igual a la hora de enfrentarnos a este Let It Melt, ya que la banda nos llega con energías renovadas y con ganas reales de abrir un nuevo capítulo. Nada podía sentarles mejor que el sonido crudo y espontáneo que han conseguido con la ayuda en las mezclas de su nuevo aliado, el respetado cantautor tejano Salim Nourallah (que además es cofundador del sello Palo Santo, en el que se publica el disco). Lo extraño, de hecho, es que hasta ahora su discografía tuviera más bien la tendencia a una producción más forzada y ampulosa, con lo que se perdía la esencia de buena banda de bar que llevaban dentro. Ahora que quizás ya han asumido que no llenarán grandes estadios, están ofreciéndonos su lado más fresco y disfrutable.

Eso sí, por el camino también han perdido cualquier pudor a mostrar descaradamente sus influencias. Sí, el título del disco es un guiño al Let It Be de The Beatles y, sobre todo, al Let It Bleed de los Stones. Y es que, si bien la sombra stoniana siempre se había dejado caer por su discografía, en Let It Melt la cosa a veces se acerca peligrosamente el territorio de un grupo tributo (y en la intro de Bombs Away, la frontera con el plagio a 19th Nervous Breakdown). John Butler, que siempre fue un energético y carismático cantante, saca a pasear su lado más Jagger en múltiples ocasiones, y no hace falta saber mucho de baterías para descifrar que más de un par de redobles que aquí ejecuta el sólido Rob Morris están sacados de la catálogo de recursos de Charlie Watts.

Hay dos formas de afrontar esto: 1) lanzando el grito al cielo en pos de la autenticidad y la molonidad, lo cual anularía casi por completo este esfuerzo de Diesel Park West; o 2) asumiendo que, si fueran una banda tributo, serían la mejor del mundo, y que difícilmente a estas alturas Jagger y Richards nos van a entregar temas tan contundentes y con gancho propio como Let It MeltThe Golden MileAcross This Land, o el certero escupitajo a la Gran Bretaña post-Brexit que es Living in the UK.

El oyente tiene la última palabra. Servidor se queda con la segunda opción, lo que de paso me da libertad de conciencia para disfrutar de temas menos stonianos como Scared of Time (que en realidad parece un medio tiempo de Ray Davies) o No Return Fare, más cercana al sonido clásico de Diesel Park West.