Dhogs, primera, interesante, e inusual película del gallego Andrés Goteira, propone un juego con el público que se resume en el plano frontal de unos espectadores en butacas de teatro -o de cine- mirando fijamente hacia la cámara. Esto produce un efecto espejo: el espectador de esta estimulante película se ve obligado a mirar a otro que le mira, es decir, a sí mismo. Este plano se repite durante varios momentos del film -pido perdón si alguien considera esto un spoiler– poniendo en entredicho la intensidad de las escenas dramáticas, de realismo brutal, que quedan desnudas, como la ficción que verdaderamente son. Creo que este juego distanciador nos cuestiona como espectadores pasivos que somos, al asistir a una historia dividida en tres partes, con personajes atrapados en situaciones extremas: una mujer (Melania Cruz) que ejerce su libertad sexual, y acabará sufriendo vejaciones a manos de un depredador y de un paleto con máscara de conejo armado con un rifle.

Lo que nos echa en cara Goteira, quizás, es nuestro papel pasivo frente a estas escenas de maltrato a una mujer, mostrándonos cómo las actitudes de un padre voyeur acaban siendo heredadas por su hijo, que transforma la ficción a sus propios códigos. Lo que primero vemos como teatro o cine, el niño lo convierte en un videojuego. ¿Somos culpables? Probablemente sí, pero en parte el director es también responsable al fabricar una película de imágenes intensas, diálogos efectivos -estupendo Carlos Blanco– y un sentido del humor soterrado. Goteira se vale de estrategias de extrañamiento para mantenernos alertas, como el ritmo, la música estridente, una violencia seca y rupturas surrealistas que nos dejan sin asidero.

Ganadora del premio a la mejor película en el festival Nocturna de Madrid -además de otros galardones en certámenes internacionales- Dhogs es una ópera prima atrevida que invita a seguir de cerca a este joven gallego.