Despojos, Rachel Cusk (Libros del Asteroide, 2020)

Despojos-Indienauta

El cine y la literatura nos han brindado infinidad de relatos sobre el final de un matrimonio y las consecuencias de la ruptura. Pero comparados con Despojos, la última obra de la canadiense Rachel Cusk publicada por Libros del Asteroide, hasta el enfoque más áspero se torna cómico. Literatura confesional basada en íntimos y dolorosos hechos autobiográficos —la autora nos cuenta el proceso de separación de su primer marido, el fotógrafo Adrian Clarke—, en un sucinto aunque poderosamente inusual texto sobre el autoconocimiento… en su acepción más dolorosa y feroz.    

Rachel Cusk nació en Saskatoon, Canadá, en 1967, aunque su infancia transcurrió entre Los Ángeles y Reino Unido, a donde se mudó en 1974. Multipremiada a la vez que polémica, Cusk ha escrito diez novelas y cuatro obras de no ficción hasta la fecha, caso de este Despojos, publicado originalmente en 2012. Controversias achacables a las temáticas abordadas en sus libros, tan sensibles como la experiencia femenina, la maternidad o la sátira social desde perspectivas narrativas innovadoras, del ya mencionado modo autobiográfico a esa trilogía de voz tan singular —¿autoficción?— formada por A contraluz (2014), Tránsito (2016) y Prestigio (2018), con la que Cusk se dio a conocer en nuestro país de la mano de Libros del Asteroide.

Despojos, subtitulada ensayísticamente Sobre el matrimonio y la separación, es la crónica en primera persona de la fractura. No tanto de la pareja —en realidad, desconocemos las razones de su separación, de hecho apenas tenemos un par de fragmentos de conversación entre ambos—. Sino la de una mujer, escritora con dos niñas a su cargo para más inri, respecto a lo que era su mundo hasta entonces, ahora un «puzle convertido en un montón de piezas con los bordes recortados». Quien busque consuelo o una edificante historia de «reconstrucción» personal lo lleva claro. 

Porque en Despojos nos topamos con una autora enfrascada en poner por escrito sus cavilaciones, reacciones y sentimientos ante el derrumbe de su existencia inmediatamente pretérita. Y Rachel Cusk lo hace sin ideas preconcebidas, enfrentándose al papel en blanco, explorando sin miedo a abrir numerosos frentes de batalla por el camino. Caso del feminismo, cuestionado ante la inversión de roles tradicional —cuidado de las hijas, manutención posdivorcio— y la titubeante individualidad femenina a recuperar. Ese nuevo modelo familiar a construir, subvirtiendo el de origen cristiano basado en la institución matrimonial y el concepto de amor conyugal. O la disyuntiva entre vulnerabilidad y desesperación versus las nuevas libertades y fortalezas descubiertas. 

No puedo decir que haya disfrutado de la lectura de Despojos. Ni siquiera que «compre» su versión de literatura confesional, a mi juicio demasiado centrada en sus reflexiones, que deparan imágenes y situaciones de un simbolismo demoledor —tengo que ir al dentista en breve y, desde que leí «Extracción» no duermo—, sin embargo, se muestra excesivamente parca con «los hechos». Simplemente, no puedo universalizar su experiencia, hacerla mía. No obstante, entiendo que este es su yo más íntimo, su idea más aproximada de la verdad, su verdad —¿acaso no son todas subjetivas?—, y no necesita la aprobación de ningún lector. El grado de implicación es cosa tuya. Tómalo o déjalo, parece decirnos Rachel Cusk.

Apreciaciones personales aparte, Despojos si me resulta brillante como intento de trasladar a la literatura aquello que suele ser imposible de explicar —la propia Cusk revela no poder recordar «qué me llevó a destruir la vida que tenía»—. Es un experimento narrativo muy osado, incluso provocador, que pone el dedo en la llaga en asuntos harto delicados. Está magistralmente escrito, con una prosa tan elegantemente espartana como abrasiva —impecablemente recogida por la traducción de Catalina Martínez Muñoz—. Y es desgarrador, leyéndose entre el pavor y la atracción irresistible por lo estimulante de las brutales dudas —¿mejor conflictos?— planteadas. Léase con sumo cuidado.