Dehd, ‘Flower of Devotion’ (Fire Talk, 2020)

Estupendo tercer trabajo del trío de Chicago

Afortunadamente, gran parte de las bandas que empiezan su carrera metidos dentro de un sonido lo-fi, terminan pasándose al otro lado y haciendo discos mejor producidos. Algo lógico, ya que, casi siempre, es más una cuestión de medios que de actitud. Uno de los grupos que últimamente ha dado este paso, es Dehd, un trío de Chicago al que le faltaba este punto de claridad para exprimir al máximo su propuesta. Y vaya si lo han hecho, porque se han sacado de la manga una de las grandes sorpresas de este 2020. 

Dehd tienen una pequeña obsesión con el pop y el rock norteamericano más clásico. En prácticamente todos sus discos hasta ahora, aparece un sonido retro que manejan bastante bien. ‘Flower of Devotion’ no es una excepción, todo lo contrario: lo explotan mucho más. El hecho de que suenen más limpios los lleva directamente a mundos más pop, y al final todas sus influencias terminan confluyendo para dar con una propuesta de los más interesante. Y hay que decir también, que de lo más variada. 

Por un lado, tenemos a los Dehd más ensoñadores, esos que tiran de guitarras limpias y cristalinas para crear canciones que se acercan al indie-rock más melancólico y preciosista. Es el caso de las notables “Drip Drop” y “Month”, en las que no pueden evitar fijarse en los The Jesus & Mary Chain más retro. Pero es en la deliciosa “Flood” donde sacan sus mejores cartas en esta faceta. Aquí se dejan llevar por la melancolía más absoluta, y con apenas dos acordes de guitarra, y la tristeza que refleja la voz de Emily Kempf, consiguen una canción sobresaliente. 

Si nos vamos a su faceta más retro, nos encontramos con un rock que fusiona sin tapujos varios momentos estelares de la música de país. Así, abren el disco fusionando a la Velvet con el rock de estadio de los 70 en las espectacular “Desire” -ojo con la referencia vocal de Patti Smith que tiene Kempf, ya que es algo que se deja ver en buena parte del disco-, para inmediatamente después meterse en terrenos más new-wave en la estupenda “Loner”. Algo que lo que vuelven un poco más tarde, en ese delicioso dúo formado por “Letter” y “Nobody”. Y como no quieren casarse con ningún estilo, casi al final del disco nos entregan la eufórica “No Time”, en la que se sacan de la manga una guitarra de lo más surf, y en la que Kempf se desmelena a tope. Pero ojo, que todavía les queda tiempo para acercarse al indie-pop en “Apart”, donde Jason Balla, una de las dos partes masculinas del disco, no tiene ningún problema en acercarse a Stephin Merritt

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