Deerhunter, “Why Hasn’t Everything Already Disappeared?” (4AD, 2019)

Para que nos vamos a engañar: echábamos de menos a Deerhunter. Los de Bradford Cox han tardado casi cuatro años en publicar su octavo trabajo, lo que es demasiado tiempo para la banda de Atlanta, más acostumbrada a editar discos cada dos temporadas. Además de sus proyectos en solitario. Pero, quitando las correspondientes giras, no ha habido nada de nada en estos cuatro años. Y es que, estamos ante uno de los grupos más exigentes con su música, la cual va ganando en matices según van pasando los años. Algo que podemos comprobar en este “Why hasn’t everything already disappeared?

Es de sobra conocido que Bradford Cox es un melómano, y que en los discos de Deerhunter se refleja todo ese amor por el arte (es un lector empedernido y un gran aficionado a la pintura) que le ha llevado a hacer una música tan personal. Y es que, calificar lo suyo como indie-rock, sería un error. De hecho, en una entrevista reciente a un medio norteamericano, ha confesado que odia que le metan en ese carro. Algo normal, porque, aunque estén centrados en el rock de guitarras, sus trabajos, siempre han ido más allá. Solo hay que escuchar este nuevo álbum, donde el protagonismo se lo lleva un clavecín; concretamente el de la galesa Cate Le Bon, productora del disco junto a la banda. Esto hace que cuenten con un sonido más barroco, pero sin pasarse, que siguen siendo ellos mismos. Y ahí están ‘Death In Midsummer’ y ‘Element’ para dejar constancia de ello. Incluso ‘No One’s Sleeping’, en la que meten unas trompetas que son una delicia, sigue por ese camino.

Deerhunter siempre se guardan un espacio para el pop con el que conquistar más fácilmente a su público. Tienen un tipo de canción absolutamente reconocible (‘Revival’, ‘Memory Boy’, ‘Never Stops’…) que se convierten en ganchos instantáneos. Aquí, al menos, hay tres. Primero tenemos ‘What Happens To People?’, que entra dentro de su faceta más ensoñadora. Un poco más adelante aparece ‘Futurism’, un corte luminoso en el que también se atreven con una pequeña pátina electrónica. Algo que se acentúa en ‘Plains’, todo un hit de poco más de dos minutos, que se convierte por derecho propio en la gran canción del disco.

Su faceta más esquiva, o más experimental, como queráis llamarla, también está. La representa muy bien ‘Greenpoint Gothic’, que casi parece una canción de Deerhunter hecha por Kraftwerk, y esa especie de saludo al mundo llamado ‘Détournement’. Pero también lo hace ‘Nocturne’, el corte que cierra el álbum, donde fusionan su mundo más introspectivo, con el sonido que predomina en el resto del disco.

Deerhunter aciertan de nuevo, ampliando un poco más su excelente discografía, y manteniéndose en lo más alto del rock actual.