Sí que es rara, sí. Pero tampoco cabe duda de que es una fiesta. Sin dejar atrás el aire marciano e irreverente que les caracteriza, los madrileños Dead Capo han plantado cara a cualquier síntoma de agotamiento que sería comprensible tras veinte años de carrera, y se han sacado de la manga el que puede que sea su disco más accesible y festivo. A su manera, claro, porque todo lo que salga de ellos es a su manera.

Habían pasado siete años desde su última grabación, pero al trío conformado por Javier Aldán (guitarras), Javier Díaz (contrabajo) y Santiago Rapallo (batería) le ha podido las ganas de seguir probando cosas nuevas, lo cual también pasa por ampliar formación con la incorporación de Álvaro Pérez a los saxos. Y vaya que si exprimen ese nuevo color en la paleta, ya que muchas de las melodías están sujetadas a base de saxo, y también abundan los momentos de improvisación febril con saxo desbocado incluido. 

No contentos con ese aliciente extra, a pesar de ser conocidos como campeones de la música instrumental en nuestro país, abren la puerta a un par de vocalistas para que empecemos a hacernos una idea de cómo podría ser ese disco enteramente cantado que amenazan con hacer algún día. La cosa no decae, advertimos, con grandes aportaciones tanto de Pierre Omer (Los Gatillos), en la versión rockabilly del Ghost Rider de Suicide, como Mariona Aupí en la seductora y muy “mastrettiana” A Veces.

Como decimos, la idea de la fiesta se deja caer tanto en el título como en la apropiada portada (esa inquietante imagen de unos niños rompiendo una piñata bastante tenebrosa), y la cosa es que muchos de los temas se pueden incluso bailar y tararear, siempre dentro del estricto caos estilístico de la banda, que va desde el jazz, al psychobilly, el surf, las bandas sonoras de terror clásico o las de dibujos animados. Como mínimo, a más de una tonada le espera un futuro prometedor en playlists de Halloween, que ya está bien de tirar de clásicos norteamericanos para esas ocasiones (Sloth Fandango incluso incorpora los icónicos gruñidos del “monstruito” de los Goonies). Que empiece la fiesta.