Adictiva, intrigante y de factura impecable, la serie alemana Dark es el penúltimo éxito de Netflix. Simpática sobre todo para el fan de la fantasía, el terror y la ciencia ficción, entretiene a pesar de que probablemente este podrá anticipar sus giros. Aun así, hay que recomendarla ‘ciegamente’ porque resulta imposible hablar de ella por la vulnerabilidad de su trama al temido spoiler. Es mejor verla sin saber nada de antemano.

Comparada frecuentemente con Stranger Things, la referencia es pertinente, aunque incompleta. Es verdad que ambas series beben de las estrategias narrativas más utilizadas en la ficción actual, esas que, en lugar de construir momentos dramáticos interesantes, prefieren crear una constante anticipación por lo que ocurrirá después. Una forma de contar que debemos sobre todo al éxito de Perdidos (2004-2010) y su concatenación de enigmas que, como ya sabemos, nunca llegan a resolverse del todo, siguiendo la famosa teoría de la magic mistery box de J.J. Abrams -y de Damon Lindelof– que propone que, lo que no sabemos, es mucho más evocador que cualquier revelación. Pero no os asustéis, porque Dark parece haber escarmentado ante las iras de los fans por el famoso final de la serie sobre la isla, y su argumento va resolviendo, paso a paso, sus interrogantes. Para ello, la trama genera continuamente nuevas incógnitas, a partir de la inexplicable desaparición de un niño en un pequeño pueblo. Sí, el planteamiento resulta familiar, porque esta producción alemana -creada por Baran bo Odar y Jantje Friese– tiene precedentes obvios. Y en esto se separa de Stranger Things: los hermanos Duffer juegan al homenaje y a recrear el imaginario infantil de los 80, inspirándose en Stephen King, Steven Spielberg y en películas como E.T., El extraterrestre (1982), Gremlins (1984) y Los Goonies (1985) -por citar unos pocos títulos-. Lo que nos cuenta Dark ya lo hemos visto en Twin Peaks (1990) y -cuidado spoiler– en Regreso al futuro (1985), pero en ningún momento nos remite directamente a estas obras. No hay -casi- guiños. Entre ambas series hay, además, diferencias de tono, aquí mucho más oscuro y con la dosis mínima de humor. También difieren en cuanto a los personajes -y los actores- que aquí son el elemento más débil, sin el carisma de los chavales de Stranger Things (ni la profundidad de los protagonistas de Perdidos). En Dark, el argumento y sus giros es lo más relevante y en ese sentido, creo que la serie está bastante bien construida, resulta sólida -aunque el amplio elenco de personajes puede llegar a ser confuso en algunos momentos-.

Con una narrativa cinematográfica, de largas secuencias visuales sin diálogo, estamos ante un elegante relato pulp de puertas ocultas, escotillas que abren accesos a lugares misteriosos, personajes encapuchados cuya identidad es una incógnita, cuerpos hallados donde no deberían, y paradojas que nos harán recapitular sobre todo lo que hemos visto. Perdonamos incluso su abuso de las secuencias videoclip. Divertida y muy recomendable serie, que confirma que la ficción audiovisual europea puede generar productos comerciales de alta calidad.