¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! Es Daniel Johnston, uno de los artistas más especiales que el mundo de la música haya deparado, no sólo en sus ya casi cuarenta años de carrera, sino en toda su historia. Pero además de músico, Johnston es también dibujante. Y esa es la faceta de la que se ocupa este libro, recién y espectacularmente publicado por la editorial Sexto Piso.

Daniel Johnston por Daniel Johnston es una selección de más de cien obras pictóricas del artista de Sacramento. Aquí se incluyen tanto dibujos inéditos como su material expuesto en la Bienal del museo Whitney en 2006; trabajos primerizos sacados de sus cuadernos escolares y archivos personales, junto a sus obras más novedosas. La presentación es suntuosa, a gran escala. Un regalo infalible para los devotos de Johnston y para los amantes del octavo arte —hablo del cómic, claro— en general.

Igual que sucede con sus canciones, adentrarse en estas ilustraciones es sumergirse en el universo de Johnston. Un lugar como ningún otro. Muchas veces inhóspito y aterrador, tremendamente vulnerable, reflejo tanto del escalofriante sufrimiento que Johnston ha padecido como de su disociación de la realidad. No soy psicólogo, pero tampoco hay que tener demasiadas luces para ver que la lucha entre el bien y el mal que abunda en estas páginas responde a una persona extremadamente sensible, atrapada entre la luz y las sombras provocadas por su propia mente. Al pasar las páginas, uno piensa en estos dibujos como vía de escape, como la forma en que Johnston puede exorcizar sus demonios —literalmente, la lucha contra el Diablo siempre es a muerte en papel— y no puede evitar estremecerse.

Buenos y malos. La eterna lucha entre el bien y el mal. A un lado del cuadrilátero Joe el Boxeador, el Capitán América, Gasparín, Hulk, varios patos… Y en la esquina contraria, el ya mencionado Diablo, Vile Corrupt y su infinidad de ojos, y una pila de monstruos a cuál más terrorífico. Es la guerra. La guerra de Daniel, a veces representado por la rana Jeremías, la más adorable de sus creaciones, el bicho que se convirtió en icono de los “bichos raros”.

Junto a los dibujos, Daniel Johnston por Johnston incluye fragmentos de conversaciones con el propio Daniel, donde como siempre, se revela como un niño grande, feliz de haberse convertido en el extraño mito que es, así como textos del director del Museo de Arte Contemporáneo de L.A., Philippe Vergne, el cantautor Jad Fair o el tótem del cómic Harvey Pekar -cómo no, su breve Una mente cómica, es fantástico-. Todos coinciden. Estamos ante un artista en el más absoluto sentido de la palabra. Un auténtico creador, alguien que con una guitarra, un piano y también un lápiz —o pincel— es capaz de plasmar un universo propio, indisociable de él mismo.

“Hola, ¿cómo estás?”