Los Oscars de este año a la interpretación masculina han recaído en los dos protagonistas de este mediocre drama sobre el SIDA, Matthew McConaughey (Mejor actor principal) y Jared Leto (Mejor actor secundario).

La historia de un tejano, promiscuo, drogadicto y homófobo que descubre que tiene SIDA sirve para narrar una etapa en la vida real de Ron Woodroof y sus trapicheos al otro lado de la frontera para conseguir medicamentos prohibidos aún en los 80 en Estados Unidos.

Una película aburrida, simplona y que tiene como único reclamo las interpretaciones de sus dos protagonistas que se encuentran en el mejor momento de sus carreras, sobre todo McConaughey, pero que ni de lejos es este el mejor papel en el que le hemos podido ver últimamente (solo ya su trabajo en la televisiva True Detective es infinitamente superior).

Más cercana a “Philadelphia”, Jonathan Demme (1993) de lo que podríamos suponer no es más que una película más sobre una de las enfermedades más devastadoras de los últimos años y cuya única novedad radica en el hecho de que el protagonista en esta ocasión es un cowboy de rodeos, un tipo duro de esos que durante los primeros años de la plaga no concebían entrar entre las personas de riesgo.

Una película, en mi opinión, sobrevalorada, que está recibiendo muy buenas críticas pero que no aporta nada nuevo y resulta tediosa y repetitiva, tocando un tema manido y buscando al final, como siempre, la lágrima fácil y aunque traten de vender lo contrario, el dramón puro y duro.