Arrancó el mundial de la vergüenza —en realidad, van unas cuantas infamias— en Catar. Y en la sección de libros también vamos a bajar al césped. Pero con un enfoque distinto gracias a la editorial Altamarea —¡bienvenidos!— y este Cuero contra plomo. Fútbol y sangre en el verano del 82 del periodista Alberto Ojeda. Las intrahistorias de las andaduras de España e Italia —país y selección, como reza el explícito subtítulo—, anfitriona y campeona, previas y durante el mundial «de Naranjito». Porque ya lo siento «Lucho», Galeano tiene razón. El fútbol es, ha sido y, me temo, siempre será, política. 

Nacido en 1977, Alberto Ojeda es el jefe de la sección «Escenarios» de la revista El Cultural, en la que labora desde 2007, tras un periplo que va desde la licenciatura en Derecho, curtirse  en la sección de Cultura del diario El Mundo y ganar el accésit del Premio de Periodismo Cultural Francisco Rabal. Además del «modo tradicional», también ejerce la profesión con su blog Último pase, donde escribe sobre deporte y sus conexiones con la cultura —cine, literatura, arte—, la historia, la política y la sociología. Esto último es precisamente lo que nos vamos a encontrar en Cuero contra plomo, su primer libro. 

Estamos ante una obra que supone un notable ejercicio de contextualización del fútbol, para nada la burbuja apolítica, oasis de neutralidad y entendimiento que gentu… —hola Gianni, ¿cómo te sientes hoy?— variada, perdón, «popes» de diversas índoles quieren hacernos creer. Y lo hace coincidiendo con el 40º aniversario del Mundial de 1982, una efeméride harto significativa para los dos países. Italia, inesperada ganadora del torneo. Y España, su sufrida organizadora. Lo interesante es que, para las dos, sus respectivas hazañas —deportiva y logística—, el balompié era la ocasión de sobreponerse, siempre entrecomillado, a una época sociopolítica especialmente convulsa.     

Si bien el eficaz estilo narrativo de Ojeda no es que rompa moldes, sí resulta notable su apuesta por intercalar ambos relatos en Cuero contra plomo. La estructura alterna podría despistar pero, al contrario, teje un panorama de trayectorias y ambientes paralelos sumamente interesantes. Nadie daba un duro por el desempeño de las dos naciones. Los «años del plomo» etarra seguían bien presentes, y su amenaza planeaba —apenas una hora después de la ceremonia inaugural, la banda mató a un guardia civil— sobre el evento y, por ende, la imagen de nuestra joven democracia. No le anda a la zaga la cruda versión italiana, igualmente presente… 

El juego de contrastes en Cuero contra plomo es estimulante. Por un lado, tenemos el periplo deportivo. En el caso de la azzurra, de unas expectativas nada halagüeñas a la gesta contra la Brasil de Zico, Sócrates y Falcao —considerado aún hoy uno de los mejores partidos de la historia—, y finalmente la gloria. Alberto Ojeda añade bastante más, ocupándose de las figuras del entrenador Bearzot y, sobre todo, del controvertido —caso Totonero— goleador Paolo Rossi. Por el lado del combinado nacional, un recorrido bastante más breve y penoso —ese KO contra Irlanda del Norte—, a duras penas superando la primera fase, quedando apeada por Alemania Federal en la segunda.  

Pero es el lado sociopolítico el que, por envergadura e impacto, se lleva la victoria en Cuero contra plomo. Por los de la bota, tenemos el atentado de Piazza Fontana, el asesinato del partisano Giusseppe Pinelli a manos de la policia, las Brigate Rosse, el crimen contra Aldo Moro… Por los de la roja, la represión del tardofranquismo con el homicidio de Enrique Ruano, los atentados de Carrero Blanco y el de la calle del Correo, los GRAPO… Dos alineaciones de pura agitación y violencia, muestra vía analogía palmaria de los crispados años 70 en ambos países que desembocaron en un Mundial 82 que hacía prever lo peor. 

Aunque no tengo clara la significación real de ambos acontecimientos, ni que el Mundial sirviese de «cierre» a los años de terror —desgraciadamente, todavía quedaría mucha sangre que derramarse—, entiendo la reflexión de Ojeda del poder, por encima de lo meramente simbólico, de sendos triunfos, de semejantes superaciones… del pánico y las expectativas. En cualquier caso, Cuero contra plomo es una obra muy sugerente. No tanto goles contra pistolas. Pero quizás sí deporte por encima de balas. Ojalá un fútbol pro-derechos humanos y no «petrodólares» estos días…