El pasado mes de diciembre, en medio de la vorágine de las fiestas navideñas, la editorial Minúscula publicaba esta breve selección de relatos de la escritora norteamericana Shirley Jackson ―en este 2016 se conmemora el centenario de su nacimiento―, autora tan popular y reverenciada como en su momento muy polémica en su país, donde se le considera una de las referencias principales del género de terror y el denominado cuento gótico. Servidor siempre la había tenido entre su lista de lecturas pendientes, pero reconozco que precisamente el género donde se suele enmarcar su obra y la lista de escritores célebres que la cita como una influencia capital ―Richard Matheson, Dona Tartt y, sobre todo, Stephen King, ugh― siempre me habían echado para atrás. Hasta ahora.

Cuentos escogidos se lee en un suspiro, tan sólo ocho relatos más una sección final donde se incluyen tres conferencias y un cuento extra de la autora reunidos en apenas 150 páginas. Uno sin duda se queda con ganas de más, síntoma inequívoco que las historias aquí contenidas han dejado poso, turbador, inquietante, además de provocar alguna que otra sonrisa ―algo morbosa y macabra, admitámoslo― al lector. Jackson es lacónica, metódica, certera en su prosa que, en realidad no necesita de mundos inventados, fantasmas o monstruos. Al contrario, escribió sobre la vida cotidiana de sus personajes, escenas mundanas, en las que la autora ni opina ni juzga. Por eso, cuando el elemento «extraordinario» se inmiscuye en esa realidad sosegada y perfectamente verosímil, deja al lector absolutamente desconcertado. A veces, incluso, echando un vistazo de soslayo detrás de su espalda…

La selección se abre con «El amante demoníaco», donde el día de la boda de una mujer se convierte en la búsqueda frenética de su futuro esposo, provocándonos la desasosegante sensación de haber asistido a una persecución imposible en la que la realidad ¿parece? haberse burlado cruelmente de un desesperado ser humano. Luego nos encontramos con una especie de «trilogía con niños» que se abre con «La bruja», donde la imaginación de un pequeño es puesta a prueba por un compañero de asiento en el tren con misteriosas intenciones. Aún más alarmantes resultan «Después de usted, mi querido Alphonse», donde Shirley Jackson introduce la clase social y la cuestión racial para crear una tensión terrible que pone del revés los intentos de mostrar amabilidad del personaje adulto, y «Charles», en los que el relato de un crío sobre las fechorías de un compañero de clase esconden una verdad ―¿evidente?, en mi opinión es uno de los aspectos más sugestivos del cuento, al estar escrito desde la perspectiva de la madre― diferente mientras congrega a su familia alrededor de dichas gamberradas. A continuación tenemos «Siete tipos de ambigüedad», una de las historias más brillantes, donde un librero, con la ayuda de un joven librófilo, satisface la solicitud de un cliente ¿caprichoso?, ¿inocente?, ¿indeseable?. Su final es de los que dejan un mal cuerpo alucinante, haciendo que el relato siguiente «La muela», sobre el extrañísimo, alucinado viaje nocturno en autobús de una mujer aquejada de un proverbial dolor de muelas, quede a mi juicio muy difuminado entre tanta ensoñación.

Mención aparte merece «La lotería», su relato más conocido, un clásico del siglo XX ―parte inexcusable de un sinfín de antologías sobre el cuento, objeto de múltiples estudios y también de una encendida polémica en su época― y que, a pesar de datar de 1948, siendo publicado por primera vez en la revista The New Yorker, sigue resultando fascinante y sobrecogedor a partes iguales. Condensa buena parte de los rasgos ya apuntados anteriormente. Shirley Jackson escribe con pulso pero siempre transmitiendo escenas de pasmosa tranquilidad, aquí la descripción de los prolegómenos que acontecen en un pequeño pueblo el día de la celebración de su tradición anual, un sorteo para el que la que participación de todos sus habitantes es obligada. El entrañable trasiego de las gentes y la metódica celebración del mismo no deja entrever de qué estamos hablando… hasta que Jackson lo revela de un plumazo, cerrando el cuento para helarnos la sangre. Magistral.

Como decía, tras los cuentos, el libro ofrece tres conferencias y otra historia adicional. La primera, titulada «Experiencia y ficción», es una interesantísima exposición del arte de la escritura, que Shirley Jackson desmenuza con sutil mordacidad y resuelta claridad, poniendo como ejemplo su propia obra y, en concreto, el cuento que nos encontramos acto seguido, el divertido «La noche en la que todos tuvimos gripe». Pero el otro texto capital es «Biografía de una historia», dedicada precisamente al escándalo y acalorado debate que supuso la publicación de «La lotería», que se convierte en otro cuento, cristalinamente real y maravilloso en sí mismo. Aunque todavía queda una conferencia más, «Notas para un joven escritor», con la anterior pieza el lector ya tiene elementos de sobra para certificar que Shirley Jackson fue una escritora singular, capaz de hallar y armar una historia a partir del detalle más nimio que ―y ahí radica su magia― en sus manos adquiere una potencia y trascendencia sorprendente, con frecuencia no del todo aprehensible. Razón de más para que estas historias permanezcan en tu cabeza por mucho tiempo…