El último rodeo

Clint Eastwood es una de las grandes figuras del cine. Como actor, ha creado personajes legendarios, sobre todo en el wéstern, y como director, tiene varias películas que pueden llegar a considerarse obras maestras. Sus últimos trabajos -aunque con altibajos- gozaban sobre todo de la simplicidad y efectividad narrativa del cine clásico, del que Eastwood puede ser el último heredero. Su trabajo anteriorRichard Jewell (2019), es una obra estupenda, la reflexión madura de un maestro sobre la sociedad en la que vive y sobre la idea del heroísmo. Ahora Eastwood presenta Cry Macho, en la que vuelve a ponerse delante de la cámara tras Mula (2018). Aquí, el actor da vida a una nueva variación de su personaje de siempre: un vaquero duro, pragmático, algo huraño, pero de buen corazón y con principios morales sólidos. Solo que este vaquero ya se ha retirado, ha colgado las botas y busca, quizás, su último destino. 

Mike Milo, que así se llama, acaba de ser despedido y su jefe, Howard (Dwigth Yoakam), le encarga una última misión a cambio de los favores prestados durante toda una vida: encontrar a su hijo, Rafo (Eduardo Minett) en México. Esto da pie a una road movie por las polvorientas carreteras al sur de la frontera y a una buddy movie que juega con el contraste entre Rafo y Mike: la diferencia generacional, cultural e idiomática. Mike representa lo tradicional, el sentido común y Rafo es un producto del materialismo y de la pérdida de valores como la familia. Eastwood no tiene ninguna dificultad para conseguir que sus personajes sean humanos y entrañables, apoyándose en el guión de Nick Schenk basado en una novela de N. Richard Nash. Como actor, sigue gozando del carisma de toda la vida. Pero, lamentablemente, sus 91 años de edad lastran su nuevo film. Eastwood apenas puede caminar, mucho menos pelear, bailar o cabalgar -por no hablar de su historia de amor con Marta (Natalia Traven)- lo que exige un esfuerzo al espectador, que debe hacer la vista gorda en varios momentos de la película. Creo que el error de base es que el personaje del film no tiene esos 91 años y hace cosas que Eastwood, físicamente, no parece ser capaz de realizar. Aunque, si lo pensamos bien ¿Cuántos actores pueden llevar a cabo en la vida real lo que hacen sus personajes? En todo caso, hay que criticar también un elenco de secundarios no demasiado afortunado, un guión que toma numerosos atajos, y secuencias de acción resueltas de una forma poco convincente, lo que impide que el film vuele a la altura a la que nos tiene acostumbrados Eastwood. Cry Macho, sin embargo, es la oportunidad de ver en pantalla a un mito viviente, que mantiene su atractivo y su sentido del humor, y que sobre todo lleva encima la carga de casi 70 años de historia del cine. Una oportunidad que deberíamos atesorar.