Rebelde sin causa

Lo más interesante de Cruella es que es una rareza, aunque sea probablemente de forma involuntaria, aunque se deba a que es un film relativamente fallido. No sé muy bien a quién va dirigida esta película ni cuáles son sus intenciones. ¿Es un film adulto sobre un personaje de dibujos animados? Dirigida por Craig Gillespie, quien ya hiciera un interesante trabajo con una ‘villana’ de la vida real en Yo, Tonya (2017), esta película es muchas cosas al mismo tiempo: una precuela, claro, de 101 dálmatas (1961), un vehículo para el lucimiento de la estupenda Emma Stone, un film de atracos, un melodrama, el relato del origen de un supervillano -sí, en algunos momentos pensé que estaba viendo la versión Disney de Joker (2019)- y sobre todo el reverso oscuro del típico argumento de superación para lograr el sueño americano. Todo esto aparece en Cruella en diversos momentos y todavía podemos citar alguna referencia más, como El diablo viste de Prada (2006).

Emma Thompson es la Baronesa, un personaje en el que se adivinan los rasgos de la Cruella de Vil que conocemos de los dibujos, y que será la antagonista de Estella (Emma Stone). El conflicto entre ambas marca el desarrollo dramático del relato y lamentablemente es lo más endeble de la propuesta. La protagonista se dedicará a sabotear la vida de la Baronesa, comportándose como si fuera un villano de Batman de la serie de los años 60. Un enfrentamiento que remite además a los inicios del punk en el Reino Unido en los años 70: la estética de Cruella, la moda que crea, su actitud -y la música de la película- remiten a la provocación punk glam –con más de un guiño queer- contra una sociedad rígida y conservadora. Pero no hay progresión en el conflicto y el interés en el relato se estanca hacia la mitad de la historia. Y a pesar de estos defectos, Cruella resulta mucho más interesante que las aburridas últimas versiones en imagen real de Disney que calcan milimétricamente clásicos animados del estudio.

Es verdad que Cruella naufraga argumentalmente pero visualmente es una pasada: la secuencia inicial sobre la infancia de la protagonista muestra una estupenda economía dramática para ponernos en antecedentes de una forma efectiva haciendo un excelente uso del montaje y la planificación; la cámara de Gillespie parece flotar alrededor de los personajes en varios momentos, recorriendo decorados magníficos y deteniéndose en el fantástico vestuario. Como buen producto Disney, el diseño de producción en Cruella es soberbio, además de contar con una buena fotografía y una excelente banda sonora. Hay sin embargo un exceso de canciones, creo que mal utilizadas, que intentan animar -nunca mejor dicho- algunas secuencias, que no acaban de funcionar del todo bien.

En definitiva, Cruella es una película desequilibrada, con momentos brillantes, pero que se habría beneficiado de una visión más clara sobre lo que pretendía ser.