Crónica del Primavera Sound Barcelona 2026

Como cada año, aquí llega la esperada crónica de nuestro paso por el Primavera Sound 2026. Cerca de una treintena de conciertos reseñados, buscando ofreceros diversidad estilística y completitud —más un bonus track dedicado al grupo que abrió el Primavera a la Ciutat—, mientras os contamos cómo vivimos esta última y peculiar edición del festival barcelonés celebrada entre el 3 y el 7 de junio. Un evento repleto de hype, eclecticismo musical… y pasado por agua.
LUNES 1 DE JUNIO
Pálida Tez
Abrir el Primavera Sound no es una tarea menor. Es, de hecho, una de esas responsabilidades que pueden hundir a una banda antes de que el primer acorde se disipe en el aire. Los albaceteños Pálida Tez, sin embargo, parecían no haberse enterado del peso de la ocasión — o quizá sí, y simplemente habían decidido ignorarlo con elegancia. Llegaban con Un extraño estado de ánimo, un debut cargado de canciones pop recubiertas de shoegaze que ya apuntaban maneras. Tímidos en presencia escénica — que no nerviosos, matiz importante — abrieron con «Dibujo animado», primera pista del disco, y lo que tardó en acabar ya nos tenían completamente dentro. Ahí estaba todo: la sencillez como estrategia, la melodía como argumento irrebatible, la distorsión como subtexto. Siguieron «Wong Kar-Wai», «Ultimo partido» o «Mejor al revés», broche de oro. Hay algo casi irritante en ver a gente tan joven hacer las cosas tan bien y con tan poco aspaviento. Bienvenidos al Primavera. Y al resto. Rafa Piera
JUEVES 4 DE JUNIO
Cameron Winter
Tras un año sin pisarlo, había ganas de regresar al Auditori. Aunque, siendo sinceros, uno tenía sus reservas dado el nivel de expectación del artista elegido para arrancar la jornada del jueves en el Fòrum. Y es que el jovencísimo líder de Geese no sólo desbordó el recinto —abarrotado con muchísima antelación—, sino que sorprendió a quien escribe por el nivel de devoción de los congregados —nota muy positiva, con reverencial silencio para un concierto tan espartano, sólo él, de espaldas al público para más inri, y un piano de cola—. El brooklynita no ha inventado nada en su celebradísimo debut en solitario, Heavy Metal (2024). Sin embargo, hay algo genuino y singular en esas canciones. Algo que en la solemnidad del Auditori alcanzó una dimensión si cabe mayor. Ya sea en esa voz a veces Manguniana, por fuerza divisiva dada su aspereza. En ese fraseo ahora bluesero, casi a lo Dr. John o a lo Tom Waits en versión límpida, luego góspeliano. O en la enorme expresividad en la ejecución, jugando con las pausas, silencios, repeticiones y arrebatamientos. Personalidad, presencia y temas que en directo adquirieron una dimensión épica, caso de «Loves Takes Miles», las emocionantes «Drinking Age» y «Cancer of the Skull», o «$0». El primer encuentro cara a cara ante el hype se saldó de forma más que satisfactoria. Esto va en serio. Quedaba poco el segundo, que llegaría en un contexto muy distinto. Raül Jiménez

Mourn
Iniciamos el Primavera Sound 2026 a primera hora de la tarde con Mourn cuando todavía creíamos, incautos de nosotros, que nos encontrábamos ante el primero de una larga lista de conciertos en otra de esas interminables y agotadoras jornadas que caracterizan el festival. Nada más lejos de la realidad. Jugando en casa, Mourn supo aprovechar debidamente ese horario tempranero para presentarnos su última entrega, Letra Ligada (2025), el primero íntegramente en castellano que incluyen temas como «Alegre y Jovial», «En el Lago» o «No queda nada» que, evidentemente, no faltaron a la cita. Tampoco obviaron las oportunas visitas a sus anteriores trabajos con temas en inglés como un «Barcelona City Tour» bastante adecuado, cabe decir, al momento que vive la ciudad. Carla Pérez (guitarra y voz) con esa fina ironía que los antecedentes otorgan a los lugareños advirtió a navegantes sobre la que se nos venía encima con la lluvia, antes de arrancar la excepcional «Espejo Latente» también integrada en su último trabajo. Lastimosamente no la creímos. El cierre del concierto y casi por extensión del día, restó para «House, Hold». Oscar López
Renaldo & Clara
Vaya por delante que uno sigue echando de menos a los Renaldo & Clara de Fruits del teu bosc o Els afores. Pero Clara Vinyals y su grupo siguen explorando una vía más festiva y urban para desplegar su costumisme pop en L’encant, flamante nuevo disco que defendieron holgadamente en el impronunciable Schwarzkopf. Gustos personales aparte —quizás un exceso de baterías y pads electrónicos, pero imagino que el escenario también obliga—, la lleidatana volvió a dar muestras de su proverbial magnetismo falsamente naíf. Y, sobre todo, de su olfato para dar con una melodía indeleble, o un estribillo o frase contagiosa. En ese sentido, el concierto podría dividirse en dos mitades. La primera, simpática y agradable —con el plus de la estupenda «Quines coses de mi»—, hasta la celebrada «L’amor fa calor». La segunda, la demostración de un cancionero siempre a reivindicar —«Per fer-te una idea» y «Fent amics» son tops del pop facturado en este país— y que sigue expandiéndose, caso de las magníficas «Gener», «El riu» y «Amb tu podria estar». «Està sent divertit, està sent divertit…». Mejor dicho, continúa siéndolo. Raül Jiménez
Men I Trust
Antes del apocalipsis meteorológico —spoiler inevitable para quien estuviera allí— los canadienses Men I Trust fueron los encargados de que el jueves cerrara con dignidad y con el oído bien puesto. Ajeno a que sería el único concierto completo que vería esa noche, me planté en el escenario Cupra — ya a rebosar — entre saludos de rigor, la búsqueda ritual de una cerveza y dos o tres consultas nerviosas a la app de Meteocat que, seamos honestos, no auguraban nada bueno. Y sin embargo, ahí estaba yo disfrutando del pop ensoñador de «Come back down», del último disco, mientras intentaba convencerme de que aquellas nubes eran meramente decorativas. Sus canciones están construidas para que los rayos del sol te acaricien la cara. El problema es que los rayos, esa tarde, tenían otros planes. Ni yo ni nadie estábamos, en sentido estricto, condenados a disfrutar de esa calidez — sino más bien de todo lo contrario. Cerraron con la celebradísima «Show me show», ese tema que te aparece en aleatorio aunque tengas el Spotify apagado, cerrado y desinstalado. Una de esas canciones que el algoritmo conoce mejor que tú mismo. Que llegara la tormenta justo después fue, en cierto modo, una decisión editorial acertada del universo. Rafa Piera
The New Eves
Aunque me temo que cada vez hay menos —los tiempos cambian y la edad tampoco perdona—, para quien escribe este cuarteto de Brighton fue uno de los descubrimientos del Primavera Sound 2026. Algo así como unas Slits o The Raincoats del siglo XXI. Primarias, originales, difíciles de clasificar. Catárticas. Hay muchas cosas sucediendo en las canciones de The New Eves, acompañadas además por la amenaza de tormenta inminente —por fortuna, su show en el escenario Port se quedó en mera llovizna—. Una telúrica amalgama art-rock que, a voluntad, se torna post, directamente punk u ominoso folk, bastante más anárquico que pastoral —no hay mejor ejemplo que «Cow Song»—, a menudo dentro de la misma canción. Que erupciona o deviene mántrico, ya sea a través de un violín rabioso, una flauta destartalada, o esas impresionantes armonías vocales impulsadas por progresiones lentas y percusiones tribales. Creando tapices sonoros en piezas de especial enjundia como «Rivers Run Red» o la tremenda «Volcano». Que invitan al baile, al berrido y… a la revuelta. Raül Jiménez

Geese
Segundo encuentro con el hype… que no fue tal. Y es que el tiempo y, una organización muy criticable iba a estropearnos el veredicto —nunca final—. Geese fue el último grupo que tocó el jueves en el PS antes que las condiciones climáticas adversas obligasen a parar —y colapsasen— el festival durante demasiadas horas. Sin embargo, los norteamericanos parecieron ajenos a los acontecimientos meteorológicos en un Occident entregado. Estoicos, con una dosis extra de suciedad y contundencia y siempre a lo suyo, el cuarteto abrió con la excelente, Talkingheadiana, «Husbands» y, por lo que a ellos respecta, el concierto no decayó. A veces se parecen a The Strokes. Otras a Pavement. También a Car Seat Headrest. Y, a veces, —ejem, ejem, «2122» es insalvable, ni con interludio de Pink Floyd— a JET. Desgraciadamente, cuando no estábamos ni en la mitad del show, el temporal se desató. Y aunque no hubo desbandada —mucho guiri acostumbrado al barro y la mugre—, los intentos de buscar algún resguardo aprovechando los laterales cubiertos dieron lugar a una incomodidad rayana en peligro —ante la absoluta inoperancia de los miembros de seguridad, incapaces de mover un mínimo sus vallas pese a la amenaza de avalancha— impidiendo disfrutar del resto del recital hasta casi su final, con un «Au Pays du Cocaine» y «Taxes» cantadas a pleno pulmón por el público, antes de cerrar con una abrupta interpretación de «Trinidad». Notable para Geese, rotundo suspenso para la organización —aunque la recuperación llegaría pronto—. Raül Jiménez
VIERNES 5 DE JUNIO
Annahstasia
De nuevo, arranque de jornada en el Auditori para disfrutar del soul-folk de Annahstasia, una propuesta de hechuras clásicas y presentación extremadamente cuidada, ideal para la hora y el marco brindado. En formato quinteto, magnificamente arropada por una violonchelista, una arpista —sigue resultándome algo casi mágico ver como las notas parecen tejerse del instrumento en manos de una intérprete docta—, una bajista/guitarra y un teclista, Annahstasia Enuke y su acústica dieron cuenta de un repertorio preciosista y delicado. En el que la angelina pudo demostrar, sin forzar piruetas vocales ni gorjeos rimbombantes, que posee un vozarrón singular —a veces tímido, a lo Tracy Chapman, otras raspado, pero que luego puedo elevarse y estallar a voluntad—, capaz de moverse en registros muy distintos para depararnos, con puntilloso perfeccionismo —no dudó en detenerse y volver a comenzar tras un esporádico acople— varios temas para el recuerdo, caso de «Villain», «Satisfy Me» o «Believer». Impecable y exquisito. Raül Jiménez
NewDad
Los irlandeses NewDad tienen todos los ingredientes sobre el papel: rock de tintes noventeros, dos discos que les han abierto las puertas del circuito alternativo internacional y una voluntad clara de habitar ese territorio ruidoso que tan bien les sienta a ciertas bandas de la isla. El problema es que los ingredientes, esa tarde en el escenario Estrella, no terminaron de cuajar en el plato. Problemas de sonido aparte — factor que conviene no subestimar —, su apuesta centrada principalmente en Altar, su último trabajo, se quedó en tierra de nadie. Todo el empeño que pusieron sobre el escenario, y fue evidente que pusieron mucho, no fue suficiente para establecer esa conexión que uno busca y que, cuando llega, lo justifica todo. Una versión de los Yeah Yeah Yeahs y canciones como «Angel» o «Kerosene» pasaron de puntillas por el escenario con más gracia que acierto. Hay algo en ellos que funciona mejor en disco que en directo, o quizás el contexto no era el más propicio, o quizás — y esto es lo más honesto que puedo decir — simplemente no era mi noche para ellos. Quiero pensar que no fueron ellos, sino yo. Pero me cuesta. Rafa Piera
Slowdive
Rápida carrera hasta el Revolut para disfrutar del directo de una banda fija, indiscutible… que, siendo justos y muy a mi pesar, resultó decepcionante. Y es que, aunque se les venere y se intente verlos siempre que se acerquen a la ciudad condal, el concierto de este Primavera Sound fue su peor, con diferencia. Slowdive se vió seriamente lastrado por culpa de un sonido que sólo logró pasar de pésimo —pena máxima el destrozo de piezas tan estupendas como «Shanty» y «Star Roving», escogidas para arrancar— a tolerable pasado medio setlist —más o menos a partir de «Slomo»— y con uno arribado a la primera fila. Al menos, el trío final de joyas shoegaze que forman «Sugar for the Pill», «Alison» y «When the Sun Hits» fueron las que contaron con una acústica más aceptable, acabando la hora de actuación con un regusto más agradable… A la vez que con una sensación de frustración por lo que habría podido ser. Raül Jiménez
Ethel Cain
Hay conciertos que merecen mejor público. Y hay públicos que merecen mejor atención. El de Ethel Cain en el Primavera cayó, me temo, en algún punto incómodo entre ambas categorías. No era su escenario, no era el momento y no era, paradójicamente, su público —aunque sobre el papel todo indicara lo contrario—. Los fans de The Cure de toda la vida, que esa noche llenaban el recinto con la determinación de quien lleva décadas esperando, no conectaron con ella. La ecuación inversa, sin embargo, funciona perfectamente: los fans adolescentes de Ethel Cain sí conectan con The Cure. Algo nos dice eso sobre quién está mirando hacia adelante y quién hacia atrás. Con una puesta en escena prácticamente calcada a su reciente presentación en la sala Razzmatazz, abrió con la estupenda «American Teenager» y desplegó su slowcore sureño con toda la oscuridad y la densidad que el momento requería. Ni siquiera la tormentosa «Ptolemaea» consiguió molestar lo suficiente a un público más preocupado de hacerse selfies y saludarse entre sí que de dejarse hundir por lo que sonaba. Una pena considerable, porque fue lo más oscuro y siniestro de toda la tarde-noche. The Cure, en comparación, resultaron casi luminosos. Y eso, viniendo de Robert Smith, es mucho decir. Rafa Piera

Rilo Kiley
En otros tiempos, también era el Primavera Sound el lugar habitual para toparse con reuniones inesperadas. Ya no se estila tanto, pero en este 2026 había otra cita con los dosmiles de la mano de Rilo Kiley, reagrupados desde 2025. Desconozco si hay intención de ir más allá de un grandes éxitos, pero en el Occident sonaron realmente en forma y felices de volver a tocar juntos. En especial una Jenny Lewis que, simpática y carismática, se metió al público —que remaba muy a favor— en el bolsillo desde el principio. Tirando de los esperados clásicos —a excepción del muy guitarrero triple arranque extraído de The execution of all things (2002)—, el concierto resultó de lo más disfrutable y festivo. Con el soft rock de «Dreamworld», las baladas vintage «I never», «Does he love you?» y «With arms outstretched», las contagiosas «Breakin’ Up» y «Silver Lining» —aunque esos complicados falsetes se las traen, y Lewis los sufrió—. O el épico final, con «A better son/daughter» y la serializada «Portions for foxes». Raül Jiménez
paco te quiero
La banda barcelonesa paco te quiero hizo acto de aparición para dar cumplida cuenta de su reciente y energético álbum de debut que responde por hay un pez naranja en el suelo del metro (2026). El sexteto acreditó que consiguen dominar perfectamente el salto cualitativo y necesario para que esa melancolía dream pop y shoegaze que gobierna su grabación, se convierta en el riguroso directo en una auténtica catarsis de ruido y distorsión con capas de guitarras y sintetizadores, propias de los 90, para una plena satisfacción de los asistentes. Entre pasajes pop y explosiones puro noise obtuvimos, entre otras, «Cuando Despierto», «Lo Olvidarás», «600.000», o «te quiero te quiero. Oscar López
Ralphie Choo
Me acerqué al escenario Cupra con ese aire entre antropológico y levemente escéptico que uno adopta cuando sabe que va a presenciar un fenómeno antes que un concierto. Y un fenómeno es, efectivamente, lo que es Ralphie Choo. Entiendo perfectamente por qué ha conectado con el público joven de la manera en que lo ha hecho. La mezcla de rumba, flamenco, rap y performance tiene una lógica propia, una energía genuina y una capacidad para hacer bailar a una multitud que no está al alcance de cualquiera. El escenario Cupra lo corroboraba sin margen para la duda. Y sin embargo. Sigue sin entusiasmarme en directo de la manera en que quizás debería. Quizás sea un problema de perspectiva generacional, quizás de expectativas mal calibradas, quizás simplemente de que hay fenómenos que funcionan mejor observados que habitados. Lo que sí resulta difícil de justificar es la decisión de relegar a una superbanda —porque lo era— a la última parte del show, cuando ya el momento había pasado y la energía se había consumido en otra dirección. Una pena considerable, de esas que te acompañan de vuelta a casa. Rafa Piera
Water from Your Eyes
Inmediata bajada al Port para comprobar si lo escuchado online, escurridizo, libérrimo indie rock experimental se trasladaba bien al directo. La respuesta corta es que no. En vivo es mejor. Potentísimos, afilados y jaleados por una muy nutrida audiencia —diría que el escenario designado se les quedó pequeño—, el dueto formado por Nate Amos y Rachel Brown —aquí expandido a cuarteto— avasalló a propios y extraños en las catorce canciones interpretadas. Todo sonó anárquico, disonante. Hubo spoken word, muchísima electricidad estática —«Out There»—, letras ininteligibles, chulería —aupada por el admitido fumeteo—, duros, angulares riffs —atronadora «Life Signs»—, política y también un pie en la pista de baile —«Playing Classics»—. La mezcolanza y la puesta en escena, entre lo risible y lo solemne, no debería funcionar y es cierto que no siempre se sabe hacia dónde van los temas. Pero eso tiene algo de excitante, de aventura. Un bendito, abisal caos de un grupo con mucho que decir… Raül Jiménez
The Cure
Tras lo ocurrido el día anterior (reiteradas suspensiones por motivos climatológicos), todo el mundo era consciente que The Cure era la gran esperanza para relanzar el festival y volver a poner todo en su sitio. De ahí que el lleno en “mordor” fuera de los que hace época y estuviéramos incluso más apretados que de costumbre, que ya es decir. Pero para Robert y los suyos eso es una tarea sencilla. En cuanto ponen la maquinaria en marcha y se lanzan a devorar casi treinta temas de forma continuada y precisa con caras b, hits, rarezas, … durante más de dos horas y media de concierto (el pesar es que se quedaron lejos de las más de tres horas de su rutilante aparición del 2012), que no está nada mal para encontrarnos en un festival en el que prima la condensación. La apertura, previsible, «Alone», perteneciente a su último trabajo. «Pictures of You» y la clásica «A Night Like This», a continuación, nos permitieron ratificar fehacientemente que la cuestión se desarrollaba por el camino previsto y adecuado. Por cierto, vaya voz tiene todavía Robert a sus 67 años. Se agradeció la pronta aparición de una de las rarezas, «2 Late», ya que sirvió para descolocar, momentáneamente, al gran público no acreditado como fan integrista de la banda que se había arrogado, como si no hubiera un mañana, en la habitual función Karaoke. Ese control de daños se mantuvo cuando hicieron la primera visita al siempre injustamente denostado Bloodflowers con la interesante «The Last Day of Summer», la casi anónima «Alt.End» (la cual no interpretaban desde el 2018) o ese «Mint Car» que no escuchábamos en directo desde el 2016. Los habituales de la banda rebosaban de plena satisfacción. Pero tras esos guiños, no nos engañemos, hubo tiempo para todo. The Cure sabe perfectamente ponerse en modo “gustamos a todo el mundo” y solo hizo falta ir soltando «In Between Days», «Just Like Heaven», «The Walk», «Fascination Street» o «Play For Today» para seguir ascendiendo a esa categoría de conciertazo, a la que todos nos subimos ya de forma obligatoria cuando nos estamparon de forma continuada y sin capacidad de escapatoria «A Forest» y «From the Edge of Deep Green Sea». Para el que suscribe siempre han sido las dos mejores canciones de la banda. Con «Endsong» finalizó el concierto con un Robert visiblemente emocionado, al que se le escaparon un par de lagrimillas y todo. Pero faltaban los bises. Y fueron nada menos que diez temas, entre ellos, la extensa «Bloodflowers» o «Lullaby», pero también apareció donde la vertiente más agitada y alegre, siempre conveniente en un festival, con «Hot Hot Hot!!»!, «Close To Me», «Why Can’t I Be You?» y, evidentemente, «Friday I’m In Love». Entre cuestiones curiosas a comentar del espectacular y triunfal concierto. El cierre correspondió como es habitual a la entrañable «Boy’s Don’t Cry» (pero da la sensación que «Just Like Heaven» puede que esté ganándole la mano como canción emblema de la banda para las nuevas generaciones de seguidores). También destacable el debut del hijo de Simon Gallup, Eden, sustituyendo al malogrado Perry Bamonte. Y, por último, The Cure sigue insistiendo en hacernos extremadamente felices de todas las formas posibles, tal y como se encargó Robert Smith de anunciar en una entrevista a la BBC Six al día siguiente del concierto anunciando la próxima publicación de dos nuevos trabajos. El siguiente manifiesta que ya está terminado y enviado a Universal, que es muy oscuro y triste y que está relacionado con el anterior. El segundo tendrá más elementos pop, rock y mucha energía. Es evidente que podremos superar la espera, si mientras nos siguen ofreciendo estos espectaculares conciertos. Oscar López

SÁBADO 6 DE JUNIO
Bestia Bebé
Rock guitarrero, sin edulcorantes ni cortapisas, para arrancar la última jornada en el Fòrum en el escenario Occident. Los argentinos tienen un claro «modo Mujeres», evidente en temas como «Omar» o la muy coreable «Lo quiero mucho a ese muchacho». Pero diría que son más variados —no es difícil—, como demostraron en cortes más introspectivos, caso de «Algo que siempre te quise decir» con, por supuesto, el crepitante matiz de su extendido intermezzo noise. O en ese formato de canción que empieza «suave» para irse inflamando y acabar con el puño en alto, caso de «Si me voy no significa que te quiera menos» en la que se contó con la colaboración del ubicuo Diego Ibáñez de Carolina Durante —por cierto, su voz empasta muy bien con la de Tom Quintans— o la magnífica «El atrevido». Sin olvidar, por supuesto, ese himno porteño llamado «El rock and roll pasó de moda», la canción más apropiada para este Primavera Sound 2026… Raül Jiménez
Depresión Sonora
La frase de «al final todos somos pobres» de «Fumando en mi funeral» sirvió para dar inicio al muy buen concierto en formato quinteto de Depresión Sonora, donde no faltaron entre otras las reivindicaciones generacionales de «Mala», «Apocalipsis Puntual» o el anhelo de «Quiero ser artista». No faltó tampoco a la cita el último single publicado este mismo año, «Como será vivir en el campo», antes de un final con la rotunda «Ya no hay verano». Una entrega que dejó a los presentes con una sensación generalizada que habíamos acudido al escenario acertado y en la hora correcta, pero que se nos había quedado escaso. Por tanto, asumiremos las indicaciones expresas del propio Marcos Crespo y acudiremos sin demora a uno de sus conciertos para observar al completo la propuesta. Se nos ha creado una nueva necesidad. Oscar López
Grace Ives
La sombra de Lorde es alargada. Tan alargada que, durante el concierto de Grace Ives, no había sombra sino un reflejo casi completo: la influencia de la neozelandesa sobre la neoyorkina resultaba evidente hasta para el observador más distraído. Y sin embargo, lejos de incomodar, el parecido funcionaba. Hay peores referencias de las que beber. Presentaba Girlfriend, su disco más reciente, con un volumen aparentemente demencial, que conseguía exactamente lo que debe conseguir un buen concierto: levantarte la cabeza hacia el escenario y no soltarla. Pop melódico cargado de estribillos y personalidad, con ese quiebre amoroso y esa autoestima en proceso que recorre el disco de principio a fin. No fue el concierto de la revelación absoluta, pero sí el de alguien que merece seguimiento. De esos nombres que apuntas mentalmente y luego, tres años después, te alegras de haber estado ahí. Rafa Piera

The Sophs
El sexteto californiano mostró claramente que venían a pasárselo bien y a conseguir que el público disfrutara del concierto, mientras nos presentaban su álbum de debut, el mutante, fascinantemente extraño y totalmente absorbente Goldstar (2026). Y obtuvieron, más que sobradamente, todas las premisas. De inicio la vulnerabilidad atrevida y pasivo-agresiva de «The Dog Dies in the End», sirvió para dar paso a una sucesión de temas variados como el pop-punk «Death in The Family» o el delta blues, descarado y llamativo, que responde por «Sweetiepie». Tampoco faltaron a la cita la estupenda y alegre «Blitzed Again», la propia «Goldstar» que da título al trabajo, o ese inmenso final con la indudable conversión de la banda en una tierna reencarnación de The Strokes con «Sweat». Momento en el cual nos acabaron de confirmar que habíamos elegido adecuadamente una de esas alegres sorpresas que siempre nos depara el festival. Oscar López
Sudan Archives
ELLA. Apareció en escena y ya no existía nada más. Hay artistas que llenan un escenario y artistas que lo devoran. Brittney Parks, alias Sudan Archives, pertenece inequívocamente a la segunda categoría. Con un violín eléctrico de apariencia rarísima — en sus manos parecía más una ballesta que un instrumento — y un traje de malla con efectos de fuego y rayos, se plantó ante el público y se lo guisó y se lo comió. En ese orden. Las lentillas de color completaban una figura que oscilaba entre lo sobrenatural y lo irresistible. Ella sola. Sin red. Bucles, electrónica, violín y una presencia escénica que hacía innecesaria cualquier explicación adicional. «My type», del recién publicado The BPM, hizo lo que tienen que hacer las buenas canciones en directo: que quedarse quieto resulte biológicamente imposible. Uno de esos conciertos que te hacen entender por qué existe el Primavera Sound. Rafa Piera
Big Thief
El sábado se iba a pisar mucho el temible Mordor, pero con bandas como Big Thief el viacrucis se lleva con gusto. Atesoran un cancionero envidiable y en el Estrella Damm optaron por su faceta más americana y folk-rock, lo que equivale —al menos, a juicio de quien escribe— a lo mejor de su repertorio. De hecho, ahí podría residir la magia de los estadounidenses, en ese inusual equilibrio entre lo familiar y lo radicalmente genuino. Sonar clásicos sin resultar, ni por asomo, copias. Entre lo quebradizo pero certero. Entre la electricidad y el ruido controlado y la limpidez acústica. O en esa fragilidad que resulta inquebrantable en la voz y presencia de Adrianne Lenker. Cruzar la visceralidad con lo sencillo, acaso algo más directo en vivo. Lograr intimidad en un macrofestival. Digresiones aparte, su show fue como un grandes éxitos de incontestable factura y pegada, con joyas del calibre de «Double Infinity», «Shark Smile», «Simulation Swarm», «Not», «Vampire Empire» o «Change», con nuevos añadidos de enjundia como «Beautiful World» o «Incomprehensible». Vamos, inmenso de principio a fin. Raül Jiménez
Gelli Haha
La gran sorpresa del festival atendía al nombre de Gelli Haha. Y el nombre, hay que reconocerlo, ya avisaba de algo. Su concierto fue la fiesta de cumpleaños que toda persona queer, de espíritu pop, buena y divertida tendría que tener al menos una vez en la vida: colchonetas elásticas, confetti, burbujas de jabón, globos de delfines, coreografías sincronizadas. El Gelliverse — que así llama Angel Abaya a su universo — opera bajo la lógica de que cualquier cosa puede ser un juguete si juegas con ella. Y vaya si jugó. Pero quedarse en el espectáculo sería hacerle un flaco favor. Switcheroo (2025) es el disco que está devolviendo los colorines al pop — y en directo esas canciones crecen hasta dimensiones que el formato grabado no puede contener del todo. «Klouds Will Carry Me to Sleep» y «Normalize» confirmaron que detrás de toda esa fantasía hay canciones pop redondas, divertidas e irresistibles. Nos hizo amarla a todos los presentes con todas nuestras fuerzas. Y eso, en un festival de su tamaño, no es poca cosa. Rafa Piera

Little Simz
Vaya por delante que servidor tiene nulo conocimiento de rap y, al menos a priori, no es un estilo que a uno le motive. No obstante, la propuesta de la británico-nigeriana Simbiatu Abisola Abiola Ajikawo me resultó lo suficientemente dinámica y variada para atraparme. Y es que a «Simbi» el Revolut no la amedrentó en absoluto y, a excepción del tramo central, a mi juicio más anodino, en la que hizo de dj, saliendo victoriosa del envite. Contagiosa y bulliciosa, incansable en su búsqueda de conexión con la audiencia. Armada con una ingente paleta musical, en su caleidoscópica visión del rap cabe de todo: soul y jazz sedoso, grime, afrobeat, funk. Y deparando numerosos momentos a destacar, como el del trío conformado por «Young», «I Love You I Hate You» e «Introvert». El infeccioso groove de «Point and Kill». O la cadenciosidad de «Woman», rematada por el contraste entre los inmediatos versos y la fanfarria de «Gorilla». Game On, sin duda… Raül Jiménez
Rusowsky
Otro artista al que me acercaba por primera vez en directo. Y si hablamos del fenómeno Ralphie Choo, Rusowsky está en lo alto de la misma pirámide — o quizás en una propia, construida a su medida y con sus propias reglas. El escenario Cupra lleno hasta arriba lo certificaba sin margen para la duda. La puesta en escena es la ya habitual: melenas morenas para la banda y la rubia por delante. Todos vestidos con gigantescas gafas de sol, rodeados de visuales estrambóticas y acompañados por ese sonido de perreo triste que hizo bailar a toda la generación Z congregada frente al escenario. Entre memes de gorilas y reels de gatitos, Rusowsky se da su tiempo para cantar baladas e ir intercalándolas con canciones más movidas. El problema, o quizás simplemente mi problema, es que tanto caos encima del escenario acababa desconcentrando. Las canciones de Daisy me atrapan —esas sí— pero en directo la propuesta se dispersa en todas direcciones a la vez y algo se pierde por el camino. Dos días consecutivos, dos fenómenos generacionales, dos veces sin terminar de conectar del todo. Quiero pensar que el problema soy yo. Aunque cada vez me cuesta más creerlo. Rafa Piera
My Bloody Valentine
Nos conformamos con poco. Tan solo hizo falta la combinación inicial de ese brutal muro de sonido habitual con la melodía etérea que atesora «i only said» y la posterior intensidad arrolladora de «when you sleep» abriendo la tercera presencia de My Bloody Valentine en el Primavera (tras la gran gira de reunión del año 2009 y la posterior presencia en el lejano 2013 cuando publicaron su álbum de regreso, m b v), para que en ese mismo momento los escasos irredentos no creyentes que pudieran estar presentes perdieran toda esperanza. Todos quedaron convertidos y, por extensión, convencidos de que estaban en el momento y en el lugar correcto tras muchos años de espera. En un silencio bastante respetuoso y sepulcral por parte del público, para lo que suele ser el PS, y con Kevin Shields y Bilinda Butcher hieráticos en sus puestos y sin necesidad de interacción alguna, aparecían temas de toda su trayectoria, como la dulzona “«new You», «thorn», «slow» o la increíble batería atronadora y ese bajo propulsor que gobiernan con mano férrea «You Never Should». Pero la obra maestra Loveless, el altar debidamente venerado donde reside imperturbable el shoegaze desde 1991, es primordial. Y quedó debidamente demostrado con las pertinentes, necesarias e inevitables recaídas a lo largo del concierto, como con la soberbia y abrasadora «only shallow», la encantadora experiencia rave trascendental que supone «soon» o «to here knows when». Por poner una simple pega, aunque minúscula, dejar la debida constancia que me escatimaron «Sometimes», pero al menos concedieron un momento de gloria a la difícil rareza psicodélica, cambiante y compleja que supone «Wonder 2». Al álbum de debut Isn’t Anything solo volveríamos en una ocasión más, hacia el final, con la abrumadora «Feed Me With Your Kiss», antes de ese icónico cierre con la emblemática «you made me realise» con su tradicional y particular “holocausto” acústico, interrumpiendo el tema para clavar un único acorde distorsionado, hipnótico, ensordecedor y estridente a máximo volumen durante varios minutos antes de concluir el tema. Un clásico en el proceder de la banda. Un concierto esperado y necesario, con un material que sigue sintiéndose ágil y rebosante de energía, donde no faltaron los clásicos ineludibles y que permitió a todos los presentes (fans acérrimos, simples seguidores, recién llegados o incluso esas almas errantes que pueblan habitualmente el festival sin objetivo alguno en la vida), sentir nuevamente la intensa llamada de esa casi religión que responde por shoegaze y que lleva casi 40 años atrapándonos sin remedio, ni escapatoria. Oscar López

The XX
The XX fueron la clara expresión de que menos es más. Romy, Jamie y Oliver llevan unos años de parón como banda —tiempo que cada uno ha aprovechado para construir un universo propio en solitario— y su vuelta a los escenarios estaba siendo, ya antes del Primavera, un auténtico regalo. A priori uno puede pensar que su propuesta íntima y contenida no cuajará delante de tanto público. Pero estaba medido al milímetro: puesta en escena elegantísima, voces, proyecciones, edición de vídeo jugando con ellos, la cruz que los corona — todo al servicio de un sonidazo que atrapó desde el minuto cero, que es precisamente cuando sonó «Crystalised». El trío de Londres tiró de su lenguaje íntimo y emocional en un concierto totalmente inmersivo, con una primera parte más tranquila y una segunda mucho más bailable. Y en esa segunda parte llegó lo más hermoso de la noche: un bloque de canciones de sus proyectos en solitario encadenadas una tras otra, donde cada uno brillaba por separado antes de volver a fundirse en el todo. «Loud Places» y «Wanna» y «Treat Each Other Right» de Jamie, «Enjoy Your Life» de Romy, «GMT» de Oliver. Momentos en los que el público, lejos de desconectar, prestaba más atención que nunca. The XX son ya unas auténticas estrellas del pop. Y esa noche lo demostraron sin aspavientos, sin artificios innecesarios. Solo con lo que siempre han sido. Un concierto de 10. Rafa Piera
Gorillaz
The Mountain me ha hecho algo que no es fácil: volver a escuchar un disco entero de Gorillaz. No solo rescatar los singles excelentes de sus otros trabajos — que los hay, y muchos — sino sentarme con el álbum de principio a fin. The Mountain es fruto de un viaje espiritual a la India después de que tanto Albarn como Hewlett perdieran miembros cercanos de su familia. Y eso se nota. Es un disco con peso específico. El problema es que el concierto, a pesar de llevar una buena banda y unos visuales impresionantes, resultó aburrido. Unos Gorillaz más pausados y menos orientados al subidón colectivo al que nos tenían acostumbrados las últimas giras. Damon apareció algo disperso, con una voz ya claramente limitada, y con un look que oscilaba entre el Che Guevara y el oceanógrafo Steve Zissou de Life Aquatic —esa versión de Bill Murray que parece perdida en alta mar pero de manera bastante deliberada. Todo sube con «Clint Eastwood», con la que puso del revés el Parc del Fòrum— ahí sí, Mordor hasta los topes, respondió como se esperaba. Pero un final brillante no siempre redime el camino hasta llegar. Un festival, eso sí, que cierra con 287.000 asistentes y la sensación de haber presenciado algo más que una suma de conciertos. La tormenta del jueves incluida. Rafa Piera
