Ha sido una semana de lo más intensa, que resumimos a continuación en la crónica la crónica de nuestro devenir por el Primavera Sound 2024. Más de treinta conciertos reseñados, con el añadido de un par del Primavera a la Ciutat previo, en una edición de lo más diversa e interesante.

MARTES 28 DE MAYO

The Mountain Goats
Para quien escribe, los conciertos del Primavera a la Ciutat contenían un bonus track imperdible, cita obligada en La Nau largamente esperada —por fin poder verlos en directo—. Honrando una carrera de más de treinta años, el cuarteto de rumiantes estuvo soberbio, picoteando en su dilatada discografía —apenas tres incursiones en su último trabajo, el estupendo Jenny from Thebes—, brindándonos un tastet de las múltiples facetas del grupo. Las canciones marca de la casa, calmadas, elegantes, como «Cotton» o «Water Tower», pero que pueden acabar henchidas y aceleradas, caso de «Lovecraft in Brooklyn» o «Fresh Tattoo». Piezas más enrevesadas, donde la sensibilidad narrativa de John Darnielle tiene espacio para brillar, igual que los talentos del multiinstrumentista Matt Douglas, como «Lizard Suit» y «Stabbed to Death Outside San Juan» —ese atmosférico saxo fronterizo—. Los píldorazos indie-rock de «Make You Suffer» o «Murder at the 18th St. Garage». Y el memorable final con los himnos, hechos para dejarse voz —y alma— que son «No children» y «This Year». Inmejorable arranque del Primavera. Raül Jiménez

Yo La Tengo
En esta edición hemos podido disfrutar de Yo La Tengo en versión doble. Por un lado con el excepcional y pintoresco concierto que se marcaron en la Sala Apolo en los días previos al festival, en el ámbito del Primavera en la Ciudad, con un concierto de casi dos horas centrado únicamente en versiones y, posteriormente en el propio Primavera Sound, ya en su formato más consuetudinario habitual. Es indudable que cuando se anuncia que se va a producir un concierto de Yo La Tengo donde única y exclusivamente se van a tocar covers (o versiones como se prefiera), cuando es palmario que nos encontramos ante la banda más prodiga y mejor en ese noble arte (con permiso de Miley Cyrus), es que debes hacer todo lo posible para no perdértelo. Y eso provocó una Sala Apolo repleta hasta reventar para poder disfrutar de este peculiar concierto que se inició rotundo con «Halloween» (The Dream Syndicate) y «I Can’t Explain» (The Who). Por no reseñar todas, citar que no faltaron a la cita «Love Minus Zero/ No limit» de Bob Dylan, la doble aparición de The Velvet Underground con las maravillosas «Sunday Morning» y «Heroin», la contundente «Nervous Breakdown» (Black Flag), ni los queridos The Only One y Neil Young & Crazy Horses con «The Whole of the Law» y «Don’t Cry No Tears», respectivamente. Pero especialmente es necesario destacar dos de los covers interpretados, «He’s a Whore» de Cheap Trick dedicado a Steve Albini por lo emocionante del mismo y «Surfin with the Shah» de Urinals. No podemos cerrar la crónica de este divertimento y, a su vez, interesante propuesta ofrecida por la casi mejor banda del mundo, sin dejar la debida constancia que no tocaron «Friday I’m In Love» de The Cure, motivo que sin duda alguna molestó en gran manera a muchos de los asistentes. Pero a pesar de ello estuvo muy bien. Oscar López

JUEVES 30 DE MAYO

Cómo vivir en el Campo 
Diez años han debido transcurrir hasta que el trio formado en Madrid ha podido desembarcar en el Primavera Sound para mostrar su pop luminoso, oscuro y ambiguo, que maneja el noise pop igual de bien que ese sonido californiano tan característico de finales de los 60. CVEEC es de esas bandas que obligatoriamente se deben ver en el riguroso directo, lugar donde muestran una intensidad que provoca siempre, sin miedo al error, el goce y disfrute de los asistentes.  Y dicha premisa no se desvirtuó en absoluto en este concierto a primera hora en el primer día del Primavera Sound en el escenario Cupra. Asistimos a un muy buen concierto donde «Starry Belle» de salida, «Refugio» y «Costilla», esta última a la voz solista de la habitual Begoña Casado, la cual también participa en los propios discos de la banda, y, «Algo Que Nos Haga Felices» nos llevaban en volandas hasta el espléndido y perfecto final del concierto que se nos auguraba. Un final en todo lo alto con «La Partida», nuevamente con la participación de Begoña Casado, y, especialmente con lo que ya pueden considerarse sendos auténticos clásicos como «Perdido» y, la más que magnifica «El Grande» la cual en directo aumenta exponencialmente su grandeza (valga la redundancia) que sirvieron, como no podía ser de otro modo, a entregar un estupendo colofón a éste concierto inicial. Oscar López

Cómo vivir en el campo. Foto: Raül Jiménez

Voxtrot 
Una de las premisas cuando se produce el pistoletazo de salida en el primer día de festival es la comprobación empírica que las elecciones realizadas sobre el papel, en los días previos, han sido las correctas. Y, en este caso concreto parece evidente que se ha producido un acierto si uno de los primeros conciertos que puedes presenciar, a primera hora de la tarde, son estos peculiares tejanos que debutaron en un ya lejano 2005 con aquel ep Raised by Wolves ensalzado por público y crítica (incluyendo una excelente calificación de lo que por aquel entonces se consideraba la biblia sagrada de la corriente indie) y, que además son ciertamente caros de ver ya que llevaban más de 16 años sin aparecer por el viejo continente como se encargó de recordarnos en dos ocasiones su cantante Ramesh Srivastava. Y el concierto cumplió las expectativas con creces. Canciones recientes como «Another Fire» o «My Peace» lanzadas este mismo año 2024, que se fueron alternando con alguna que otra rareza como ese perfecto «Berlin Without Return» o la resolutiva «Kid Gloves». Pero lo más importante es que pudimos escuchar en directo la recuperación casi en su integridad de aquel ep primigenio, circunstancia esta, que nos permitió recordar la entrañable «Long Haul», «The Star of Something» o la tremendamente pegadiza «Raised By Wolves» que daba título al propio ep, así como la efectiva, contundente e imposible de no tararear «Wrecking Force» que fue el perfecto cierre del concierto. Sonaron bien, convocaron suficiente público, nos enseñaron en unos 50 minutos que esas canciones centradas primordialmente en los diferentes conflictos que se generan por doquier suenan mucho más interesantes si musicalmente evocan una perfecta equidistancia entre ese indie pop rock de toda la vida,  que te lleva por momentos a recordar al mejor Morrisey, con algún que otro ramalazo a The Shins, introduciéndose momentos más smithsonianos, con unos leves aderezos a los momentos más iniciáticos de Belle And Sebastian, por citar solo unos cuantos referentes. Todo ello hizo sin duda disfrutar a todos los presentes, antes de retomar el camino hacia otros mundos, otros escenarios. Oscar López

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba
Una de las gracias del Primavera es la diversidad estilística, aunque a uno le supongan un reto —también hay tiempo de hacer de acompañante—. Pocos grupos más expansivos en ese sentido que estos sevillanos, entre Hawkind y Triana. Progresivo, psicodelia, hard rock envuelto en un inequívoco ascendiente andaluz… caben muchos palos en la paleta de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Arropados por una nutrida cantidad de fieles —imagino foráneos también muy descolocados—, el combo fue una máquina feroz, bien engrasada y vaciándose en Mordor, aunque ello provocase que la voz de Dandy Piranha patinase un par de veces —darlo todo y llegar a las notas más altas de temas como «Manguara» no es fácil—. No es propuesta sencilla, y tanto riff flamígero, baterías marmóreas, pasajes ahora galopantes luego lisérgicos, pueden indigestarse. No obstante, aún estando muy lejos de preferencias personales, aquí hay autenticidad, buen hacer y conexión con el público —esos rugidos al reconocer «Las Leyes de la Frontera» o ese incontestable blues-rock espacial llamado «Aliento de dragón»—. Raül Jiménez

Arab Strap
Por fin pudo, el que suscribe, saldar debidamente una de las tareas pendientes por cumplimentar desde hacía mucho tiempo: ver Arab Strap, en directo.  A pesar de la hora, quizás una soleada primera hora de la tarde en el escenario Cupra no era la más afortunada para la propuesta habitual de la banda escocesa, cabe decir que disfrutamos enormemente con la experiencia, por fin satisfecha. El concierto se centró mayoritariamente en la interpretación del más que correcto último trabajo publicado este mismo año, I’m totally fine with it 👍 don’t give a fuck anymore 👍. De inicio y, en el mismo riguroso orden que en ese reciente trabajo recepcionamos «Allatonceness», «Bliss» y «Sociometer Blues». Tras estas se produjo el obligatorio y ansiado repaso a discografía anterior que supuso dar cabida a la inefable «The Turning of Our Bones», la estupenda «Girls of Summer» o,  la esperada  y magnifica «The Sky  Retirer» que sirvieron para elevar muy adecuadamente el tono del concierto. La lenta y creciente «Turn off the Light» que también es el cierre del último trabajo, permitió dar por concluido un muy buen y escaso concierto que dejó a los asistentes con muchas ganas de una debida prolongación. Oscar López

Mannequin Pussy
De inicio, presumimos que se marcaron tres temas del reciente trabajo,  publicado hace escasos dos meses, ese I got Heaven que sinceramente merece ser escuchado y el cual fue interpretado casi en su totalidad en el desarrollo del concierto. Lo cual a priori no debería ser una mala noticia. El resto de los tres trabajos, con mucha menos repercusión general que esta última publicación, tuvieron una aparición menor y pareja en el desarrollo del concierto. El «presumimos» inicial se debió a que el concierto padeció un problema principal y relevante. El sonido fue horrible durante todo el concierto, sin que se produjera mejora alguna durante el desarrollo del mismo, salvo que se considere un avance que pase de ser horrible a simplemente lamentable. Esa lacra provocó la deserción de muchos de los asistentes y el resto aguantaron estoicamente por las ganas que había de observar en directo, especialmente la reciente y última entrega, a este cuarteto de Pennsylvania que alterna el punk rock más aguerrido con el indie o el power pop, hasta que el hardcore más académico vuelve para aparecer en escena. No faltaron a la cita los tan esperados «I don’t know You», «Loud Bark» o «Sometimes», ni lo que hubiera sido un perfecto final en otras circunstancias con temas destacados pertenecientes a trabajos anteriores como «Pigs is Pigs» o, esos momentos finales, con la plenamente indie «Emotional High» y, ese perfecto «Romantic», ambos del álbum homónimo de este último tema. Una oportunidad  lamentablemente perdida. Oscar López

Blonde Redhead
El escenario Cupra recibió a una de las bandas más emblemáticas del indie rock: Blonde Redhead. Con más de tres décadas de carrera, el trío conformado por Kazu Makino y los hermanos Amedeo y Simone Pace (qué inquietante es verlos juntos) sigue cautivando a sus seguidores con su inconfundible mezcla de dream pop, shoegaze y art rock. El atardecer y sus canciones hicieron del concierto una experiencia mágica y conmovedora. La banda no solo cumplió, sino que superó las expectativas, ofreciendo una actuación que quedará en la memoria de todos los asistentes. «23», «Misery Is a Butterfly», «Kiss Her Kiss Her» y «Snowman» hicieron que el público se transportara a un viaje sonoro lleno de melancolía y belleza. Qué placer verlos en directo. Rafa Piera

Blonde Redhead. Foto: Raül Jiménez

Amyl and The Sniffers 
En los escenarios principales comenzaron a ponerse las cosas interesantes con el show energético punk rock que promulgan y del cual hacen bandera los australianos Amyl and The Sniffers, los cuales no defraudaron en absoluto y se mantuvieron en esa línea habitual suya tan característica de ofrecer conciertos sin condescendencia alguna, sin hacer prisioneros. Alternaron casi por igual temas de esos dos únicos trabajos que han servido para lanzarlos a primera línea a nivel mundial. Pero como no podía ser de otra forma tampoco olvidaron ninguno de los dos singles recientemente publicados este mismo año, «Facts» y «U Should Not Be Doing That», siguiendo esa nueva moda o estela tan en boga de publicar singles de forma más continuada. Tanto el pistoletazo inicial, «Starfire 500», como el oportuno final «Some Mutts (Can’t Be Muzzled)», pertenecían al álbum de debut homónimo, mientras en el ínterin tuvimos opciones de recepcionar debidamente temas de los dos trabajos de la banda que fueron revisados con la debida alternancia y asiduidad como el tema punk casi académico «Got You», que ayudó a desperezar plenamente a los asistentes más parsimoniosos.  «Shake Ya», «Maggot»,  «Security» o «Capital» también aparecieron e hicieron el resto. Pero fue en ese final imparable cuando por fin los asistentes pudieron disfrutar de ese «Freaks to the Front» o la esperada «Hertz», hacer los oportunos pogos y comprobar como Amy Taylor y el resto de la banda se encuentran entre esos elegidos a los que obligatoriamente hay que ver en directo, siendo evidente que no puedes esperar a que te lo cuenten, ni a simplemente escuchar el disco. Tampoco importa en absoluto que no tengan material nuevo desde que los pudieras ver hace escasos dos años en el mismo escenario. Lo bueno no cansa. Oscar López

Vampire Weekend
Entramos en los «cabezones» de la jornada con los neoyorquinos Vampire Weekend. Aunque ya no sean los «niños mimados» del indie, siguen siendo uno de los grupos más aventureros del pop, como demuestra su interesantísimo último disco, Only God Was Above Us. Y en el escenario Estrella Damn, en inusual formato de septeto con tres guitarras y dos baterías, lo bordaron. Potentísimos de sonido, la cascada de hits resultó apabullante de principio a fin. Irresistibles joyas saltarinas del calibre de «White Sky», «Holiday», «A-Punk», «Cape Cod kwassa kwassa», «Campus». Novedades tan disfrutables como las enormes «Classical» y «Gen-X Cops», o las elegantísimas «Connect» y «Capricorn». Y canciones, que pese a la sombra del «empollonismo», logran ser tan frescas, ligeras y contagiosas como «Unbelievers», «Oxford Comma», «Harmony Hall», o «This Life». Funky, ritmos afropop, pianos neoclásicos, querencias barrocas, saxos febriles, falsetes, bailarines, arquitectura, Miró y Mondrian de fondo… Preciosismo, sutileza y efervescencia en una coctelera pop única. Conciertazo. Raül Jiménez

Beth Gibbons
El Primavera Sound 2024 tuvo el honor de recibir a Beth Gibbons y la presentación de su recién estrenado álbum debut, Lives Outgrown. La legendaria voz de Portishead ofreció un concierto que fue pura magia y emoción. Desde el momento en que apareció en el escenario, se creó una atmósfera que envolvió a la audiencia. La noche comenzó con «Tell Me Who You Are Today», una apertura perfecta que sumergió al público en un mar de melancolía y belleza sonora. La calidad del sonido era impecable; cada nota y cada susurro se escuchaban con una claridad cristalina, amplificando la emotividad de su voz inconfundible. A medida que el concierto avanzaba, recuperó canciones de su disco a medias junto a Rustin Man. «Burden of Life» y «Floating on a Moment» destacaron por sus arreglos minimalistas y la intensidad emocional que transmitían. El concierto alcanzó uno de sus puntos más altos con «Roads» de Portishead. La interpretación fue tan desgarradora como hermosa, con la voz de Gibbons flotando por encima de todos. Belleza extrema. Rafa Piera

Pulp
Y llegó el ansiado momento de acudir a esa ya mítica gira de reencuentro con Pulp que, sinceramente nos habían dejado un poco huérfanos durante demasiado tiempo, desde el 2011 en aquella su última visita en el propio Primavera Sound.  Si estamos en plan vorágine revival de bandas, estaremos de acuerdo en que esta es  precisamente una de las pocas que no podía, ni debía, negarse a una vuelta a los escenarios.  Careciendo de importancia la ausencia de nuevos temas que dicho sea de paso ni falta que nos hacen si se puede disfrutar de un setlist como el ofrecido. El concierto se inició de forma inmejorable: la silueta de Jarvis en lo alto de la escalera que cubría el centro del escenario con una luna gigantesca como fondo mientras cantaba «I Spy». Y sin todavía poder recuperarnos de la impresión, nos endosó «Disco 2000» con confeti incluido. Ya nos había ganado y el asunto no había hecho más que empezar. A continuación, «Mis Shapes» y la nostalgia de «Something Changed» (dedicada a Steve Albini y especialmente al que fuera bajista de la banda Steve Mackey) invadieron el escenario manteniendo el espectáculo por todo lo alto, entre las danzas, paseos, saltos, contoneos, bamboleos y poses varias de Jarvis que se alargaron durante toda la velada. Con posterioridad hubo tiempo para la psicodelia de «Weeds» o la oscuridad de «Weeds II ( the origin of the Species)», desembocando en la perfecta  y creciente «F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.» que aumentó en cuanto a contundencia con «This is Hardcore» (la sección de cuerdas la elevó sobremanera). «Do You Remember The First Time?» y «Babies» nos fueron conduciendo hacia un excelso final, con un Jarvis Cocker muy interactivo y juguetón, donde entre otras entregas nos concedió la plena satisfacción que provoca poder escuchar «Underwear», mientras hacía sufrir a unos pocos crédulos con un amago de marcharse sin tocar «Common People» preguntando si es que acaso se habían olvidado de algo. Para compensar la alargaron hasta la extenuación al ser el momento elegido para presentar a la banda. Cuando volvieron a reaparecer, esta vez sí por sorpresa, para interpretar «Razzmatazz», ya no había dudas al respecto, aunque pueda sonar a provocación se debe decir sin rubor alguno, que asistimos al mejor concierto del Primavera Sound. Es lo único que puedes decir, cuando al finalizar te dejan en tal estado de embriaguez y satisfacción que tan solo puedes decir: «quien era ese que ha tocado antes de Pulp…» Oscar López

Pulp. Foto: Eric Pàmies

VIERNES 31 DE MAYO

Aiko el Grupo
En esta edición del Primavera Sound había una línea argumental diría que evidente: la de las riot grrrls —eso sí, mira que no traer a Sleater-Kinney cuando además están de gira—. Mujeres escupiendo verdades —alguna impostora también, ya veréis— entre guitarrazos. Las primeras, venidas de Madrid vía Cantabria. Aiko el Grupo podrían ser el grupo más Elefant de la historia… subido de angst, sentido del humor y revoluciones. Y es imposible que no te caigan bien —o votas a Vox, da igual si el verde o el azul—. Actitud desprejuiciada, desparpajo del que no se puede impostar y sencillez/rotundidad punk-pop en temas de lo más coreables como «A mi ya me iba mal de antes», «Amigos para nunca (confía y te la lían)» o la estupenda versión de «Toro» de El Columpio Asesino. Se hacen querer… Raül Jiménez

Aiko el Grupo. Foto: Raül Jiménez

Guillem Gisbert
Para todos los asistentes era evidente que el concierto iba a suponer la escucha integra del primer disco en solitario de Guillem Gisbert, Balla la masurca!. Y dicha circunstancia efectivamente se produjo. Es de esos conciertos que ni cotizaba en las casas de apuestas acertar el setlist. La incógnita previa de si Guillem Gisbert atacaría algún tema más y si ello incluiría algún tema de los añorados Manel se resolvió en sentido negativo. Los únicos complementos a las 11 canciones que integran el álbum fueron dos versiones, la inicial «Tots a Casa Xiulen» («Anyone Can Whistle» de Stephen Sondheim) y, posteriormente «Prou de Plors» («Dry Your Eyes» de Neil Diamond), ambas ya habituales en los directos. Presenciamos un buen concierto, correcto sonido, suficiente público, una somera puesta en escena, canciones interesantes,… el único déficit que se le puede poner a la experiencia es que quizás un festival como el Primavera Sound no sea el lugar más idóneo para escuchar con todo detalle la totalidad de las canciones que integran ese trabajo. Pero sin lugar a dudas el público que no pudo asistir a la presentación previa en la Sala Apolo de hace unos días, por falta de capacidad, pudo saldar con la suficiente satisfacción esa cuenta pendiente. Oscar López

The Last Dinner Party
Tengo la impresión de que hace tan sólo unos años, un grupo como The Last Dinner Party no tendría cabida en el Primavera Sound, siendo más «reconocibles» en un FIB bien rebosante de expertos en balconing. Y es que su pop, recibido con algarabía por el nutrido público guiri del Cupra a uno le sonó a un pastiche que, en sus mejores momentos, puede asemejarse a Florence and the Machine o Marina and the Diamonds, en buena medida resultón gracias al empeño de Abigail Morris, su incansable y danzarina frontwoman. Pero en los peores, desgraciadamente, recordaron a Måneskin, o a una de las combinaciones más letales imaginables para un servidor: Abba + Queen. La teatralidad puede ser divertida —¿os acordáis de The Darkness?—, aún más en directo. En cambio, la ampulosidad innecesaria y vacua, o el tufo pomp rock son agotadores… Raül Jiménez

Yo la Tengo
De inicio «Ohm» es una perfecta declaración de intenciones. Es esa canción sencilla, creciente, con esos tres escasos acordes perfectos que la hacen repetitiva y pegadiza. La típica canción que has escuchado millones de veces pero que siempre te atrae por igual, es perfecta. En el desarrollo del concierto se pudo comprobar que existía álbum reciente que defender ya que hasta cuatro canciones tuvieron la debida cabida, pero ello tampoco fue demerito alguno, para el desarrollo del concierto, debido a que This Stupid World fue sin lugar a dudas uno de los mejores trabajos del ejercicio pasado.  De ahí que la sucesiva aparición de la contundente «Sinatra Drive Breakdown», la calidez y perfección que Georgia Hubley es capaz de impregnar a «Aselestine», el hit incontestable de «Fallout» y la propia canción homónima del álbum, son las que dieron ese punto diferencial, a veces necesario,  a este concierto en relación con los ofrecidos en giras de años anteriores. Tampoco faltaron tres auténticos clásicos insustituibles como «Autumn Sweater», «Stockholm Syndrome» a la voz de James McNew y la grandeza incontestable que atesora «Tom Courtenay». Una de las incógnitas de los conciertos de Yo La Tengo, es cual es la canción elegida para extenderla de forma interminable hasta la extenuación generando que Ira Kaplan pueda practicar el sublime arte de la distorsión y el desacople hasta que parezca que la guitarra tiene algo que confesar. Hace dos años en su última aparición en el Primavera Sound dicha suerte recayó en la espléndida «Pass the hatchet, I think I’m Goodkin» y, en el concierto que nos ocupa la elegida fue la no menos descomunal «Blue Line Singer», que durante más de 12 minutos fue además el tema que puso punto final a un pletórico concierto. Hemos visto, nuevamente, a la casi mejor banda del mundo. Oscar López

Yo La Tengo. Foto: Eric Pàmies

Troye Sivan
El Primavera Sound 2024 dio el pistoletazo de salida a las fiestas del Orgullo LGTBI con el concierto de Troye Sivan, quien ofreció un espectáculo lleno de color y vitalidad que lo coronó como popstar. A los cinco minutos, simuló hacerle una felación a uno de sus bailarines (¡señoras, qué bailarines!) con el micrófono. De ahí en adelante, todo fue hacia arriba, con un show sexualizado de nivel «maricón extremo». Bailó, hizo un montón de guiños a Madonna en sus coreografías y capturó la atención del público con su carisma y presencia en el escenario. Se llevó a la cama a Guitarricadelafuente y, entre los dos, cantaron «In My Room». Era lógico que cayeran mega éxitos como «My My My!», «Bloom» y también «Supernatural» (con una enlatada Ariana Grande). Todo fue un espectáculo de los grandes y, además, interactuó constantemente con la audiencia, agradeciendo a sus fans y compartiendo su alegría de estar en el Primavera Sound. No podía acabar de otra manera; «Rush» le ha cambiado la vida y es consciente de ello. Qué alegría ver un concierto donde expresa todo lo que un artista quiere. Rafa Piera

Faye Webster
Uno no tiene muy claro que su vaporosa propuesta encajase demasiado con el escenario —¿no sería mejor en un Auditori?— o los rivales de franja horaria —la barahúnda sónica de los Badbadnotgood aparecía de tanto en tanto—, pero hay que alabar la voluntad de artista de Atlanta por no adaptarse al patrón festivalero. Presentando Underdressed at the Symphony, quinto disco ya pese a su juventud, Faye Webster nos ofreció una hora de country-soul añejo y pop ensoñador —«Thinking of You» parece salida del Sky Blue Sky de Wilco— en su versión más mullida y lánguida. Tanto reposo y sutileza podría haber inducido al sopor. Pero Webster, acompañada de una banda de lo más sólida y envolvente, salió airosa. Además, sigue teniendo ese algo inasible y evocador gracias al maridaje perfecto entre la guitarra pedal steel y su voz. Raül Jiménez

Lana del Rey
Sin lugar a dudas, era el concierto más esperado del festival. Sus fans, desde las 7 de la mañana, empezaron a juntarse delante de las puertas del Fórum para poder conseguir las mejores posiciones. Aunque se nos hizo esperar casi media hora, el concierto de Lana del Rey deslumbró a todos con su elegancia y su inconfundible estilo. Nos invitó al jardín decadente de su casa residencial en el mismísimo Suburbia, y una vez allí hizo la magia. Desde el inicio con «Without You», Lana cautivó al público con su voz melancólica y su presencia magnética en el escenario. Se hizo acompañar por unas bailarinas que revoloteaban como mariposas todo el rato, haciendo todo más frágil. «West Coast», «Summertime Sadness», «Ride», «Born to Die», «Chemtrails Over the Country Club», «Norman Fucking Rockwell» y «Video Games», todos temazos, ni una mala. La emotividad se podía palpar cada vez que las pantallas enfocaban al público. Lana interactuó con el público, agradeciendo a sus fans por su apoyo y compartiendo su alegría de estar en el festival, haciéndose fotos con ellos. Su actuación fue una mezcla perfecta de nostalgia y modernidad, reafirmando su estatus como una de las artistas más influyentes de su generación. Y quien no vea esto, no tiene alma. Rafa Piera

Lana del Rey. Foto: Sharon López

The National
La expectativa era la de premio de consolación tras perdérmelos en el Razzmatazz —duele especialmente ya que fue error de la organización, no propio—. Sin embargo, la fiereza con la que la banda y, especialmente Matt Berninger, arrancaron el concierto con «Sea of Love» y «Eucalyptus», cambió radicalmente la perspectiva del mismo. Con un repertorio basado en sus grandes éxitos y su lado más urgente, los de Ohio obviaron tanto su más reciente doble entrega —aunque «Smoke Detector» y «Space Invader» brillaron especialmente— como su cara más delicada —exceptuando las emocionantes «I Need My Girl», «Light Years» y «About Today», que cerró el concierto—. A cambio, tomaron por asalto el escenario Santander, propulsado por un Matt desbocado, a años luz del frontman apocado visto en 2022, e imagino pesadillesco para roadies y seguridad con sus repetidas fugas hacia el público. Sé que ahora la moda es atizarles, pero en un día de estatismo y divas harto consentidas, bien están un par de horas de clase, energía y épica indierock. «Raise our heavenly glasses to the heavens…» Raül Jiménez

SÁBADO 1 DE JUNIO

The Lemon Twigs
Una tempranera hora de soleada felicidad jangle y powerpopera antes de la tormenta por llegar. Ese es el resumen del concierto de The Lemon Twigs, una dichosa experiencia retro que concitó a una audiencia de lo más nutrida, y de la que apuesto nadie salió decepcionado. Al contrario. Porque, ampliados a cuarteto, los hermanos Brian y Michael D’Addario —absurdo que no tengan ni 30 años— bordaron un directo que se antojaba el último escollo antes de enarbolar la bandera de la rendición completa. No, no son un logradísimo producto de estudio capaces de recrear las mejores esencias del pop sixties. Todo es de verdad. Las armonías vocales. El repiqueteo de las guitarras. Los estribillazos. La sensación de banda divirtiéndose en el escenario y conectando con la audiencia. Y canciones que no desentonarían en el catálogo de, ahí es nada, los Byrds, Big Star o los Beach Boys, a los que incluso versionaron para cerrar el show. Las mejores vibraciones, sin duda. Raül Jiménez

The Lemon Twigs. Foto: Raül Jiménez

Slow Pulp
El concierto de Slow Pulp fue una gema escondida para los amantes del indie rock. La banda salió delante de su audiencia con actitud de disfrutar y lo contagió. Abrieron con la preciosa «Idaho», atrapando a todos en su sonido cálido y envolvente. Además, sacaron al escenario Plenitude un excelente sonido, destacaron cada matiz de las guitarras y la voz melódica de Emily Massey. El setlist incluyó una mezcla de canciones de su álbum debut y su último trabajo. Son como unos hijos bastardos de Bettie Serveert, y eso nos gusta. Uno de los momentos más memorables fue la interpretación de «Falling Apart», que resonó profundamente entre los asistentes. A seguirles la pista. Rafa Piera

Tronco
El concierto de Tronco en el Primavera Sound 2024 fue una muestra refrescante de creatividad y energía. El dúo formado por Conxita y Fermí es conocido por su estilo peculiar y sus letras ingeniosas. Nos regalaron «Hola, cómo estás», «Piropos», «No entiendo nada», «Pez en bicicleta», «Bichillo», «Bienaventurado desconocido» y «Abducida por formar pareja», repasando los diferentes discos publicados. Aprovecharon la ocasión para tocar canciones de Fermí, de su proyecto en solitario: «Un peu a cada banda» y «Pedaleando». A los pies del Mediterráneo, hicieron suya «El tranvía» del genial Julio Bustamante. Tronco demostró su capacidad para hacer reflexionar y divertir al mismo tiempo, dejando una sonrisa en todos los presentes. Rafa Piera

Water From Your Eyes
El concierto se centró básicamente en la puesta en escena de ese nuevo trabajo  publicado el pasado año Everyone’s Crushed, de excelente portada cabe destacar. De ahí que con el actual formato cuarteto, ese inicial dúo de Brooklyn, nos desentrañaran entre otras «Buy My Product», «Structure», «Out There» o ese perfecto «Barley». Las referencias a trabajos anteriores se centraron en «Quotations», «Track Five» o «Structure», debiendo hacer la oportuna reseña que tuvimos suerte y la ascendente, trotona y perfecta «Adeleine» se encontrara entre las elegidas por la banda. En el final volvimos nuevamente a este último trabajo con la perfecta «True Life» que junto con «14», dieron el oportuno e interesante final al concierto de una esas bandas que podemos calificar, sin rubor alguno, como una máquina perfecta generadora de contenido dramático en esa amalgama de estilos que nos llevan desde el más simple synth pop, al shoegaze y pop experimental más introspectivo. No debemos obviar que hace escasas fechas fueron los teloneros en el multitudinario concierto que Interpol dio en la plaza Zócalo de México, por tanto, pueden que se vayan acabando las opciones de observarlos en la cercanía más absoluta. Oscar López

Royel Otis
Nunca son suficientes. De hecho, en opinión de un servidor, cada vez aparecen más a cuentagotas. Pero siempre hay algún grupo aussie de guitarras al que hincarle el diente en el Primavera Sound. Royel Otis están muy lejos de Rolling Blackouts Coastal Fever o, huelga decir, The Chills. Sin embargo, los de Sydney tienen pegada, efervescencia y un puñado de temas infecciosos pese a su corta trayectoria —apenas cinco años—. Y es que pocas pegas —¿voces algo anodinas?, ¿cierta repetición?— se les puede poner a canciones, orbitando un espectro que va de The Drums a DIIV, tan imparables y festivas como «I Wanna Dance with You», «Adored», «Sofa Kings», «Oysters in My Pockets» o «Going Kokomo», arrojadas con premura y contundencia a un público tan numeroso como conocedor de los hits. Raül Jiménez

Royel Otis. Foto: Raül Jiménez

Lisabö 
La ya veterana banda de Irún volvieron a pisar los escenarios del Primavera cinco años después de su última aparición con el mismo objetivo que en aquel momento, que no es otro que la puesta en escena de su último trabajo. En el 2018 fue Eta Edertasunaren Lorratzetan Bilutzu Ginen (Y Estábamos Desnudos en las Flores de la Belleza) y, en esta ocasión esa denominada, por ellos mismos bilogía, se cerraba con la publicación de un reciente y flamante trabajo a finales del año 2023, con un título igual de llamativo Lorategi Izotuan Hezur Huts Bilakatu Arte (Hasta que se convirtió en un Hueso Desnudo en el Jardín Helado). La banda no mostró reparo alguno en exhibir ese post hardcore, repleto de una contundencia que te acerca con los primeros acordes a una catarsis inevitable entre banda y asistentes, amparada y sostenida por esa redundancia que predomina por doquier encima del escenario con la dualidad que proponen de  bajos, guitarras, baterías e incluso voces. Cabe decir que mantuvieron nuevamente en total integridad esa aura de banda mítica en el riguroso directo, que maravilla e impresiona a los que buscan algo más que un fácil estribillo en una canción. El muro sónico que generaron al más puro estilo Swans con fragmentos reiterados y repetitivos que parecían no tener fin mientras  notabas como te inducían a un trance emocional más que buscado te mantenía, en todo momento,  plenamente expectante. Es evidente que entras en el juego o abandonas, no hay términos medios, pero hay que reconocer que es un auténtico placer entrar en ese juego, de una banda que se prodiga poco en el más riguroso directo, así como en la publicación de nuevos trabajos, por tanto, merece la pena no desperdiciar oportunidades de verlos. Y más cuando es público y notorio que cuando se acude a un concierto de Lisabö éste será excelente. Los temas, centrándose especialmente en temas de su último trabajo, se fueron entrelazando en una continua y persistente sinfonía de ruido, siendo el pistoletazo de salida del concierto la ascendente con baterías predominantes «Urpekaritza baso Kiskalian». No faltó la gigante bandera palestina omnipresente en la pantalla tras el escenario durante todo el concierto, ni la específica referencia solidaria con el pueblo palestino al finalizar el mismo por parte de Javi Manterola al leer unos versos del poeta Mahmud Darwish, ni la sentida dedicatoria del concierto al recientemente fallecido Steve Albini. Oscar López

Crumb
El concierto de Crumb fue toda una sorpresa para el que suscribe. No los conocía y, desde entonces, han pasado a ser banda favorita. Su propuesta se postula entre el dream pop y la psicodelia. Desde el momento en que subieron al escenario, la banda creó una atmósfera hipnótica con sus sonidos etéreos y sus ritmos suaves. Abrieron con la canción que da título a su último trabajo, «AMAMA», sumergiendo al público en una marea de sonidos electrónicos y guitarras flotantes. La calidad del sonido fue impecable. La voz suave y seductora de Lila Ramani nos transportaba por paisajes oníricos. Sonaron gran parte de las canciones de su último disco y recuperaron joyas como «Ghostride» y «Part III». Se juntaron todos los astros para disfrutar del concierto: atardecer, sonido impoluto y guitarras combinadas con electrónica. Una maravilla. Rafa Piera

El Mato a un Policía Motorizado
La ya veterana banda argentina sabe manejar perfectamente los tempos en un concierto.   Conocen perfectamente que gustan a todo el mundo sin problema, por eso no hay impedimento alguno para que los asistentes disfruten en todo momento ya que siempre saben que tecla deben tocar. Disfrutas cuando optan por reproducir principalmente los temas de su último trabajo, Super Terror. Al igual que sigues disfrutando cuando intuyen que deben recurrir al pasado para que el público se vaya viniendo arriba con los viejos éxitos como «Más o Menos Bien», «El Tesoro», «Ahora Imagino Cosas» o «La Noche Eterna». Y sin igual de conocedores cuando es el momento de dar un final apoteósico para solaz del público, decidiendo acabar con un rock de lo más clásico, «Mi próximo Movimiento» que anime a todo el mundo a bailar. El público asistente fundamentalmente de mediana edad, el de solo vaqueros y camiseta, predominaba por doquier. Y restó acreditado que eran perfectos conocedores de la discografía de la banda, concediendo evidentes muestras de ello durante el desarrollo del concierto, así como mostraron sobradamente el goce y disfrute que les ocasionó el mismo. Oscar López

PJ Harvey
Tenía los elementos en contra. Los ambientales, empezando a llover nada más comenzar su actuación —aumentando exponencialmente el número y el nivel de pesados—. Y que uno no ha conseguido desentrañar I Inside the Old Year Dying, resultándome demasiado árido e impenetrable. Pero una cita con Polly Jean Harvey es siempre inexcusable. Ella es demasiado grande para perdérsela. En realidad, en el Santander tuvimos dos conciertos en uno. El primero, de ocho canciones, desgranando y resignificando —«Prayer at the Gate» y «I Inside the Old I Dying» se agigantaron en directo— el nuevo disco junto a tres de las imprescindibles del imperecedero Let England Shake. El segundo, una apoteosis colectiva de once rescates pretéritos del calibre de «Angelene», «Man-Size», «Black-Hearted Love», «50ft Queenie», «Dress», «The Desperate Kingdom of Love» —dedicada a Steve Albini—, además de los tres trallazos, más esperables, de To Bring You My Love. La sobriedad, el misterio y la teatralidad de la puesta en escena, realzada por la tormenta. La perfección de la banda. La delicadeza y la electricidad. La mística y la furia. No os dejéis engañar. El trono sigue siendo suyo. Raül Jiménez

PJ Harvey. Foto. Gisela Jane.

Bikini Kill
Aviso a navegantes: no se puede ser imparcial con quienes llevan más de treinta años de activismo social —feminismo, derechos reproductivos, LGTBI+.— mientras gritan con impetuosidad «Girls to the front». Cierto que los años pasan para todas, que a Toby Vail le justea la voz y la persistente lluvia no ayudó a que la gente se centrase en lo que tocaba. Pese a ello, el trío de Olympia se presentó en el Pull & Bear —ouch, esa sí duele— con ganas de demostrar porqué se las conoce como las reinas del barrio. Derrochando actitud punk —Kathleen Hanna llegó a decir que se estaba bebiendo el pis de PJ Harvey mientras tomaba zumo—, despacharon más de veinte canciones en apenas una hora. Un espídico y completo repaso a su discografía, con certeras andanadas «Statement of Vindication» o «Jigsaw Youth, himnos como «Double Dare Ya» —acta fundacional de las riot grrls—, «Suck My Left One» —denuncia explícita del abuso sexual intrafamiliar— o la esperadísima «Rebel Girl». Lo dicho, no se puede ser neutral con Bikini Kill. Hoy todavía menos, cuando nuevas revueltas son necesarias… Raül Jiménez

Romy
Romy llegaba al festival con uno de los debuts más importantes del pasado año, Mid Air, un disco que tiene todo lo importante en esta vida: melancolía y baile. Concentró a todos los maricones around the world y nos dio los subidones necesarios para hacernos bailar y, sobre todo, hacernos felices. Abrió con «Weightless», «Lifetime» y «The Sea», y durante esas tres canciones el volumen de los graves fue tal que se escuchaban en Badalona. Recuperó «Angels» de The XX, nos coló un trozo de «You’re Not Alone» de Olive y su nuevo single «Always Forever», que enlazó con «Loveher» y la celebradísima «Enjoy Your Life». Llegado a este punto de euforia, ya me había besado con todos los que tenía a mi alrededor. La traca final con «Lights Out» y «Strong», con una Romy emocionada, hizo de su concierto una de las joyas del festival, consolidando su posición como una de las artistas solistas más prometedoras de la actualidad. Sería necesario un concierto de Romy a la semana. Rafa Piera

Alcalá Norte 
Y al tercer día llegó el momento de acudir a presenciar el hype nacional del momento o, el petardazo del momento si nos ponemos algo más castizos, en el escenario Steve Albini.  Y los asistentes pudimos observar, con orgullo y satisfacción, que la banda rinde casi igual de bien en una sala entre pequeña y minúscula, Sala Vol hace escasamente una semana en la presentación oficial del álbum en Barcelona que se encontraba repleta hasta la extenuación, como en un escenario más grande y ante más público. Desgranaron el álbum homónimo en su integridad, de inicio «Los Chavales» o «420 N» fueron animando al personal, pero se observaba como la tensión crecía a medida que el concierto avanzaba y los temas más esperados no llegaban. Eso si se coreaban todas las canciones sin defecto alguno y, evidentemente, se produjo el estupendo final cuando por fin nos entregaron la perfecta «La Calle Elfo», las directas «Superman» y «Langemarck» y, especialmente «La Vida Cañón», que pusieron el perfecto final a uno de los conciertos más esperados entre la minoría nacional. Reseñar que vale la pena no perderse Alcalá Norte en directo en cualquiera de las múltiples oportunidades que tendremos de ello en fechas venideras y, que como no podía ser de otro modo se produjo el esperado pogo final generado por Rayuelo uno de los twitteros (sigue siendo twitter nos pongamos como nos pongamos) más activos con la banda que han servido para potenciar, sin duda alguna, esta hyperbole ante la que nos encontramos. Oscar López

Róisín Murphy 
Un servidor cerró el festival con el concierto de Róisín Murphy, todo un despliegue de carisma y energía que fue atrapando con cada canción al público. Conocida por su estilo único y su poderosa presencia escénica, Róisín ofreció un espectáculo que combinó música, moda y teatralidad (más contenida que otras veces, se agradece). Comenzó fuerte, recuperando a Moloko con «Pure Pleasure Seeker» y dejó patente, ella y su BANDA, que estábamos ante un gran concierto. La propuesta electrónica se plasmó orgánicamente y fue deliciosa; la voz distintiva de Róisín brillaba en cada canción. «Dear Miami», «Simulation», «Overpowered» o el contagioso «CooCool» fueron algunas de las canciones. Sumó de su anterior banda «The Time Is Now» y una versión muy Copacabana de «Sing It Back». Además, intentó acercarse a las primeras filas del público, pero lió un soberano caos de acoples que no pudo alargar. El concierto culminó con una espectacular versión de «Ramalama (Bang Bang)», dejando a los asistentes en un estado de euforia. Róisín Murphy demostró por qué es una de las artistas más dinámicas y cautivadoras de la escena actual, entregando una actuación que fue tan visualmente impactante como musicalmente impecable. Final feliz. Rafa Piera