Negro negrísimo. No entiendo porqué la por otro lado impecable edición de Reservoir Books comete el imperdonable error -único borrón a una presentación muy cuidada- de saludar a este libro como “una mezcla tragicómica teñida de ternura, risa y humor” en la contraportada. Cosas del marketing, supongo. Pero que flaco favor le hacen a una obra honesta, oscura, enrabietadamente desnuda, y tremendamente necesaria. Michael Stipe lo gritaba a los cuatro vientos en la furibunda Ignoreland: “Sé que esto es vitriolo […], pero me siento mejor habiendo gritado, ¿tú no?”. Espero que Juanjo Sáez sí.

Y es que Crisis (de Ansiedad) es un volumen -otro más- sobre la crisis, pero enfocado desde un prisma diferente y, sobre todo, especialmente valiente, ya que su autor se expone de una forma nada habitual. No hay sesudos análisis sobre el sistema, ni pretensiones didácticas o aleccionadoras. Solo un hombre, uno más, bien jodido por la escoria que nos maneja a su antojo, ese 1% sinvergüenza y malnacido que nos metió a todos nosotros, el 99%, en la crisis -corrijo, en su descarada estafa-, y ahora, una vez rescatado, intenta seguir exprimiéndonos a base de miedo y mentiras.

La novedad es que este hombre en particular, Sáez, ya no tiene ganas de seguir callado. Y su forma de expresar su profundo, intenso, y perfectamente comprensible, dolor es gritando, a través de sus ilustraciones y sus palabras. Bienvenido el cómic dispuesto a presentar batalla y dar testimonio, uno muy personal, de la barbarie y sinrazón de nuestros tiempos. Ya está bien de cinismo e ironía cutre y hedonismo pijo, hueco. No se puede vivir en una burbuja, al margen de la realidad, siempre. Por muy terrible, deprimente, que esa realidad sea.

Crisis (de Ansiedad) es como ver una buena película del gran Ken Loach. Detrás de los foros económicos internacionales, los desmanes de banqueros, empresarios y políticos sin escrúpulos, seguidos bien de cerca por sus lameculos profesionales y oportunistas varios -tenemos lo que tenemos porque la sociedad hace tiempo que deambula empujada por la inercia, desfigurada, zozobrante, desunida- hay historias personales de incómoda digestión. Historias reales. Juanjo Sáez recopila sus viñetas, siempre reconocibles, simples, espontáneas, donde el texto es frecuentemente tan o más importante que el dibujo -como el cine del propio Loach– en el diario Ara, en donde da cuenta del sinsentido político-económico de nuestros tiempos, a las que une su propio relato privado, familiar. Sus hijosdeputa visten sombrero, fuman puros y parecen gusanos. Pero los que sufren a esos onerosos gordos rancios y fascistas son personas de carne y hueso, como su padre.

La exposición es tan sencilla -domina el escrito sucio, entre borrones, directo, a borbotones- como sincera. No hay medias tintas o ganas de andarse con rodeos. Efectivamente, está exorcizando sus demonios personales. Pero no es un ejercicio de exhibicionismo. Haciéndonos partícipes de su desolador momento está poniendo nombre y apellidos a las miserias provocadas “por los de arriba”. Como las de tantos y tantos otros ciudadanos. Ahí reside la tremenda fuerza de este libro. No es solo el autor. Somos todos nosotros. A ver si lo entendemos de una vez.