El prolífico John Darnielle, líder de The Mountain Goats, vuelve a su faceta de escritor con Cosechadora universal, que nos trae Aristas Martínez. Una novela extraña, por momentos ominosa… y que, sin embargo, deviene una obra conmovedora sobre la pérdida. La de un videoclub que empieza a vislumbrar el imparable cambio de los tiempos. La de unos personajes varados en medio de ninguna parte, marcados por el dolor y la incomprensión ante unos hechos inexplicables. O la de una América olvidada, representada en esos solitarios campos de Iowa que tan bien conoce el autor —vivió siete años en distintas localidades del estado del «ojo de halcón»—. Al margen.   

Publicada originalmente en 2017, Cosechadora universal es la segunda novela en la carrera literaria de Darnielle, y tercera en aparecer en nuestro país tras Lobo en la camioneta blanca (Contra, 2015), a la que siguió La casa del diablo (Aristas Martínez, 2023). Podría decirse que es la más sencilla y directa de las tres… aunque conviene matizar bastante esta aseveración. Primero, porque uno no va a darse cuenta de ello hasta bien avanzada su lectura. Después, marca de la casa Darnielle, debido a que el envoltorio y, particularmente, el juego narrativo propuesto, embrolla considerablemente su desarrollo. Y, finalmente, y entrando en materia, porque la premisa y atmósfera de la novela es, por supuesto, inquietante.  

Cosechadora universal nos sitúa a finales de los años noventa en un pequeño pueblo de Iowa. Allí nos topamos con el joven Jeremy Heldt y su rutinaria existencia entre el videoclub donde trabaja y la vida doméstica junto a su padre —la madre murió en un accidente de coche—. No obstante, esa tranquilidad se ve trastocada cuando dos clientas aseguran que algo raro sucede en un par de VHS alquilados. Hay otras películas caseras, fragmentos de diversa duración, para ser más exactos, en ambas cintas. Imágenes perturbadoras cuyo origen, a medida que Jeremy se adentra en la investigación del asunto, además se revelan de lo más cercanas. 

¿Intrigados? John Darnielle sin duda ha dado con un planteamiento atractivo… con el que despistar al lector. Porque la búsqueda del autor/es de tan hipnóticas y espeluznantes escenas permite al artista de Bloomington, Indiana, llevarnos por muy distintos derroteros a los que semejante inicio pudiera sugerir. Sí, el misterio y los ambientes rozando lo malsano, Lynchianos, permanecen. Pero, sin destripes, surgen otras cuestiones, más «pegadas» a razones más mundanas. Relativas a personas dañadas por abandonos y desgracias inexplicables. Profundamente heridas, por tanto. Que harían cualquier cosa por recuperar a los seres perdidos. O, al menos, conservar su recuerdo.

A renglón seguido, Cosechadora universal es un sugerente y muy malicioso ejemplo de cómo se construye la ficción. Su narrador —¿o narradores?— omnisciente —¿seguro?— y, en principio, aséptico —¿ídem?— no es de fiar. Nos interpela y anuncia en diversas ocasiones que el relato es siempre un constructo que podría tomar diversos caminos. De hecho, Darnielle va más allá, y hace que su bifurcación de la historia tenga lugar en tres décadas diferentes, con sus consecuentes partes, a su vez troceadas en capítulos breves, que hacen avanzar la novela con presteza y agilidad —rasgos bien reflejados en la traducción de Javier Calvo—. 

Siempre en el Iowa rural, tras los anormales «hallazgos» de Jeremy en las películas alquiladas, en la segunda parte de Cosechadora universal, situada cronológicamente años antes, tenemos a una pareja y su hija. Viven con ciertas estrecheces económicas, pero éstas dejan de ser el problema principal cuando la mujer entra a formar parte de un sombrío culto religioso. Finalmente, tras la breve pero clave tercera parte, llega el desenlace, prácticamente coral y en una época contemporánea a la nuestra, en la que una familia hallará ciertas cintas en su recién estrenado hogar… Todas caras de una misma moneda, en la que el elemento desconcertante, estremecedor, en realidad —y quizás— no sea el leitmotiv de la obra.

Y es que, pese a la confusión y el suspense, diría que Cosechadora universal es, ante todo, una meditación inusual, repleta de situaciones angustiosas, acerca de una cotidianidad magullada por hechos insalvablemente dolorosos en un territorio remoto, en el que el aislamiento es tan geográfico como emocional. La apuesta de John Darnielle es arriesgada ya que, creo, sacrifica el potencial «de impacto» de su novela. Quedan cabos sueltos, motivaciones por entender —el personaje deSarah Jane, sobre todo—. Por tanto, puede frustrar a quien ansíe una trama claramente definida. Ahora bien, si disfrutáis de enigmas irresolubles, espacios abiertos para especular e imaginar, mientras se os introduce en una vívida y atmosférica historia, quedaréis atrapados por esta novela a cargo de un storyteller superlativo.