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Suzanne Vega, Teatro Fernán Gómez CCV, Madrid (12/06/2019)

Autor: | @adolf_ito

Dentro del ciclo Americana Music Madrid, la noche del pasado miércoles era la de Suzanne Vega. La cantante americana con orígenes hispanos volvía a Madrid por cuarta vez (si no me equivoco), en esta ocasión sin nuevo trabajo que presentar, pero con un songbook confeccionado a lo largo de 35 años que resulta impresionante. Aunque es una artista asociada al one-hit wonder Luka –y a veces recordada también por Tom’s Diner y por When Blood Makes Noise– demostró de nuevo que su repertorio es de una solidez impresionante.

En esta ocasión no venía sola. La compañía se reducía a Gerry Leonard, que cumplió de manera sobria y brillante, acompañando con su guitarra (y algunos coros y loops) a la voz y a la guitarra acústica de Suzanne Vega. Leonard, al que la gente recuerda especialmente por haber sido el guitarrista de Bowie en sus últimos años, es colaborador habitual de Vega y ha producido y compuesto a medias casi todos los temas de su último disco.

Ante un Fernán Gómez prácticamente lleno, Suzanne Vega empezó su actuación con el clásico Marlene On The Wall, poniéndose un sombrero de copa que, no sé por qué, me recordó vagamente a Madonna (tiene sólo un año menos que Madonna, pero mantiene una voz increíblemente juvenil). A continuación interpretó Luka, en la versión en español e inglés que publicó en los ochenta (qué horrible costumbre aquella de cantar las canciones traducidas, con un español que, en muchos casos, resultaba penoso –otra vez me acuerdo de Bowie y su tema Day In Day Out, traducido por Al Alba en una versión que debrían hacer desaparecer–). Nos recordó que una de sus abuelas hablaba español –era de Puerto Rico– y que aprendió muchas expresiones de ella.

Tras Luka vendría la estupenda Caramel, y después Gipsy. In Liverpool, uno de sus temas más bonitos, era la continuación perfecta ya que, como nos contó, en él relata la que podría haber sido continuación de la misma historia de amor de la que habla en Gipsy. Llegando ya a la parte central del concierto, cayeron varios temas más oscuros y un The Queen And The Soldier que no entiendo por qué suele formar parte fundamental de sus conciertos. Con Frank & Ava, del estupendo álbum Beauty & Crime, volvía a recuperar el ritmo, que se mantuvo alto con Left Of Center (tras una canción del musical que compuso sobre Carson McCullers) y alcanzó el clímax con Tom’s Diner, en la que Gerry Leonard hizo el papel de DNA a base de loops.

Uno de los momentos más sentidos de la noche fue cuando interpretó Horizon, canción dedicada a Václav Havel, al que conoció personalmente (Havel, escritor de ensayos y obras de teatro, participó en la Primavera de Praga y sufrió prisión durante años por su activismo. Cuando la República Checa recobró la libertad, Václav Havel fue su primer presidente).

Para la parte final, bises incluidos, de los que hubo doble ración, dejó la brillante When Blood Makes Noise y tres temas menores como Rosemary, Thin Man o Ironbound. Fueron noventa minutos de buenas canciones que el público, aunque no lo mostró en exceso durante el concierto, despidió emocionado con grandes aplausos y puesto en pie.

Fotos: Adolfo Añino

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