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Still Corners, Antiga Fàbrica Estrella Damm, Barcelona (26/05/2019)

Autor: | @stapeppis

Tras tres intentos fallidos, el domingo 26 por fin logré agendarme un concierto de Still Corners. El dúo londinense presentaba su cuarto y último disco, Slow Air (Wrecking Light, 2018), por segunda vez en nuestra ciudad tras un sorprendente sold-out el pasado noviembre y temía que su reciente traslado a Estados Unidos dificultase poderles ver en directo.

Precedidos por Weia y Kids From Mars, Tessa Murray (voz y sintes) y Greg Hughes (guitarra) salieron al escenario acompañados del batería Josh Halpern con el aire sobrio y discreto que les caracteriza. Con ‘Black Lagoon’, uno de los singles de Slow Air, abrieron un concierto que se caracterizó por la corrección, pero que fue mas bien plano y tedioso.

La sala no ayudó, todo hay que decirlo. Aunque con mayor capacidad que la sala pequeña de Razzmatazz, donde hicieron sold out meses atrás, la Antiga Fàbrica Estrella Damm no parecía el lugar más adecuado para abrazar las notas intimistas y ensoñadoras del dúo británico. La multitud de columnas, una iluminación poco lograda y unos visuales más bien insulsos (además de un público que invadía las primeras filas con sus teléfonos móviles) dificultaban adentrarse en un synthpop que—escuchado entre las cuatro paredes de casa o en plena calle con los cascos a todo volumen—siempre se me había antojado fácilmente envolvente. ‘Lost Boys’, por ejemplo, que es un hit indiscutible, sonó plano y falto de la sensorialidad y concupiscencia que emana escuchado en disco.

La segunda mitad del concierto fue algo mejor y la sugerente voz de Tessa Murray logró por fin distinguirse en temas más antiguos como ‘Cuckoo’ o ‘The Trip’, que lograron sacarme de una creciente indiferencia y transportarme por momentos a las atmósferas hipnóticas y ensoñadoras que me atrajeron a esta banda la primera vez que escuché su música hará unos cinco o seis años (¡en la peluquería!).

Una versión de ‘Still Life’ de The Horrors bastante lograda me ayudó a marcharme a casa con la sensación de no haber perdido el tiempo. Fue un concierto sin más, con algún acierto notable pero monótono y prescindible. Una lástima, teniendo en cuenta que Still Corners han llegado a su cuarto disco sin perder sus señas de identidad pero mostrando una continua evolución.

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